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ISSN 2707-7330
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RNPS: No. 2092
Vol. VIII, No. 4 (octubre-diciembre) | 2026
Cómo citar (APA, séptima edición): Álvarez, Á., & Barrenengoa, A. (2026). Infraestructura, poder y disputas por la
hegemonía: Estados Unidos y China en la América Latina del siglo XXI. Política Internacional, VIII (Nro. 4). https://doi.
org/10.5281/zenodo.22097517
https://doi.org/10.5281/zenodo.22097517
Infraestructura, poder y disputas por la hegemonía:
Estados Unidos y China en la América Latina del siglo XXI
Infrastructure, power, and disputes for hegemony: The United States
and China in 21st-century Latin America
Infrastructures, pouvoir et conflits d'hégémonie : les États-Unis et la
Chine dans l'Amérique latine du XXIe siècle
Infraestrutura, poder e disputas pela hegemonia: os Estados Unidos e a
China na América Latina do século XXI
Dr. C. Álvaro Álvarez
Doctor en Ciencias en Geografía. Profesor adjunto, Investigador asistente del Instituto de Instituto de
Geografía, Historia y Ciencias Sociales, Centro de Investigaciones Geográficas de la Facultad de Ciencias
Humanas, Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires, Consejo Nacional de Investi-
gaciones Científico Técnicas. Tandil, Argentina aalvarez@fch.unicen.edu.ar 0000-0003-3648-357X
Dra. C. Amanda Barrenengoa*
Doctora en Ciencias Sociales. Jefe de Trabajos Prácticos, Investigadora asistente, Docente e Investigadora,
Facultad de Humanidades y Cs. de la Educación, Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias
Sociales, Universidad Nacional de La Plata, Consejo Nacional de Investigaciones Científico Técnicas. La
Plata, Argentina. abarrenengoa@gmail.com 0000-0001-9385-2971
*Autor para la correspondencia: abarrenengoa@gmail.com
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Infraestructura, poder y disputas por la hegemonía: Estados Unidos y China en la América Latina del siglo XXI
Álvarez y Barrenengoa
RESUMEN Este artículo analiza cómo la disputa geopolítica entre Estados Unidos y China por la hegemonía global
se expresa y materializa en las estrategias de infraestructura desplegadas en América Latina y el Caribe.
Desde una perspectiva de geografía política y economía política internacional, se desarrolla un abordaje
cualitativo e histórico-interpretativo basado en el análisis de bibliografía especializada, documentos ofi-
ciales, información institucional y estudios previos, complementado con el análisis comparativo del Canal
de Panamá y el puerto de Chancay como infraestructuras estratégicas. Los resultados muestran que la
infraestructura constituye una dimensión material central de la competencia sino-estadounidense, en
tanto puertos, corredores logísticos y rutas de circulación articulan estrategias de acumulación, control
territorial y proyección geopolítica. El análisis evidencia, asimismo, un endurecimiento de la estrategia
estadounidense de control y contención frente a la creciente presencia china, al tiempo que China amplía
su capacidad de construir y gestionar nodos logísticos estratégicos en la región. Los casos analizados
permiten identificar una reconfiguración de las relaciones entre infraestructura, territorio y poder, en un
contexto de transición geopolítica y creciente fragmentación regional. Se concluye que las infraestructu-
ras estratégicas constituyen espacios privilegiados para analizar las transformaciones de la competencia
por la hegemonía mundial y los márgenes de autonomía, integración y soberanía de América Latina.
Palabras clave: Infraestructura, Disputas geopolíticas, Hegemonía, China, Estados Unidos.
ABSTRACT This article analyzes how the geopolitical dispute between the United States and China for global hegemo-
ny is expressed and materialized in the infrastructure strategies deployed in Latin America and the Caribbe-
an. From a perspective of political geography and international political economy, a qualitative and histor-
ical-interpretive approach is developed based on the analysis of specialized literature, ocial documents,
institutional information, and previous studies, complemented by a comparative analysis of the Panama
Canal and the port of Chancay as strategic infrastructures. The results show that infrastructure constitutes
a central material dimension of Sino-American competition, as ports, logistics corridors, and transportation
routes articulate strategies of accumulation, territorial control, and geopolitical projection. The analysis
also reveals a hardening of the US strategy of control and containment in the face of the growing Chinese
presence, while China expands its capacity to build and manage strategic logistics hubs in the region. The
cases analyzed allow us to identify a reconfiguration of the relationships between infrastructure, territory,
and power, in a context of geopolitical transition and increasing regional fragmentation. It is concluded that
strategic infrastructures constitute privileged spaces for analyzing the transformations of the competition
for global hegemony and the margins of autonomy, integration and sovereignty of Latin America.
