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ISSN 2707-7330
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RNPS: No. 2092
Vol. VIII, No. 4 (octubre-diciembre) | 2026
Cómo citar (APA, séptima edición): Rodríguez Rodríguez, J. E. (2026). Las relaciones transatlánticas en el segun-
do mandato de Trump. Contradicciones en la agenda de seguridad. Política Internacional, VIII (Nro. 4). https://doi.
org/10.5281/zenodo.22097826
https://doi.org/10.5281/zenodo.22097826
Esp. P. Justo Enrique Rodríguez Rodríguez
Licenciado en Relaciones Internacionales. Especialista de Posgrado en Servicio Exterior. Especialista del Ministerio de
Relaciones Exteriores, La Habana, Cuba. jerod24601@gmail.com 0009-0008-7010-8793
RECIBIDO: 6 DE MAYO DE 2026 APROBADO: 22 DE JULIO DE 2026 PUBLICADO: 19 DE OCTUBRE DE 2026
Las relaciones transatlánticas en el segundo mandato de Trump.
Contradicciones en la agenda de seguridad
Transatlantic relations during Trump's second term: Contradictions in the
security agenda
Relations transatlantiques durant le second mandat de Trump :
contradictions dans l'agenda sécuritaire
Relações transatlânticas no segundo mandato de Trump: Contradições na
agenda de segurança
RESUMEN Este artículo analiza las relaciones transatlánticas en materia de seguridad durante el segundo mandato
de Donald Trump (enero 2025-abril 2026). Mediante un análisis cualitativo basado en el estudio de tres
casos -el conflicto en Ucrania, la crisis de Groenlandia y la guerra contra Irán- el trabajo examina las
contradicciones emergentes en la cooperación entre Estados Unidos y sus aliados europeos en materia
de seguridad y defensa. Los hallazgos indican que, en una línea de continuidad con su primer mandato,
la proyección unilateralista del presidente de EE. UU. ha fragilizado sensiblemente la confianza mutua y
la cooperación con sus aliados europeos, prevaleciendo los intereses estadounidenses por encima de la
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concertación transatlántica. La respuesta europea se caracteriza por una fragmentación interna y una
subordinación estratégica frente a las presiones estadounidenses, aunque episodios como la crisis de
Groenlandia evidencian límites a esa aquiescencia. Las principales limitaciones del estudio derivan de
la contemporaneidad de los eventos analizados, lo que impone cautela en las conclusiones. Se concluye
que, si bien no se vislumbra una ruptura de la alianza, la acumulación de contradicciones podría reconfi-
gurar la arquitectura de seguridad euroatlántica, especialmente en el marco de la OTAN.
Palabras claves: Relaciones transatlánticas, OTAN, Donald Trump, Unión Europea, política exterior esta-
dounidense, unilateralismo.
ABSTRACT This article analyzes transatlantic security relations during Donald Trump's second term (January 2025–
April 2026). Through a qualitative analysis based on three case studies—the Russian-Ukrainian conflict,
the Greenland crisis, and the war against Iran—the paper examines emerging contradictions in cooperation
between the United States and its European allies on security and defense. The findings indicate that,
continuing from his first term, the US president's unilateralist approach has significantly weakened mutual
trust and cooperation with European allies, with US interests taking precedence over transatlantic coor-
dination. The European response is characterized by internal fragmentation and strategic subordination
to US pressure, although episodes such as the Greenland crisis demonstrate limits to this acquiescence.
The study's main limitations stem from the recent occurrence of the events analyzed, which necessitates
caution in drawing conclusions. It is concluded that, although a break-up of the alliance is not foreseen, the
accumulation of contradictions could reconfigure the Euro-Atlantic security architecture, especially within
the framework of NATO.
Keywords: Transatlantic relations, NATO, Donald Trump, European Union, US foreign policy, unilateralism.
RÉSUMÉ Cet article analyse les relations de sécurité transatlantiques durant le second mandat de Donald Trump
(janvier 2025 – avril 2026). À travers une analyse qualitative fondée sur trois études de cas – le conflit rus-
so-ukrainien, la crise du Groenland et la guerre contre l'Iran – il examine les contradictions émergentes dans
la coopération entre les États-Unis et leurs alliés européens en matière de sécurité et de défense. Les résul-
tats indiquent que, dans la continuité de son premier mandat, l'approche unilatérale du président américain
a considérablement aaibli la confiance et la coopération mutuelles avec les alliés européens, les intérêts
américains primant sur la coordination transatlantique. La réponse européenne se caractérise par une frag-
mentation interne et une subordination stratégique aux pressions américaines, même si des épisodes tels
que la crise du Groenland démontrent les limites de cette soumission. La principale limite de l'étude tient
à la récente survenue des événements analysés, ce qui impose la prudence dans les conclusions. En con-
clusion, bien qu'une rupture de l'alliance ne soit pas envisagée, l'accumulation de contradictions pourrait
reconfigurer l'architecture de sécurité euro-atlantique, notamment au sein de l'OTAN.
Mots-clés : Relations transatlantiques, OTAN, Donald Trump, Union européenne, politique étrangère amé-
ricaine, unilatéralisme.
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RESUMO Este artigo analisa as relações de segurança transatlânticas durante o segundo mandato de Donald Trump
(janeiro de 2025 a abril de 2026). Por meio de uma análise qualitativa baseada em três estudos de caso — o
conflito russo-ucraniano, a crise da Groenlândia e a guerra contra o Irã — o artigo examina as contradições
emergentes na cooperação entre os Estados Unidos e seus aliados europeus em matéria de segurança e
defesa. Os resultados indicam que, dando continuidade à sua abordagem unilateralista, iniciada em seu
primeiro mandato, o presidente americano enfraqueceu significativamente a confiança mútua e a cooper-
ação com os aliados europeus, com os interesses dos EUA prevalecendo sobre a coordenação transatlân-
tica. A resposta europeia é caracterizada por fragmentação interna e subordinação estratégica à pressão
americana, embora episódios como a crise da Groenlândia demonstrem os limites dessa aquiescência.
As principais limitações do estudo decorrem da ocorrência recente dos eventos analisados, o que exige
cautela na elaboração de conclusões. Conclui-se que, embora não se preveja uma ruptura da aliança, o
acúmulo de contradições pode reconfigurar a arquitetura de segurança euro-atlântica, especialmente no
âmbito da OTAN.
Palavras-chave: Relações transatlânticas, OTAN, Donald Trump, União Europeia, política externa dos EUA,
unilateralismo.
INTRODUCCIÓN
El entramado de vínculos económicos, políticos,
militares y de seguridad que se establecieron entre
los países europeos occidentales y Estados Unidos
de América (EE. UU.) al final de la Segunda Guerra
Mundial, fueron consolidándose —con períodos de
altas y bajas— durante la Guerra Fría, hasta alcan-
zar un nivel de desarrollo que permite catalogarlos
como la asociación estratégica transatlántica que
conocemos en la actualidad.
