
A todo evento, la situación actual encaja en una cri-
sis de la globalización, ya que los problemas que
enfrenta no son superficiales, sino que cuestionan
la naturaleza misma del sistema. Paradójicamente,
Estados Unidos, la principal potencia que se bene-
fició del orden global, ahora parece nadar contra la
corriente que él mismo creó para asegurar la conti-
nuidad de su hegemonía.
La arquitectura financiera global, tal como sostiene
Patomäki (2025), opera bajo una lógica de subordi-
nación diseñada para preservar la hegemonía de las
potencias del Norte. En este esquema, Estados Unidos
actúa como garante del sistema, lo que le lleva a inter-
pretar cualquier avance hacia la simetría o la equidad
regulatoria no como una mejora sistémica, sino como
una erosión directa de sus intereses estratégicos.
El poder hegemónico de esta nación se basó en los
pilares del orden económico de la posguerra, me-
canismos que hoy ya no responden a los intereses
globales ni a los propios. La transición hacia el neo-
proteccionismo bajo la administración de Donald
Trump, con el fin de corregir problemas estructura-
les, no es una simple anomalía. Por el contrario, es
la manifestación de una crisis profunda del modelo
neoliberal. Esta respuesta política demuestra que el
sistema, diseñado para perpetuar una hegemonía,
ha generado sus propias contradicciones y ya no es
sostenible en el panorama actual.
No existe una respuesta institucional eficaz a nivel
global para resolver las disputas económicas. Esta
carencia ha creado un escenario en el que el poder
económico se ejerce de manera unilateral, socavan-
do los principios de la gobernanza global. La polí-
tica arancelaria de Estados Unidos, implementada
fuera de los marcos de la Organización Mundial del
Comercio (OMC), es un síntoma de esta crisis. Al
ignorar los mecanismos de la OMC, el país no solo
genera incertidumbre y potencialmente ralentiza
la economía global, sino que también evidencia la
fragilidad del orden multilateral y la incapacidad de
las instituciones existentes para regular el compor-
tamiento de los actores más poderosos.
Según la UNCTAD (2025), la volatilidad en las im-
portaciones y en las cadenas de suministro a nivel
global es un efecto directo de las fluctuaciones po-
líticas de grandes economías como la de Estados
Unidos. Ante este panorama, la institución propone
estrategias para construir resiliencia, tales como la
diversificación de mercados y el fortalecimiento de
los acuerdos comerciales, con el fin de mitigar los
efectos desestabilizadores de la incertidumbre.
En última instancia, el planteamiento de Patomäki
(2025) sobre la Gran Crisis Universal (GCU) trascien-
de la fatalidad histórica para inscribirse en el terre-
no de la equifinalidad: la convergencia de diversas
trayectorias hacia un mismo desenlace sistémico.
Lejos de ser una anomalía, la GCU se perfila como
una respuesta racional ante el agotamiento de los
mecanismos de gobernanza vigentes, incapaces ya
de gestionar eficazmente la fricción de las guerras
comerciales, el insostenible peso de la deuda global
o la provisión de bienes comunes. La transición ha-
cia una nueva arquitectura, por tanto, no parece una
elección ideológica, sino una necesidad estructural
derivada de la obsolescencia de un sistema que, al
intentar preservar su hegemonía mediante el pro-
teccionismo, ha terminado por acelerar su propia
desintegración.
Sin duda alguna, existe una estrecha interdepen-
dencia económica entre Estados Unidos y China. En
el contexto de la globalización y la configuración de
las cadenas de valor, la economía estadounidense
depende significativamente de China para abaste-
cer su mercado interno de bienes de consumo, in-
termedios y de capital.
Superar esta realidad no es una tarea de corto plazo,
sino un proceso prolongado y, sobre todo, tortuoso
para la propia economía de los Estados Unidos. Cual-
quier intento de desacoplamiento, por tanto, represen-
ta un desafío formidable que amenaza con desestabili-
zar el sistema que ellos mismos ayudaron a construir.
El primer obstáculo es la competencia global. Esta-
dos Unidos debe competir con países como China e
Córdova Zerpa
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Los desequilibrios estructurales de la economía estadounidense:
El papel de la desindustrialización, el déficit comercial y las políticas proteccionistas
ISSN 2707-7330
Revista POLÍTICA INTERNACIONAL | Volumen VIII, Nro. 4 octubre-diciembre de 2026