Keywords: Infrastructure, Geopolitical disputes, Hegemony, China, United States.
RÉSUMÉ Cet article analyse comment le diérend géopolitique entre les États-Unis et la Chine pour l'hégémonie mon-
diale s'exprime et se matérialise dans les stratégies d'infrastructures déployées en Amérique latine et dans
les Caraïbes. Dans une perspective de géographie politique et d'économie politique internationale, une
approche qualitative et historico-interprétative est développée à partir de l'analyse de la littérature spé-
cialisée, de documents ociels, d'informations institutionnelles et d'études antérieures, complétée par une
analyse comparative du canal de Panama et du port de Chancay en tant qu'infrastructures stratégiques. Les
RECIBIDO: 8 DE JUNIO DE 2026 APROBADO: 3 DE SEPTIEMBRE DE 2026
PUBLICADO: 19 DE OCTUBRE DE 2026
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résultats montrent que les infrastructures constituent une dimension matérielle centrale de la compétition
sino-américaine, les ports, les corridors logistiques et les voies de transport articulant des stratégies d'ac-
cumulation, de contrôle territorial et de projection géopolitique. L'analyse révèle également un durcisse-
ment de la stratégie américaine de contrôle et d'endiguement face à la présence chinoise croissante, tandis
que la Chine développe sa capacité à construire et à gérer des plateformes logistiques stratégiques dans
la région. Les cas analysés permettent d'identifier une reconfiguration des relations entre infrastructure,
territoire et pouvoir, dans un contexte de transition géopolitique et de fragmentation régionale croissante.
Il apparaît que les infrastructures stratégiques constituent des espaces privilégiés pour analyser les trans-
formations de la compétition pour l'hégémonie mondiale et les marges d'autonomie, d'intégration et de
souveraineté de l'Amérique latine.
Mots-clés : Infrastructures, Diérends géopolitiques, Hégémonie, Chine, États-Unis.
RESUMO Este artigo analisa como a disputa geopolítica entre os Estados Unidos e a China pela hegemonia global se
expressa e se materializa nas estratégias de infraestrutura implementadas na América Latina e no Caribe.
A partir de uma perspectiva de geografia política e economia política internacional, desenvolve-se uma
abordagem qualitativa e histórico-interpretativa baseada na análise de literatura especializada, documen-
tos oficiais, informações institucionais e estudos prévios, complementada por uma análise comparativa do
Canal do Panamá e do porto de Chancay como infraestruturas estratégicas. Os resultados mostram que a
infraestrutura constitui uma dimensão material central da competição sino-americana, uma vez que por-
tos, corredores logísticos e rotas de transporte articulam estratégias de acumulação, controle territorial e
projeção geopolítica. A análise revela também um endurecimento da estratégia estadunidense de controle
e contenção diante da crescente presença chinesa, enquanto a China expande sua capacidade de construir
e gerenciar polos logísticos estratégicos na região. Os casos analisados permitem identificar uma recon-
figuração das relações entre infraestrutura, território e poder, em um contexto de transição geopolítica e
crescente fragmentação regional. Conclui-se que as infraestruturas estratégicas constituem espaços priv-
ilegiados para analisar as transformações da competição pela hegemonia global e as margens de autono-
mia, integração e soberania da América Latina.
Palavras-chave: Infraestrutura, Disputas geopolíticas, Hegemonia, China, Estados Unidos.
INTRODUCCIÓN
En el actual contexto de crisis global atravesamos
un escenario en el que se entrelazan procesos civi-
lizatorios de colapso, que siguiendo a Morín y Kern
(1999) conceptualizamos como una policrisis; que
articula crisis económicas, políticas, sociales, am-
bientales, tecnológicas, y un desgaste profundo de
la dominación de EE. UU. sobre el sistema mundo.