Las bases mismas de la relación transatlántica
se construyeron en un contexto de una marcada
disparidad en términos de poder y una profunda
dependencia europea. En el marco de la Guerra
Fría, el enfrentamiento político, militar e ideológi-
co contra la Unión de Repúblicas Socialistas So-
viéticas (URSS) constituyó el soporte fundamental
de la asociación. Luego, tras el colapso del bloque
soviético, la asociación transatlántica evolucionó
durante los 90 al ritmo de las condicionantes in-
ternacionales y la institucionalización de la Unión
Europea (UE), para constituirse en una relación
más estructurada, equilibrada e interdependiente,
en la que EE. UU. se ha mantenido como polo pre-
dominante.
El desarrollo histórico de las relaciones transatlán-
ticas, contrario a una percepción bastante exten-
dida y errónea, no ha estado exento de etapas de
contradicciones y retrocesos profundos. Por solo
hacer referencia a un período, el ciclo que va desde
la Posguerra Fría (90) hasta el año 2008 concluye
con un sensible desgaste de la confianza entre am-
bos lados del Atlántico y un deterioro significativo
del diálogo bilateral, como consecuencia de la pre-
sidencia de George W. Bush.
Los antecedentes permiten asegurar que las rela-
ciones transatlánticas se caracterizan por una lógi-
ca relativamente estable desde sus orígenes hasta
la actualidad: el predominio de la convergencia de
intereses frente a los alternativos desencuentros,
solventados mediante el diálogo, el tránsito hacia
nuevos esquemas de cooperación y el reacomodo a
nuevos escenarios internacionales. En diversas eta-
pas, las diferencias, ni por su naturaleza ni por su
intensidad, han alcanzado magnitudes que compro-
metieran su predominante condición de aliados y
que no hayan podido solventarse (Rodríguez, 2014).
Una tendencia histórica también ha sido el reaco-
modo —e incluso subordinación en algunos perío-
dos — de las posiciones europeas ante los intereses
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estadounidenses cuando estos han sido contradic-
torios, como expresión de la latente disparidad y la
asimetría de la asociación, especialmente en térmi-
nos militares.
El primer mandato del presidente estadounidense
Donald Trump coincide con la lógica histórica antes
expuesta. Entre 2017 y 2021 las relaciones transat-
lánticas atravesaron por un período de contradic-
ciones en múltiples ámbitos, en particular la coo-
peración en materia de seguridad internacional y el
diálogo en los marcos de la Organización del Trata-
do del Atlántico Norte (OTAN).
Balance del diálogo transatlántico en materia de
seguridad internacional durante el primer manda-
to de Donald Trump (2017-2021).
Desde el inicio de su campaña electoral en 2016,
Trump dejó claro el enfoque unilateralista de su
política exterior, expresado en su recurrente expre-
sión de campaña “America First” (Estados Unidos
primero), que lo llevó rápidamente a la retirada de
EE. UU. del Acuerdo de París sobre Cambio Climá-
tico, de la Asociación Transpacífica, de la UNESCO,
al reconocimiento unilateral de Jerusalén como ca-
pital del Estado de Israel o a la salida del Acuerdo
nuclear con Irán (JCPOA), entre otros casos.
Conducida por esa proyección unilateralista, la po-
lítica exterior de la administración Trump llevó a
las relaciones transatlánticas a lo que puede con-
siderarse su nivel de mayor contradicción desde las
profundas divergencias en relación con la guerra de
Irak en 2003.
Aunque no fue el único, el ámbito de mayor fricción
durante el primer mandato de Donald Trump fue la
cooperación en materia de defensa y seguridad, ex-
presándose con mayor fuerza al interior de la OTAN.
Las constantes referencias irrespetuosas del Presi-
dente estadounidense a los aliados transatlánticos,
fuese por su insuficiente participación presupuesta-
ria en los gastos militares de la OTAN o los cuestio-
namientos a la propia Alianza, a la cual denominó
como “obsoleta”, conllevaron a la organización a su
punto de mayor fragilidad en décadas.
Desde 2017 Trump fue particularmente crítico con
los miembros europeos de la OTAN sobre la exigen-
cia del 2% del PIB destinado a gastos militares, com-
promiso fijado desde la Cumbre Atlántica de Cardi
en 2014. Si bien en este punto, se observa una con-
tinuidad con períodos históricos anteriores e incluso
con las exigencias de la administración demócrata
de Barack Obama, el elemento distintivo estuvo en
las presiones públicas, expresiones de chantaje y las
amenazas de retiro de efectivos militares de territo-
rio europeo (Tovar Ruiz, 2018).
La acumulación de divergencias al interior de la
OTAN y la retirada de EE. UU. de cerca de 1000
efectivos militares al norte de Siria en octubre de
2019, sin previa coordinación con los socios euro-
peos, lo cual facilitó las posteriores intervenciones
militares de Turquía en la zona, conllevaron al pre-
sidente francés Emmanuel Macron a catalogar a la
OTAN como “en estado de muerte cerebral” días
antes de la Cumbre de Londres de 2019.
Se iniciaba de esta forma una etapa de deterioro
de la confianza al interior de la OTAN que implicó la
formación de un Consejo de Sabios, que revisara la
vigencia del Concepto Estratégico de 2010 y que lo
dotara de clarificación política y estratégica tenien-
do en cuenta, a la vez, el nuevo signo de la política
exterior de los EE. UU., los cambios en el sistema de
relaciones internacionales y las nuevas amenazas a
la Alianza.
Por otra parte, la retirada estadounidense del Plan
de Acción Integral Conjunto (JCPOA, por sus siglas
en inglés), con Irán en 2018, la inclusión del Cuer-
po de la Guardia Revolucionaria Islámica en la lista
de organizaciones terroristas del Departamento de
Estado y el asesinato del general Qasem Soleima-
ni terminaron con años de esfuerzos diplomáticos
conjuntos para “enmarcar el programa nuclear ira-
ní” y fracturaron la relación transatlántica con rela-
ción a ese país.
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Entre 2018 y 2020 los signatarios europeos del
JCPOA (conocidos como E3: Francia, Alemania y
Reino Unido, junto con la UE en su conjunto) no
abandonaron el acuerdo, sino que intentaron man-
tenerlo vivo a pesar del retiro de EE. UU. y el des-
contento iraní por el mantenimiento de las sancio-
nes estadounidenses. Fueron públicas las críticas de
Federica Mogherini, Alta Representante para Asun-
tos Exteriores y Política de Seguridad de la UE por
esta situación, quien insistía en el carácter vinculan-
te del Acuerdo, en virtud de la Resolución 2231 del
Consejo de Seguridad de la ONU.
A pesar las presiones ejercidas por Trump, la UE
adoptó diversas medidas para intentar sostener
un pilar del Acuerdo con Irán. Entre esas medidas
estuvieron algunas que significaban un desafío a la
política de Trump hacia Irán, como pueden ser la ac-
tivación del proceso del Estatuto de Bloqueo, la au-
torización para la participación del Banco Europeo
de Inversiones (EIB) en Irán y el estímulo a los Esta-
dos miembros a explorar transferencias bancarias al
Banco Central de Irán (Dutta, Analysis of European
Responses to Iran Nuclear Deal Crisis, 2019).
Para 2020 la UE decidió no seguir apostando por
estas iniciativas financieras con Irán tras el repliegue
de la gran mayoría de sus empresas privadas del
mercado iraní —atemorizadas por ser incluidas en
listas negras del Departamento del Tesoro de EE.
