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<P>cuestión de la esencia real de la democracia. Según él, el ser óptico de la democracia consiste no en el hecho de que sea un régimen de mayorías, sino en que esta mayoría esté constituida por los desvalidos de la sociedad, por los pobres de la sociedad [...]. En Cuba, efectivamente, hay un proceso en marcha para establecer las bases sobre las cuales pueda florecer la democracia representativa que el gobierno revolucionario nunca ha objetado, desde el punto de vista de su esencia real [...]. La democracia cubana, la actual democracia cubana, no deriva, por supuesto, del ejercicio del sufragio. Pero ¿cómo podría derivar del sufragio si es producto de una revolución? Esto es lo que yo no he podido entender. Que no se comprenda que el orden político actual de Cuba es producto de una revolución, y no producto de unas elecciones, a menos que, y no puedo darle crédito a eso, los representantes de los gobiernos y pueblos latinoamericanos aquí reunidos le hayan puesto un hiato al proceso histórico eliminando las revoluciones, como si la mayor parte de nuestros gobiernos democráticos no fueran producto de violentas mutaciones. La mayor parte de las conquistas democráticas de nuestra América se han obtenido mediante movimientos revolucionarios» (Roa, 1986, 100). </P>

<P>El contenido de las transformaciones sociales, sus bases legitimadoras inquiere Roa enmarcarlo en la historia universal y su teoría política. Sus defensas a los criterios revolucionarios pueden situarse a partir de la permanente confrontación en la que se ve situada la Revolución Cubana. Son las circunstancias internas y externas las que lo llevan a considerar la política como conflicto en esta etapa de su vida. La concordancia de fuerzas que con sentido estratégico lo situaron en determinadas ocasiones ante alguna u otra organización, en este espacio de su vida cede su lugar a su pensamiento y muestra una aptitud beligerante ante todo aquello que comprometa el proceso llevado a cabo en Cuba a partir de 1959. Sus discursos son una constante evocación a los logros de la revolución y denuncia permanente a los atropellos que se cometen desde el exterior. Pero no abandona su idea suprema, presente en sus réplicas, de situar al lado de cada análisis político una indagación moral que lleve a quien escucha a comprender las disposiciones y acuerdos internacionales no como simples decretos de obligatorio cumplimiento, sino escritos que responden a un tiempo histórico y a una moral condicionada por el poder, la riqueza y la cultura, y las relaciones que estos criterios encierran. </P>

<P>Es, pues, Roa un hombre de su tiempo, y lo es en la medida en que transmite una filosofía política en la que su paradigma fundamental se sitúa en la búsqueda de la verdad; verdad política que alcanza relevancia si la situamos como criterio de acercamiento al hombre, y en específico al cubano o americano desde las condicionantes que ante sí le impone su génesis y evolución en el entramado de relaciones que configuran su ser. El encontrar formas propias de expresión de la convivencia halla resistencia desde las ya consensualmente establecidas. Es por ello que desde nuestra realidad se refiere a «la verdad [que] se ha retirado de la realidad y ha desamparado a los hombres, pero desde su ausencia les hace señas para que la busquen. No se puede volver al viejo fundamento ya quebrado, pero tampoco se dispone sin más de una nueva verdad. La verdad se hace presente como ausencia y reclamo, y hay que buscarla» (Poratti, 2006, 39). </P>

<P>Tal es el criterio esencial en la obra de este pensador. Hagamos como él. </P>

<P>Busquemos en lo nuestro, que es por propio auténtico. Es la mejor manera de recordar a Roa y bendecirlo por la obra que nos legó. </P>

<P>CONCLUSIONES </P>

<P>Acercarse a Roa, en cualquier tema que tenga que ver con su vida, es una tarea que la mayoría asumimos con agrado. Su personalidad tiene ese brillo propio que logra deslumbrar a cualquiera, sea o no un trabajador intelectual por ser una figura de la dimensión de hombres como Martí, Guevara o Fidel Castro, hombres que sobrepasaron los límites del intelecto para convertirse en lideres también de la acción. </P>

<P>Fue de esos pensadores que tuvieron el raro privilegio de poner en práctica lo que predicaron con tesón y salir airosos a la prueba de la Historia. Roa no pertenece al marco estrecho de una corriente, su obra tiene un caudal propio destinada a los pensadores de su época, estaba dotado de cubanía que es el factor que explica el acercamiento que tuvo su pensamiento a las capas más humildes de la sociedad. Fue su pensamiento profundo, multifacético, cultivado con vocación y el deleite, un agudo conocedor de la lengua española, lo que unido a su temperamento lo proyectan a ese rol protagónico que expresó como pocos lo hicieron, con ese sentimiento de ser cubano, inconforme, polémico y rebelde. Como sucede con todos, la época vivida modeló el intelecto de Roa, quien enfocó su ruta a la búsqueda incansable de la verdad. Fue una época convulsa la suya, plagada de sucesos desalentadores que no doblegaron su voluntad, fue capaz de arriesgar su vida por demostrar la justeza de su pensamiento. </P>

<P>Se demuestra la vinculación que existió entre el pensamiento martiano de Roa y su enriquecimiento por las ideas marxistas, coexistencia integral y armónica de estos conceptos que hicieron posible la proyección hacia la sociedad con razonamientos éticos y morales que balizaron el camino hacia una Revolución social verdadera. Pero el ideal no concluyó con el triunfo de la Revolución en 1959. Hombres como Roa no llegan nunca a coronar las cimas que se proponen. La nueva experiencia agregó el poder revolucionario que había que defender a toda costa en un nuevo teatro de operaciones, plagados esta vez de enemigos poderosos y doctrinas irreconciliables contra los que solo se podía oponer la fuerza de la moral y del verbo que nació del poder de la razón. </P>

<P>Fidel supo aquilatar su valor intelectual que ya conocía y lo lanzó al escenario de la polílica internacional donde Roa creó nuestra escuela, cuya onda expansiva aun hoy toma fuerza en el quehacer de la diplomacia cubana, una nueva escuela, irreverente al poder imperial. </P>

<P>NOTAS </P>

<P>1 Publicado en revista Política Internacional. Instituto Superior de Relaciones Internacionales “Raúl Roa García”, La Habana. Edición Semestral. No 9, Enero-Junio 2007, pp. 55-66 </P>

<P>2 Semejantes ideas aparecen en la obra de Roa Historia de las doctrinas sociales. Aunque este libro fue escrito con fines docentes al responder a la asignatura de igual nombre que Roa impartió en la década de los cuarenta en la Universidad de La Habana, está claro que expone una sistematización de su pensamiento y de su particular método de análisis. </P>

<P>REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS </P>

<P>Poratti, R. Armando. (2006). Teoría y práctica políticas en Platón, La filosofía política clásica, de la antigüedad al Renacimiento. Editorial de Ciencias Sociales: La Habana. </P>

<P>Roa García, Raúl. (1964). Soroche psiquico de Retorno a la alborada, tomo Il. Editora del Consejo Nacional de Universidades: Universidad Central de Las Villas. </P>

<P>Roa García, Raúl. (2001). Historia de Ias doctrinas sociales. Ediciones La Memoria: Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, La Habana. </P>

<P>Roa García, Raúl. (1959). En pie. Universidad Central de Las Villas. </P>

<P>Roa García, Raúl. (1986). Raúl Roa: Canciller de la Dignidad. Réplica al delegado de Estados Unidos. Editorial de Ciencias Sociales: La Habana. </P>
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