En tal sentido, la reconfiguración del orden mundial
en las primeras décadas del siglo XXI ha reaviva-
do debates clásicos en las diferentes disciplinas de
las Ciencias Sociales sobre la naturaleza de la he-
gemonía, su crisis y sus mutaciones. En este con-
texto, consideramos que los aportes de Robert Cox
en “Fuerzas Sociales, Estados y Órdenes Mundiales”
(2013) ofrecen un marco analítico particularmente
fértil para comprender las transformaciones en cur-
so. Desde una perspectiva crítica, Cox propone en-
tender el orden mundial no como un sistema estáti-
co, sino como una construcción histórica resultante
de la interacción entre fuerzas sociales, formas de
Estado y estructuras de producción. Esta tríada per-
mite analizar cómo las configuraciones hegemóni-
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cas emergen, se consolidan y eventualmente entran
en crisis.
La actual coyuntura internacional parece reflejar
precisamente una fase de transición hegemónica.
La prolongada primacía de Estados Unidos, soste-
nida no solo por su poder material sino también por
su capacidad de articular consensos institucionales
y normativos, muestra signos de desgaste. La crisis
financiera global, el cuestionamiento de los regíme-
nes multilaterales (inducido por el propio presidente
Donald Trump desde hace una década) y los fraca-
sos evidentes del modelo neoliberal han erosionado
los pilares de su liderazgo. Desde la óptica coxiana,
esto puede interpretarse como una desarticulación
entre las fuerzas sociales dominantes, las formas
estatales y el orden mundial que previamente ha-
bían convergido bajo la hegemonía estadounidense
luego de la Segunda Guerra Mundial.
En paralelo, el ascenso de China introduce un ele-
mento disruptivo en esta ecuación. Más que un sim-
ple desplazamiento de poder, el caso chino plantea
interrogantes sobre la posible emergencia de una
nueva configuración hegemónica o, alternativa-
mente, de un orden más fragmentado y multipolar,
que en el actual contexto podemos definir siguien-
do a Merino (2024) como un desorden multipolar.
La expansión económica y tecnológica de China,
junto con iniciativas como la Franja y la Ruta (Belt
and Road Initiative), sugiere la proyección de nue-
vas formas de articulación entre Estado, capital y
desarrollo que desafían las reglas del orden inter-
nacional.
En este escenario, América Latina adquiere una re-
levancia estratégica renovada como espacio de dis-
puta entre proyectos hegemónicos en pugna. Histó-
ricamente considerada
como zona de influencia de EE. UU., la región ha
experimentado en las últimas décadas una diversi-
ficación de sus vínculos externos, en la que China
ha ganado protagonismo como socio comercial,
inversor y prestamista. Desde el enfoque de Cox,
esta disputa no puede reducirse a una competencia
interestatal, sino que debe analizarse en términos
de cómo distintas fuerzas sociales —tanto internas
como transnacionales— se articulan con modelos
de desarrollo y formas estatales específicas en los
territorios latinoamericanos. Es decir, como un pro-
ceso histórico específico, distinto de los anteriores.
A lo largo de la historia del capitalismo, las princi-
pales potencias hegemónicas consolidaron su posi-
ción dominante a partir del control de las grandes
rutas de circulación comercial, energética y finan-
ciera a escala global. Desde las rutas marítimas del
Atlántico dominadas por los imperios ibéricos entre
los siglos XVI y XVII, pasando por la supremacía na-
val británica durante el siglo XIX, hasta la consoli-
dación de la hegemonía estadounidense en el siglo
XX mediante el control de corredores oceánicos,
puertos estratégicos y cadenas logísticas globales,
el dominio sobre las infraestructuras de circulación
constituyó un elemento central en la configuración
del poder mundial. En este sentido, la expansión del
capitalismo no puede comprenderse únicamente a
partir de la producción de mercancías, sino también
desde la capacidad de controlar los flujos que arti-
culan territorios, mercados y recursos a escala pla-
netaria (Arrighi, 1999; Harvey, 2004). Diversos auto-
res han señalado que las transiciones hegemónicas
históricas estuvieron estrechamente vinculadas con
la capacidad de las potencias dominantes para or-
ganizar y controlar redes de transporte, comercio y
circulación. Giovanni Arrighi (1999), retomando los
aportes de Fernand Braudel y de la teoría del sis-
tema-mundo, sostiene que cada ciclo sistémico de
acumulación implicó la consolidación de un nuevo
centro hegemónico capaz de reorganizar espacial-
mente los circuitos globales de acumulación. De ma-
nera complementaria, David Harvey (2004) plantea
que el capitalismo requiere permanentemente re-
solver sus crisis mediante la expansión geográfica
y la construcción de infraestructuras capaces de
acelerar la circulación del capital, lo que convierte a
los grandes sistemas técnicos y logísticos en com-
ponentes estratégicos de la reproducción del poder
económico y político.