UU.—, el incremento de las tensiones bilaterales en-
tre Washington y Teherán por el programa balístico
persa y las presiones de la administración Trump,
que pujaba por enterrar definitivamente todo vesti-
gio de legitimidad del JCPOA.
La postura europea fue evolucionando de una de-
fensa decidida del JCPOA, una crítica abierta al po-
bre compromiso multilateral estadounidense en el
tema y acciones para mitigar su salida del Acuer-
do, hacia una posición de abandono paulatino del
Acuerdo, de fragilización de sus iniciativas financie-
ras y un alineamiento diplomático con EE. UU. en la
condena de la política regional de Irán y su progra-
ma balístico.
Otro de los temas centrales en la agenda transat-
lántica de seguridad entre 2017 y 2021 fue el con-
flicto en Ucrania y en torno a Crimea y las regiones
de Donetsk y Lugansk. En este apartado, la política
exterior estadounidense fue incoherente durante
todo el mandato republicano, teniendo por un lado
el discurso de Trump, simpatizante del liderazgo de
Vladímir Putin y favorable a un enfoque bilateral di-
ferente con Rusia; mientras por el otro, el aparato
administrativo de Washington intensificaba las acu-
saciones de injerencia rusa en las elecciones de EE.
UU., aumentaba las sanciones económicas, expulsa-
ba personal diplomático ruso e iniciaba la entrega
de material militar a Ucrania.
Alimentadas por este enfoque inconsistente de EE.
UU. hacia Rusia, fundamentalmente entre 2018 y
2019, surgieron fuertes tensiones entre los socios
transatlánticos. Actores como Francia y Alemania
buscaron fortalecer la presión estadounidense so-
bre Moscú, mientras que Trump priorizaba los in-
tereses unilaterales estadounidenses, socavando la
confianza mutua. Encima de las disputas sobre las
cargas financieras de la OTAN, el debate sobre su
obsolescencia y las divergencias sobre su Concep-
to Estratégico, se sumó el descontento europeo por
una política de “reset” de EE. UU. hacia Rusia, que
dejaría muy descolocados los intereses europeos en
un contexto de seguridad fragilizado en su frontera
oriental.
Como puede observarse en una muy apretada sín-
tesis, durante el primer mandato del presidente
Donald Trump (2017-2021) las relaciones transat-
lánticas se caracterizaron por una agudización de
contradicciones, la fragilización de la confianza
mutua y un retroceso considerable de la coopera-
ción transatlántica en diversos temas de seguridad.
Como en períodos anteriores, no se produjeron
rupturas abruptas en la asociación transatlántica,
sino que acontecieron procesos negociadores don-
de prevalecieron los objetivos de EE. UU., mientras
que, en otros, simplemente se constató la subordi-
nación y aceptación europea a los intereses esta-
dounidenses.
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Sobre la base de los antecedentes expuestos, la
presente investigación se enfoca en las relaciones
transatlánticas durante el transcurso del segundo
mandato de Donald Trump hasta la fecha (enero
2025-abril 2026), y pone su énfasis en las divergen-
cias aparecidas en la cooperación euroatlántica en
materia de seguridad.
Para evaluar el estado del arte sobre esa temática,
en el período mencionado y con el enfoque que
propone el artículo, se revisaron varias fuentes bi-
bliográficas nacionales e internacionales de tipo
periodístico, académico, documental y fuentes pri-
marias.
La revisión de las fuentes bibliográficas arrojó el
predominio de artículos periodísticos, informes de
política de instituciones o reportes de “tanques
pensantes”, que se caracterizan por abordar de for-
ma dispersa o puntual algunos temas de la agenda
transatlántica entre 2025 y 2026.
En los análisis académicos consultados, mayorita-
riamente provenientes de autores europeos y esta-
dounidenses, prevalece un enfoque descriptivo de
las contradicciones surgidas y, en sentido general,
carecen de una mirada crítica que permita explicar
las divergencias. Otro elemento detectado en la re-
visión de fuentes fue la obsolescencia de determi-
nadas obras, como resultado de la volatibilidad e
impredecibilidad de la política exterior estadouni-
dense desde inicios de 2025 y el cambio fundamen-
tal en determinados escenarios.
Las obras consultadas no consideran, en muchos
casos, las bases de disparidad de la cooperación
transatlántica en materia de seguridad y defensa,
la incidencia de la corriente política del actual Pre-
sidente de los EE. UU. en su política exterior o los
vínculos que existen entre sectores de la extrema
derecha europea y la actual administración esta-
dounidense.
A partir del estado del arte del tema, la presente
investigación se propone como objetivo realizar un
balance de las relaciones transatlánticas en materia
de seguridad en el transcurso del segundo mandato
de Donald Trump, para demostrar la línea de conti-
nuidad que se establece con su primer mandato en
relación con el predominio de las divergencias, las
contradicciones al seno de la OTAN y la fragilización
de la confianza mutua.
El presente artículo no pretende analizar todo el
vasto conjunto de los vínculos transatlánticos desde
el inicio del segundo mandato de Donald Trump en
2025. Por el contrario, siguiendo criterios metodo-
lógicos y analíticos definidos, la presente investiga-
ción se concentra en la agenda de seguridad y de-
fensa transatlántica, que es la piedra angular de la
asociación en las actuales condiciones del sistema
internacional. No es objeto de análisis, por ejemplo,
el comportamiento de las relaciones económicas y
comerciales desde el inicio del segundo mandato
de Donald Trump, las cuales han estado también
cargadas de puntos de fricción y divergencias. Tam-
poco se evalúa la cooperación transatlántica ante
desafíos globales, como el cambio climático, el cri-
men trasnacional, los derechos humanos o las cues-
tiones migratorias, que son también muy relevantes
y ameritarían un análisis específico.
Si bien el artículo parte desde la evaluación de los
desencuentros factuales y doctrinales ocurridos en-
tre enero de 2025 y abril de 2026 en materia de
seguridad y defensa, se establecen pautas de aná-
lisis que trascienden el período y que constituyen
elementos válidos para el estudio y sistematización
de la agenda transatlántica para el resto del manda-
to “Trump 2.0”.
Entre los métodos empleados en la investigación se
encuentran el análisis histórico de los antecedentes,
el rastreo de procesos para reconstruir las decisio-
nes políticas tomadas con incidencia en la alianza
transatlántica, el estudio de casos y el análisis do-
cumental y del discurso, con énfasis en el Presiden-
te de los EE. UU. Entre los paradigmas teóricos de
las Relaciones Internacionales fundamentales en la
investigación se encuentran los modelos del realis-
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mo y el constructivismo. Las principales fuentes de
datos constituyeron los documentos oficiales resul-
tantes de procesos diplomáticos, los discursos de
actores políticos y reportes de actores primarios.
DESARROLLO
Donald Trump regresó a la presidencia de EE. UU. en
enero de 2025 para cumplir con un segundo paso
por la Casa Blanca. Desde la campaña electoral en
2024, se puede encontrar a un Donald Trump que
preconiza sin miramientos un regreso a las líneas
fundamentales de su primer mandato, tanto en po-
lítica interna como a nivel internacional. Al iniciar su
segundo mandato, sin posibilidades constituciona-
les para la reelección y con el control republicano
de ambas cámaras del Congreso, era previsible que
Trump desplegaría con mayor facilidad que en 2017,
su agenda neoconservadora, siguiendo como único
filo conductor el de la satisfacción de los intereses
hegemónicos de EE. UU. al precio que sea necesario.