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En las últimas décadas, la profundización de la
globalización neoliberal intensificó estos procesos
mediante la expansión de corredores bioceánicos,
hidrovías, puertos de aguas profundas, redes ferro-
viarias y plataformas logísticas orientadas a facilitar
la circulación de commodities y bienes primarios
hacia los mercados internacionales. Lejos de consti-
tuir obras meramente técnicas, estas infraestructu-
ras son expresiones materiales de proyectos geopo-
líticos y económicos que reorganizan territorios en
función de las
necesidades del capital global (Santos, 2000). Tal
como advierte Milton Santos, el espacio geográfi-
co contemporáneo se encuentra crecientemente
estructurado por sistemas técnicos que posibilitan
la fluidez necesaria para la acumulación, generando
profundas desigualdades territoriales y nuevas for-
mas de subordinación entre regiones y países.
En América Latina, estas dinámicas adquirieron
particular intensidad a partir del avance de políti-
cas de integración física regional impulsadas desde
organismos multilaterales y acuerdos interestatales,
orientadas a garantizar la circulación eficiente de
mercancías, energía y recursos naturales. Iniciati-
vas como la IIRSA (Iniciativa para la Integración de
la Infraestructura Regional Sudamericana), desde
comienzos del siglo XXI, y distintos proyectos de
corredores logísticos e hidrovías expresan la centra-
lidad estratégica que adquiere el control de las ru-
tas comerciales en el actual patrón de acumulación
extractivista. En este marco, las infraestructuras de
transporte no solo facilitan la inserción subordinada
de los territorios latinoamericanos en la economía
global, sino que también producen profundas trans-
formaciones socioambientales y conflictividades
territoriales asociadas al uso y apropiación de los
bienes comunes (Autor, 2021).
En tal sentido, durante las dos últimas décadas, la
disputa entre Estados Unidos y China se consolidó
como uno de los ejes centrales de la literatura so-
bre geopolítica contemporánea, dando lugar a un
amplio debate acerca de las transformaciones del
orden mundial y sus implicancias para América Lati-
na. Lejos de reducirse a una competencia comercial
o tecnológica, diversos autores y autoras sostienen
que este proceso expresa una transición histórica
más profunda, caracterizada por el agotamiento re-
lativo de la hegemonía estadounidense y el ascenso
de nuevas configuraciones de poder global. En este
marco, la infraestructura, los recursos estratégicos,
las cadenas logísticas y los corredores de circula-
ción adquirieron un papel creciente como instru-
mentos de proyección geopolítica y de disputa por
el control territorial, aunque su estudio no fue un
foco central de abordaje desde las ciencias sociales,
siendo aun un campo fértil de investigación al que
pretende aportar este artículo.
Haciendo un somero estado de la cuestión y pon-
derando estudios que consideramos centrales en la
retroalimentación teórica y analítica con el presente
trabajo, destacamos los aportes de Merino, Barre-
nengoa y Bilmes (2024) quienes, desde una pers-
pectiva de la economía política internacional, sos-
tienen que la actual coyuntura debe comprenderse
como un escenario de "(des)orden mundial", en el
que la emergencia de China cuestiona la arquitectu-
ra institucional, económica y geopolítica construida
bajo el liderazgo estadounidense desde la segunda
posguerra. En esta interpretación, la disputa entre
ambas potencias trasciende la competencia comer-
cial y expresa una confrontación por la reorganiza-
ción del sistema internacional, en la que convergen
conflictos tecnológicos, financieros, energéticos,
militares y territoriales. América Latina deja así de
constituir un espacio periférico para convertirse
nuevamente en un escenario estratégico de dicha
competencia.
Claudio Katz (2024) interpreta esta rivalidad si-
no-estadounidense como una expresión de las
transformaciones del capitalismo contemporáneo y
de las tensiones derivadas del ascenso económico
y tecnológico de China. Su análisis problematiza las
caracterizaciones simplificadas del gigante asiático y
propone comprender la disputa desde las dinámicas
del desarrollo desigual, las relaciones interestatales
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y las nuevas formas que asume el imperialismo en
el siglo XXI. Desde esta perspectiva, la competencia
por mercados, tecnologías e inversiones no puede
desvincularse de la expansión de grandes proyectos
de infraestructura que reorganizan los flujos globa-
les de mercancías, capitales y energía. En el mismo
sentido, Ghiotto y Slipak (2019) abonan a esta discu-
sión al examinar las modalidades contemporáneas
de inserción latinoamericana en la economía mun-
dial. Sus investigaciones muestran que la expansión
de las inversiones chinas en la región no constituye
un fenómeno exclusivamente financiero, sino que
se articula con nuevas formas de especialización
productiva, de inserción en las cadenas globales de
valor y de reorganización territorial. En este sentido,
la infraestructura aparece como condición material
para garantizar la circulación de mercancías, reducir
costos logísticos y consolidar corredores de expor-
tación vinculados principalmente con recursos na-
turales y productos primarios.