En específico, en el ámbito de la política exterior, se
puede observar una clara continuidad en la filosofía
ultraconservadora y unilateralista de Trump, pero con
una impronta incluso más disruptiva del orden inter-
nacional (Böller & Wiedekind, 2025). Se retoman en
un grado mayor el uso de los instrumentos del po-
der geoeconómico en las relaciones comerciales, el
enfoque ultranacionalista en materia de cooperación
multilateral y las prácticas más neoconservadoras en
la política de seguridad internacional.
En 2017 la agenda internacional de Trump tomó
por sorpresa a muchos dirigentes europeos, tanto
gobernantes nacionales como responsables de las
instituciones eurocomunitarias, quienes conside-
raron que el discurso electoral del magnate esta-
dounidense no estaría acompañado por acciones y
políticas concretas una vez en funciones (Shapiro &
Pardijs, 2017).
Ocho años más tarde, la relación transatlántica se
enfrenta previsiblemente a cuatro años de discre-
pancias, a una fuerte imposición de los intereses
de EE. UU. sobre los intereses europeos en diver-
sos ámbitos de la asociación estratégica y fuertes
desencuentros en temas de la agenda internacional.
Apenas transcurrido un año de la llamada “era
Trump 2.0” el pronóstico ha sido cumplido con cre-
ces. Con distintas graduaciones, todas las aristas de
la asociación transatlántica: diálogo político-diplo-
mático, relaciones comerciales, cooperación militar,
acción multilateral para enfrentar desafíos globales,
entre otros, muestran niveles de fragilización y des-
gaste por las políticas adoptadas, las amenazas o
el uso de la presión como herramienta negociadora
por Donald Trump (Gantz, 2026).
Estado actual y perspectivas del diálogo y coope-
ración transatlánticas en materia de seguridad in-
ternacional.
En el transcurso de poco más de un año la política
exterior unilateralista y neoconservadora de Trump
ha impactado negativamente en la agenda transat-
lántica de seguridad y defensa, al punto de situarlas
en un estado de fragilidad solamente comparable
al de cinco años atrás durante su primer mandato,
como se trató sucintamente.
Persuadido de que la Alianza ha sido desventajo-
sa para los intereses de EE. UU., Trump ha inten-
tado desde 2025 revertir esa desventaja y trata a
sus aliados europeos de la OTAN como clientes, a
los cuales deben aplicarse términos, condiciones y
comisiones por el servicio de garante de la defensa
europea (Bergmann, 2025). De ahí que las posicio-
nes adoptadas por EE. UU. en varios de los princi-
pales temas de la agenda de seguridad internacio-
nal han sido objeto de divergencias con sus socios
europeos.
Algunos de los temas centrales del diálogo tran-
satlántico en materia de seguridad desde enero
de 2025 hasta la fecha han sido: la deshilvanada
política de EE. UU. hacia Rusia y las negociaciones
para un cese al fuego en el conflicto en Ucrania; las
amenazas estadounidenses de ocupar Groenlandia
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y la guerra desatada contra la República Islámica de
Irán a finales de febrero de 2026, con sus respec-
tivas consecuencias regionales y globales (Berg-
mann, 2025).
Entre estos temas, pocos han sido espacio para una
relativa convergencia de intereses y cooperación li-
mitada, mientras que la mayoría ha sido motivo de
contradicciones públicas, divergencias negociadas
o enfrentamientos frontales, situando la relación a
niveles de desconfianza mutua elevados.
Uno de los temas prioritarios en la agenda transat-
lántica de seguridad ha sido el conflicto en Ucrania,
teniendo en cuenta su importancia estratégica para
EE. UU. y para la Unión Europea (Carpenter, 2026).
En el Capítulo III, sección C, de la vigente Estrate-
gia de Seguridad Nacional de EE. UU., publicada
en noviembre de 2025, la Administración reconoce
que “(…) restablecer la estabilidad en Europa y la
estabilidad estratégica con Rusia” (The White Hou-
se, 2025) son su primera prioridad de seguridad en
esa región del mundo. Es por ello que, una gestión
del conflicto en Ucrania a fin a sus intereses, con-
centró las primeras acciones de EE. UU. en materia
de seguridad internacional y fue objeto de las pri-
meras diferencias con sus socios europeos.
Al asumir el poder en enero de 2025, Trump no con-
taba con un plan concreto para alcanzar el cese al
fuego en Ucrania. Sin embargo, las expresiones de
campaña sobre el conflicto, los antecedentes de su
proyección hacia Rusia y sus críticas al apoyo de
Joe Biden a Ucrania, en particular por los costos fi-
nancieros, vaticinaban que el tema sería objeto de
tensión con sus socios europeos por la divergencia
de intereses (Spatafora, Everts, & Ekman, 2025).
En Europa, por su parte, actores como Francia y
Reino Unido fortalecían su compromiso con Ucra-
nia, redoblaban su discurso antirruso e incluso pro-
yectaban escenarios posibles de conflicto directo
con Rusia dentro de plazos de 4 o 5 años. Al mismo
tiempo, crecían las dudas sobre el compromiso de
EE. UU. bajo mandato de Trump en relación con el
acompañamiento material y operacional al ejército
ucraniano, así como en el desgaste económico de
Rusia mediante la política de sanciones.
Trump mostró rápidamente un mayor nivel de exi-
gencia a Ucrania para lograr un cese al fuego y es-
tableció condicionamientos para la continuidad del
apoyo con material militar estadounidense. A inicios
de febrero de 2025 en Bruselas, el Secretario de De-
fensa de EE. UU. manifestaba a sus homólogos de
la OTAN que “(…) las crudas realidades estratégi-
cas impiden que los Estados Unidos de América se
centren principalmente en la seguridad de Europa”
y que los europeos debían asumir el liderazgo en
el dossier ruso-ucraniano (Arteaga, Fiott, & Simón,
2025). Tres días más tarde, en un discurso apabu-
llante en la Conferencia de Seguridad de Múnich,
James David (JD) Vance, vicepresidente de EE. UU.,
trasladaba a los principales líderes políticos euro-
peos que la principal preocupación de la Adminis-
tración Trump sobre Europa estaba en sus “ame-
nazas desde dentro” y no en actores extranjeros,
mientras reafirmaba igualmente que Europa debía
asumir mucha más responsabilidad en su propia de-
fensa.
La erosión de la confianza transatlántica sobre el
conflicto en Ucrania alcanzó su mayor punto tras el
mediático encuentro entre Donald Trump y Volod-
ymyr Zelensky el 28 de febrero de 2025 en Washin-
gton. Luego de esta reunión, EE. UU. suspendió la
entrega de armamento y el intercambio de informa-
ción de inteligencia con la parte ucraniana, lo cual
agudizó las preocupaciones entre sus aliados euro-
peos, que vieron encadenarse una serie de victorias
militares rusas y deteriorarse las condiciones para
posibles concesiones rusas.
En paralelo, EE. UU. buscó establecer canales de co-
municación con Rusia y rebajar la hostilidad hacia
el presidente Vladímir Putin, con el objetivo de ini-
ciar un proceso de negociaciones que condujese a
un cese al fuego, manteniendo al margen de este a
sus socios de la OTAN (Kortunov, 2026). En abril de
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2025 Trump presentó una primera propuesta para
resolver el conflicto, la cual comprendía puntos in-
teresantes para Moscú e importantes concesiones
por parte de Ucrania. No obstante, la ausencia de
puntos como la “desnazificación”, la restricción de
las capacidades militares ucranianas o la cuestión
de la asistencia militar de otros países europeos a
Ucrania, entorpecieron la aceptación rusa de esta
propuesta.
En la segunda mitad del año, fundamentalmente
luego del estancamiento de su propuesta de cese al
fuego y varias gestiones diplomáticas de los países
de la llamada “Coalición de los Voluntarios”, Trump
comenzó a rebajar su discurso contra Ucrania y en-
durecer su postura contra Rusia. Modificó su pos-
tura para relativizar las responsabilidades del es-
tancamiento de las negociaciones, centrando más
la atención en Rusia, aunque no ha cerrado las vías
de comunicación con el Gobierno ruso para seguir
accionando al respecto.
A los efectos de la asociación transatlántica, la rea-
parición del factor de la imprevisibilidad y la ambi-
valencia estadounidenses con relación a Rusia y al
conflicto en Ucrania, las presiones y los condiciona-
mientos de EE. UU. sobre Zelensky y el menosprecio
de la posición de los países europeos en un eventual
desenlace del conflicto, ha lastimado el diálogo pro-
fundamente. Los líderes de los países europeos más
involucrados en el respaldo a Kiev, como Francia,
Reino Unido, Alemania y Polonia, han trasladado su
molestia por haber sido sistemáticamente situados
en una posición secundaria en el proceso de nego-
ciaciones directas sobre el cese al fuego (Shapiro,
Letter from Washington: Why Trump ignores Euro-
pe., 2025).
Actualmente, ante el estancamiento de las negocia-
ciones, la Unión Europea se ha visto obligada a asu-
mir un papel más ambicioso en el respaldo militar
y financiero a Ucrania para sostener su participa-
ción en el conflicto. Muestra de ello es el mecanis-
mo PURL (Prioritized Ukraine Requirements List),
mediante el cual, desde julio de 2025, EE. UU. vende
armamento avanzado a miembros europeos de la
OTAN, que es pagado con fondos eurocomunitarios
y transferido a Ucrania.
Tras pasado un año de las principales diferencias,
el tópico parece haber entrado en una fase de me-
jor entendimiento y tensiones rebajadas. La parte
europea ha asumido que, sin el apoyo político y mi-
litar de EE. UU., así sea financieramente condicio-
nado, no podrían garantizar la continuidad de las
acciones militares de Ucrania y han aceptado que
Trump prioriza su enfoque económico y su agenda
particular con relación a Rusia (Gantz, 2026). Por su
parte, EE. UU. aprovecha el diálogo favorable entre
las capitales europeas y Kiev para mantener el canal
de comunicación con vistas a las negociaciones.
En segundo lugar, siendo hasta el momento el tópico
de mayor desencuentro transatlántico, incluso con
matices de enfrentamiento frontal, se encuentra la
situación generada en torno a Groenlandia, producto
de las intenciones declaradas del presidente Donald
Trump de hacerse con su control, incluso por la fuer-
za, alegando motivos de Seguridad Nacional.
El interés de EE. UU. de apoderarse de Groenlandia
tiene antecedentes históricos, que se remontan a fi-
nales de la Segunda Guerra Mundial, retomados por
Donald Trump durante su primer mandato en 2019,
cuando trasladó su interés en comprar el territorio.
En esa ocasión la oferta de Trump fue rechazada de
forma rápida y rotunda tanto por los daneses como
por los groenlandeses, siendo tachada como una
“locura” (Scott, 2025). Aunque parte de esos ante-
cedentes históricos, el renovado interés de Trump
en Groenlandia en su segundo mandato debe inter-
pretarse mejor desde los enfoques geoeconómico y
geopolítico neoconservador de su Administración,
que busca consolidar a Estados Unidos como una
superpotencia global en un nuevo orden interna-
cional, donde los más elementales marcos jurídicos
son dispensables.
Una serie de declaraciones y episodios de escala-
da en la confrontación desde el inicio del segundo
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mandato de Trump conducen a la denominada “cri-
sis de Groenlandia” de enero de 2026.
En febrero de 2025 Earl LeRoy Carter, miembro re-
publicano de la Cámara de Representantes, presen-
tó ante el Congreso de los EE. UU. el proyecto de
Ley “Red, White and Blueland”, mediante el cual se
autorizaba al Presidente “a entrar en negociaciones
con el Gobierno de Dinamarca para comprar o ad-
quirir de otra forma Groenlandia” (Congress of the
United States of America, 2025). En agosto de 2025
las autoridades locales denunciaron campañas en-
cubiertas de influencia en Nuuk, llevadas a cabo por
elementos cercanos a Trump, que incluían contactos
con élites locales, recolección de quejas y reparto
de dinero en la capital groenlandesa. En diciembre
de 2025 Trump designó al gobernador de Luisia-
na, Je Landry, como enviado especial para “hacer
Groenlandia parte de EE. UU.”, lo cual provocó que
Dinamarca convocara al Embajador estadounidense
y fuertes declaraciones del Ministro danés de Asun-
tos Exteriores.
La cúspide de la escalada tuvo lugar en enero de
2026 cuando, tras las agresiones militares contra
Venezuela y el secuestro del presidente Nicolás Ma-
duro, Trump reclamó “control total y completo” de
Groenlandia en su controversial carta a Jonas Gahr
Støre, primer ministro de Noruega. A partir de este
momento tienen lugar un conjunto de reacciones
europeas que marcan un desencuentro frontal con
EE. UU. y un período de fuertes fragilidades en la
relación (Scott, 2025).
Dinamarca envió una serie de tropas de élite a
Groenlandia, junto con medios y suministros mili-
tares, estableció explosivos en pistas de aterrizaje
y en vías de comunicación terrestre. Al movimien-
to de efectivos militares daneses a Groenlandia se
sumó el envío de efectivos de países miembros
de la OTAN como Francia, Alemania, Reino Unido,
Noruega, Alemania, Suecia y Países Bajos, en una
misión militar llamada “Arctic Endurance”, cuyos in-
tereses operativos eran estudiar el terreno para un
hipotético enfrentamiento con EE. UU., pero que en
el fondo buscaban el objetivo político de mostrar
un frente común antes las abiertas amenazas contra
la soberanía y la integridad territorial de un Estado
europeo.
En represalia a esta decisión europea, y poniendo
como condición la completa cesión de Groenlan-
dia, la Administración estadounidense anunció el
establecimiento de aranceles de un 10%, escalables
hasta un 25%, a los bienes importados de los seis
países participantes en la Operación. La escalada
continuó con manifestaciones masivas en Groenlan-
dia y Dinamarca contra las apetencias de EE. UU. y
declaraciones de representantes gubernamentales
daneses que valoraban la posibilidad de una inva-
sión estadounidense a la isla.
No fue sino hasta después del encuentro entre Do-
nald Trump y Mark Rutte, secretario general de la
OTAN, en el Foro Económico Mundial de Davos el 21
de enero, cuando se produjo una desescalada en la
crisis. Tras el anuncio de “un marco para un acuerdo
futuro” sobre cooperación militar, acceso a minera-
les y una presencia militar de la OTAN más fuerte en
el Ártico, el presidente Trump descartó la necesidad
de una acción militar y desestimó el aumento de los
aranceles.
La crisis transatlántica en Groenlandia fue más que
una provocación diplomática, evidencia la fractura
profunda de la confianza entre EE. UU. y sus socios
europeos, dejando claro que Trump no percibe a
Europa como un aliado estratégico al que se debe
respetar, sino como un actor secundario que debe
alinearse a sus intereses, aunque vayan en detri-
mento de su soberanía.
Por otra parte, esta crisis dejó al descubierto las fra-
gilidades de la OTAN, en particular en su aspecto
conceptual.
En el entramado conceptual de la Alianza, desde las
bases del Tratado del Atlántico Norte (1949) hasta el
más reciente Concepto Estratégico de Madrid (2022),
no existen disposiciones sobre cómo debe reaccionar
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la Organización ante una agresión militar de uno de
sus miembros contra otro. En resumen, el mecanismo
de defensa colectiva, consagrado en el famoso Artí-
culo 5, cae en una situación de vacío conceptual si el
agresor es un propio Estado miembro de la Alianza. Si
el agresor es EE. UU., los demás miembros carecen de
capacidad real para invocar el Artículo 5 contra Was-
hington. Activar la defensa colectiva contra el “princi-
pal garante” militar de la Alianza sería contradictorio y
autodestructivo (Testoni, 2025).
La muerte cerebral de la OTAN, vaticinada por Em-
manuel Macron en 2019, parece haberse extendi-
do hasta la actualidad, siendo las contradicciones
profundas y la disfunción de la Alianza el elemento
marcador durante los dos mandatos de Trump.
La llamada crisis de Groenlandia, que no parece ha-
ber concluido definitivamente, forma ya parte de
los episodios de mayor contradicción histórica al
interior de la OTAN, comparables a la degradación
de la confianza durante la Guerra de Irak en 2003, la
retirada de Francia del mando integrado de la OTAN
en 1966 o la Crisis del Canal de Suez en 1956.
En tercer y último caso, siguiendo la agenda tran-
satlántica de cooperación en seguridad y la relación
al interior de la OTAN, se encuentra la reciente agre-
sión militar estadounidense lanzada contra Irán el
28 de febrero.
La guerra contra Irán, iniciada por EE. UU. e Israel,
ha sido otro nuevo ámbito de tensión transatlántica.
Por un lado, los intereses europeos coinciden con
los de EE. UU. en calificar como “una amenaza re-
gional” el programa de enriquecimiento de uranio
de Irán y el desarrollo de sus capacidades balísticas
de mediano y largo alcance (Council of the Euro-
pean Union, 2026). Por el otro, en sentido general,
la parte europea se ha distanciado de la opción mi-
litar iniciada por EE. UU. e Israel, sobre la cual no
fueron ni consultados ni notificados, y no se ha su-
mado activamente a la agresión contra Irán, pese a
las exigencias formuladas por Donald Trump en el
marco de dos meses.
Desde su inicio, la agresión de EE. UU. e Israel con-
tra Irán ha sido un tópico difícil para los europeos
en tres sentidos.
En primer lugar, el tema divide a los Estados miem-
bros de la UE entre los que condenan su carácter
ilegal según el Derecho Internacional y los que op-
tan por el apoyo a EE. UU. e Israel, sobre la base de
la supuesta amenaza que representan para la se-
guridad europea el programa nuclear iraní y el de-
sarrollo balístico-coheteril. Ha habido divergencias
públicas y contradichos entre varios jefes de Estado
o de Gobierno de la UE sobre el tema, dejando en
evidencia que no existe una postura común y que
las apreciaciones tienen en consideración intereses
puntuales de países más vulnerables en temas de
defensa con EE. UU., como es el caso de Alemania,
Polonia y los países bálticos (Adler, 2026).
En segundo lugar, la guerra ocupa a EE. UU. en
otros frentes y lo aleja de la continuidad del apoyo
militar a Ucrania, que continúa siendo la prioridad
en materia de seguridad para Europa. Sin el respal-
do decidido y explícito de EE. UU. al logro de un
cese al fuego en Ucrania, los intentos exploratorios
de negociación parecen haber entrado en un esta-
do de congelamiento a la espera de la solución del
“dossier” iraní.
Y, por último, la guerra constituye un elemento adi-
cional de fricción en el seno de la OTAN entre los
europeos, que defienden que el Artículo 5 del Tra-
tado de la Alianza no es aplicable al conflicto, y EE.
UU. que continúa denigrando la utilidad de la Orga-
nización y amenazando con la retirada de efectivos
estacionados en Europa (Gnesott, 2026).
La norma general para la mayoría de los países eu-
ropeos ha sido calificar la agresión como una trans-
gresión del orden internacional basado en reglas
que prohíben el uso de la fuerza, sin llegar a existir
una posición integral europea de rechazo firme a la
agresión iniciada por EE. UU. e Israel, ni una conde-
na a las consecuencias de tales actos en la seguri-
dad y la economía globales. Más bien, se ha consta-
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tado que actores europeos de peso, como Francia,
Alemania y Reino Unido han hecho determinadas
concesiones políticas para equilibrar la no interven-
ción directa en la guerra.
Por su parte, un comunicado franco-alemán, al cual
Reino Unido se asoció, condena los ataques “indiscri-
minados y desproporcionados” de Irán contra países
de la región y sus bases militares en el Golfo Pérsico
10
.
Ese mismo comunicado expresa que se valorarían
“las medidas defensivas necesarias y proporcionadas
para destruir la capacidad de Irán de lanzar misiles y
drones desde su origen” (Palacio del Elíseo, 2026).
En la práctica, Francia ha desplegado efectivos mi-
litares en el Golfo Pérsico, envió el portaaviones
Charles De Gaulle al Mediterráneo Oriental y ha de-
clarado intención de proteger el espacio aéreo de
aliados como Qatar, Jordania y Emiratos Árabes
Unidos. Las fuerzas francesas se han circunscrito a
acciones defensivas de intersección antiaérea, sin
golpear objetivos en territorio iraní.
Reino Unido, por su parte, ha autorizado el uso de
bases británicas como la “RAF Fairford” en Inglate-
rra y “Diego García” en el Océano Índico para llevar
a cabo operaciones que sean defensivas y limitadas.
Similar al caso francés, se desplegaron aviones de la
Fuerza Aérea para interceptar misiles y drones ira-
níes sobre países aliados como Qatar, Jordania, Irak
y Bahréin, además del envío del buque HMS “Dra-
gon” al Mediterráneo Oriental para defender posi-
ciones como Chipre (Loft, 2026).
En el caso de Alemania, se ha permitido el uso de
bases estadounidenses en el país para operaciones
estadounidenses sin condicionarlas a carácter de-
fensivo, lo cual fue reconocido públicamente por
Donald Trump en marzo de 2026. No obstante,
recientes declaraciones del Canciller Mertz donde
criticaba que EE. UU. no contase con un plan claro
para terminar la guerra y que Irán había humillado
a Trump, entre otros factores, generaron gran des-
contento en la Casa Blanca.
En contraste con la posición tibia de los E3
11
, Pe-
dro Sánchez, presidente del Gobierno de España,
ha sido el mandatario del bloque eurocomunitario
más frontal en su oposición a la guerra, negando a
EE. UU. el permiso para utilizar las bases militares
españolas para lanzar ataques contra Irán, lo cual
desató las amenazas de Trump de aplicar arance-
les a productos españoles de importación o “cortar
todo comercio” con España.
Turquía, actor muy relevante en términos de seguri-
dad y defensa dentro de la OTAN, también ha tenido
una posición clara sobre el conflicto. El presidente
turco Erdogan adoptó una postura definida, califi-
cando los ataques como una violación flagrante del
Derecho Internacional, cerró su espacio aéreo a las
fuerzas estadounidenses y transmitió condolencias
tras el asesinato del líder supremo de Irán, Ali Ja-
menei. Al mismo tiempo, ha equilibrado su posición
con críticas a los ataques iraníes contra los países
del Golfo y ha endurecido el discurso hacia Irán con
relación a las negociaciones sobre el programa nu-
clear, previas a la guerra (Çevik, 2026).
El punto detonante de las más serias contradiccio-
nes transatlánticas ha sido el Estrecho de Ormuz y
la reticencia europea a participar en operaciones
militares para controlar el estratégico enclave. A
lo máximo que han llegado los socios europeos ha
sido a la disposición a sumarse a una coalición inter-
nacional, respaldada por un marco legal de Nacio-
nes Unidas, para garantizar la libre circulación por
el Estrecho de Ormuz, siendo Francia, Alemania y
Reino Unido los más favorables a ese escenario.
La postura que parece consolidarse entre los países
del bloque comunitario es la precisada por el presi-
dente francés Emmanuel Macron en el Consejo de
la UE en marzo pasado, cuando precisó que “los eu-
ropeos no participarán en ninguna apertura por la
fuerza del Estrecho en el contexto de las operacio-
nes de guerra y los bombardeos en curso”. Esta po-
sición intenta crear consenso entre las variopintas
posturas al interior de la UE, que van desde la com-
placencia y entusiasmo guerrerista de Viktor Orban
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hasta las críticas más radicales de Pedro Sánchez.
El presidente Trump ha respondido a estas decisiones
europeas con más amenazas, insultos y humillaciones,
afirmando que la OTAN sería “un tigre de papel” si no
fuera por EE. UU. y que los europeos eran unos “co-
bardes” (Murray, Sin estrategia en la retirada de tropas
estadounidenses de la OTAN en Alemania, 2026). Tras
semanas de estancamiento, sin resultados palpables
en el interés de sumar a socios europeos a las escara-
muzar en el Estrecho, Trump ha anunciado la retirada
de 5 000 efectivos militares de EE. UU. de Alemania.
El gobierno alemán ha intentado desvincular la retira-
da de las tropas estadounidenses de los desencuen-
tros bilaterales sobre Irán, alegando que se trata de
una decisión prevista y que los efectivos formaban
parte de un acuerdo temporal alcanzado con Biden
para reforzar el respaldo a Ucrania.
Adicionalmente, Merz reafirmó que, por el momen-
to, no se concretará el despliegue en Alemania de
los misiles de crucero estadounidenses Tomahawk,
con un alcance de hasta 2 500 kilómetros, que la
anterior administración había acordado en 2024
con su antecesor, Olaf Scholz.
No es descartable que esta retirada solo sea una pri-
mera señal de EE. UU. a Alemania, y siga ejerciendo
presión para lograr sus intereses de involucrar direc-
tamente a los europeos en el conflicto. Trump tiene
todavía mucho margen de presión en Alemania, país
con mayor presencia militar estadounidense en Euro-
pa, con aproximadamente unos 40 000 soldados ba-
sificados. No obstante, la presencia de la base aérea
de Ramstein, la mayor de su tipo fuera de EE. UU., y
la sede del Mando Superior de Estados Unidos para
Europa (EUCOM), ubicada en Stuttgart, también dan
cuenta de la importancia del continente europeo para
los intereses geopolíticos de Washington y en particu-
lar para su despliegue logístico en Oriente Medio.
En resumen, la guerra contra Irán es hasta el mo-
mento un punto de fuertes contradicciones transat-
lánticas, en la medida en que Europa continúa sin
dejarse involucrar directamente en el conflicto a pe-
sar de una posición fragmentada y dispersa, donde
pueden incidir intereses puntuales.
Han vuelto a reabrirse, y con relativa fuerza, los vie-
jos debates al interior de la UE sobre la necesidad
de alcanzar una soberanía estratégica, de superar
la subordinación operativa a EE. UU. y aumentar
los insuficientes gastos en defensa de los Estados
miembros. Todos estos elementos son conocidos
y animaron durante cuatro años los debates en
el Consejo de la Unión Europea durante el primer
mandato de Donald Trump.
Europa ha dados pasos significativos en este senti-
do, por ejemplo, en 2025 se logró por primera vez
que todos los aliados europeos de la OTAN alcan-
zaran la cifra del 2% del PIB dedicados a gastos de
defensa, como reconoce el Informe Anual del Se-
cretario General de la Alianza, publicado en marzo
de 2026
12
. No obstante, en un contexto económico
global adverso, las señales de estancamiento y los
grandes problemas de déficit fiscal que muestran
las economías europeas no permiten avizorar que la
UE pueda dotarse de una real autonomía militar en
el corto o mediano plazos.
Tampoco existen evidencias que denoten un interés
real de las élites políticas europeas de desligarse de
la OTAN, de su visión estratégica y de su papel de
brazo armado de los intereses capitalistas occiden-
tales (O'Neal, 2026). La OTAN ha servido en más
de una ocasión a los intereses de dominación euro-
peos en África Norte, en Medio Oriente y en Euro-
pa Oriental, siempre que ha habido coincidencia de
objetivos con EE. UU. Es por esto que, mientras Eu-
ropa dependa militarmente de EE. UU., tendrá que
gestionar los intereses caprichosos y los tropiezos
geopolíticos de Donald Trump, a la espera de que el
próximo presidente de EE. UU. sea diferente.
CONCLUSIONES
Desde 2025 la agenda transatlántica de coopera-
ción y diálogo en materia de seguridad ha estado
marcada por un predomino de las discrepancias so-
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bre la coincidencia de intereses, sin llegar a generar
un efecto de ruptura de vínculos estratégicos de se-
guridad de más de 70 años.
La segunda administración de Trump ha agudizado
las discrepancias doctrinales transatlánticas con re-
lación al uso de la fuerza, en particular tras el inicio
de las agresiones militares contra Irán. Se enfrentan
dos filosofías políticas no necesariamente idénticas
con respecto al papel de la fuerza y la intervención
militar en las relaciones internacionales. Prevalece,
por un lado, la visión unilateralista, agresiva y hege-
mónica de EE. UU. y por el otro, la defensa europea
del actual orden multilateral, donde todavía ocupa
un lugar privilegiado, que no se corresponde nece-
sariamente con su capacidad de influencia política
y militar en 2026.
La piedra angular de la arquitectura militar y de
seguridad euroatlántica continúa siendo la OTAN.
En su marco, las divergencias se producen con fre-
cuencia sobre tres aspectos: la interpretación doc-
trinal de la estrategia militar de la Alianza, la distri-
bución de las contribuciones logísticas y militares, y
la participación de la alianza en conflictos fuera del
espacio correspondiente al Atlántico Norte.
Al interior de la Alianza la fragilización de la con-
fianza mutua y el retroceso considerable de la coo-
peración transatlántica en diversas esferas ha sido
el signo característico del segundo mandato de Do-
nald Trump hasta la fecha. La profunda desconfian-
za y la movilización militar europea, generada en
torno a Groenlandia, demuestra que las contradic-
ciones han escalado con relación a su primer man-
dato, hasta llegar al punto de la amenaza directa de
ocupación y la violación de la soberanía de uno de
los aliados.
La asimetría y la disparidad siguen siendo rasgos
característicos de la relación en materia de seguri-
dad y defensa, donde la parte europea debe subor-
dinar sus intereses ante las presiones estadouniden-
ses, devenidas en abiertos chantajes en el segundo
mandato de Trump.
Es previsible que la dinámica de deterioro y fragi-
lización de las relaciones euroatlánticas en materia
de seguridad y defensa continúe siendo predomi-
nante durante el resto del segundo mandato de Do-
nald Trump. No obstante, considerando las limita-
ciones temporales del presente análisis y teniendo
en cuenta las características de la actual Adminis-
tración estadounidense, donde resulta sumamente
complejo separar lo anecdótico de lo estructural,
deberá continuar observándose la evolución de los
nexos transatlánticos.
En el mismo sentido, otro elemento a considerar
durante el resto del mandato de Trump es el papel
de las relaciones económicas, comerciales y finan-
cieras transatlánticas que, aunque también atravie-
san un período de fuertes fricciones, han funciona-
do históricamente como un factor de estabilización
transatlántica, a partir del predominio de la conver-
gencia de los intereses de dominación global del
capitalismo occidental sobre su condición de com-
petidores económicos.
Algunos de los temas a considerar en futuras in-
vestigaciones sobre la relación transatlántica en el
resto del mandato de Trump son el posible impacto
de las elecciones de medio término de EE. UU. en
la agenda internacional de la Administración repu-
blicana; la evolución de las iniciativas de autonomía
estratégica de la UE y su impacto en el diálogo al
interior de la OTAN, así como el futuro electoral de
las fuerzas políticas de extrema derecha en Europa,
las cuales son ideológicamente cercanas a las ba-
ses electorales y a la agenda del presidente Donald
Trump.
NOTAS
 Después de 1945 tuvieron lugar fenómenos
que configuraron las bases de la confrontación
bipolar y en particular elementos estructurales
y programáticos que vincularon a europeos y
estadounidenses en una relación estratégica.
Entre ellos, la Doctrina Truman (1947), el Plan
Marshall (1947), la Unión Occidental (UO) (1948)
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y la fundación de la Organización del Tratado
del Atlántico Norte (OTAN) (1949) fueron los
que tuvieron un mayor impacto.
 A los efectos de la precisión conceptual de este
artículo, el autor asume que la relación transat-
lántica “(…) incluye las relaciones entre ambas
orillas del Atlántico en todas sus variantes: entre
Estados, en la OTAN y entre Estados Unidos y
la Unión Europea. Las unas se solapan con las
otras de manera imperfecta y mantienen rela-
ciones de interdependencia entre sí.” (Costa &
Aguiar, 2002).
 La política de “guerra preventiva contra el te-
rrorismo” anunciada por Bush Jr. y en particular
la guerra contra Irak en 2003, la no ratificación
del Protocolo de Kioto sobre cambio climático,
la llamada "Hague Invasion Act" de 2002 que
contradecía la autoridad legal de la Corte Penal
Internacional, las diferencias en materia de DD.
HH. tras la revelación de fotos tomadas en las
prisiones estadounidenses en la Base Naval de
Guantánamo, entre otros, fueron algunos de los
temas que alimentaron las tensiones transatlán-
ticas entre 2001 y 2008.
 Resolución 2231 (2015) del CS de la ONU ht-
tps://www.iaea.org/sites/default/files/unsc_re-
solution2231-2015.pdf
 Uno de los resultados de estas iniciativas fue la
creación el 31 de enero de 2019 del Instrumen-
to de Apoyo a los Intercambios Comerciales
(INSTEX, por sus siglas en inglés), dispositivo
financiero que buscaba conectar importadores
y exportadores europeos interesados en el mer-
cado iraní y brindarles una vía de acción frente
a las sanciones estadounidenses. El mecanismo
fue terminado en 2023 tras no lograrse su sos-
tenibilidad.
https://www.whitehouse.gov/wp-content/
uploads/2025/12/2025-National-Security-Stra-
tegy.pdf
 La propuesta incluía el reconocimiento legal
estadounidense de Crimea como parte de Ru-
sia, la aceptación de facto de los avances terri-
toriales de Rusia desde febrero de 2022, el com-
promiso de no permitir el acceso de Ucrania a
la OTAN y el levantamiento progresivo de las
sanciones impuestas contra la economía rusa
(Kortunov, 2026)
 La “Coalición de los voluntarios” es un grupo
ad-hoc de países creado en marzo de 2025, pre-
sidido por Francia y Reino Unido, con el propó-
sito de dar garantías de seguridad vinculantes a
Ucrania una vez alcanzado un cese al fuego. No
tiene una composición formal establecida, sino
que su membresía se define por asistencia a las
reuniones, contando con asistencias de hasta 35
miembros, fundamentalmente miembros de la
OTAN y aliados tradicionales de la Alianza (Aus-
tralia, Japón, Nueva Zelanda, etc.).
 Se trata de un listado de equipos y municiones
que Kiev considera prioritarios, como los siste-
mas de defensa Patriot o los misiles ATACMS. La
Agencia de Apoyo y Adquisiciones de la OTAN
(NSPA) coordina la compra del material esta-
dounidense por parte de los países europeos,
que lo entregan a Kiev.
10
https://www.elysee.fr/en/emmanuel-ma-
cron/2026/03/01/joint-statement-by-the-lea-
ders-of-france-germany-and-the-united-king-
dom-on-indiscriminate-iranian-attacks-on-
countries-in-the-region
11
Francia, Alemania y Reino Unido.
12
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bready/documents/publications-and-reports/
annual-reports/sgar25-en.pdf
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CONFLICTO DE INTERESES
El autor declara que no existen conflictos de intere-
ses relacionado con el artículo.
AGRADECIMIENTOS
No aplica.
FINANCIACIÓN
No aplica.
PREPRINT
No publicado.
DECLARACIÓN DE ÉTICA EN LA INVESTIGACIÓN
No aplica.
DECLARACIÓN DE DISPONIBILIDAD DE DATOS
No aplica, ya que este es un estudio análisis bi-
bliométrico.
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