Esta lectura dialoga con los trabajos de Bruckmann
(2011, 2018), quien analiza la creciente centralidad
geopolítica de los recursos naturales estratégicos
en el contexto de la transición del sistema mundial.
Para la autora, la disponibilidad de agua dulce, bio-
diversidad, minerales críticos, hidrocarburos y ali-
mentos convierte a América Latina en un espacio
privilegiado dentro de las disputas contemporáneas
por el control de recursos indispensables para la re-
producción del capitalismo global. En consecuencia,
la infraestructura deja de responder exclusivamen-
te a objetivos de integración territorial o desarro-
llo económico, para convertirse en un componente
central de las estrategias de apropiación, circula-
ción y valorización de dichos recursos por parte del
empresariado de las principales potencias.
Por último, David Herrera Santana (2019) propone
interpretar la infraestructura como una forma de
"poder infraestructural". A partir del análisis de la
Iniciativa de la Franja y la Ruta (Belt and Road Initia-
tive, BRI), el autor sostiene que las grandes obras de
transporte, energía y conectividad constituyen ins-
trumentos de articulación geopolítica que permiten
reorganizar territorios, fortalecer áreas de influencia
y proyectar poder más allá de las fronteras naciona-
les. Desde esta perspectiva, la infraestructura deja
de ser concebida únicamente como soporte técnico
del desarrollo para transformarse en un dispositivo
estratégico de construcción territorial y de compe-
tencia entre potencias.
En conjunto, estos enfoques coinciden en señalar
que la disputa entre Estados Unidos y China no se
limita al comercio internacional o a la competencia
tecnológica, sino que se territorializa mediante in-
versiones, financiamiento, infraestructura y control
de recursos estratégicos. Si bien existen diferencias
respecto del carácter que asume el ascenso chino
y de sus implicancias para los países periféricos, la
literatura converge en reconocer que la reorganiza-
ción de corredores bioceánicos, redes portuarias,
hidrovías, sistemas energéticos y plataformas logís-
ticas constituye uno de los principales mecanismos
a través de los cuales se materializa la competencia
geopolítica contemporánea. Así, la creciente pre-
sencia china en sectores estratégicos no solo rede-
fine las relaciones económicas, sino que también
incide en las configuraciones políticas y sociales de
la región. Al mismo tiempo, EE. UU. reconfigura su
influencia mediante mecanismos fundamentalmen-
te comerciales (la proliferación de Tratados de Libre
Comercio y Tratados Bilaterales de Inversión) y de
seguridad que reflejan tanto continuidades como
adaptaciones frente al nuevo contexto global. La
tensión entre ambos actores se expresa, entonces,
en una disputa por la configuración de los órdenes
regionales, en la que América Latina no debería ser
un mero escenario, sino un espacio de negociación
y resistencia para evitar la reproducción de la con-
dición de periferia subordinada y construir un hori-
zonte de autonomía y soberanía.
En el presente escrito se busca actualizar un tema
de investigación en el que venimos indagando en
los últimos años, mediante la elaboración de nue-
vas preguntas. A partir de un abordaje que analiza
las relaciones de poder que se dan entre distintos
Estados y múltiples actores, buscamos poder dar
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cuenta de cómo en la región latinoamericana y ca-
ribeña se han dado profundas transformaciones en
cuanto al diseño, la planificación y el financiamiento
de la infraestructura y cómo ello ha repercutido en
los procesos recientes de integración regional.
En este marco, el objetivo general de este artículo es
analizar cómo la disputa geopolítica entre Estados
Unidos y China por la hegemonía global se expresa
y materializa en las estrategias de infraestructura
desplegadas en América Latina y el Caribe, aten-
diendo particularmente a las transformaciones de
los corredores de circulación, los nodos logísticos
y las infraestructuras estratégicas. Desde esta pers-
pectiva, el trabajo busca actualizar el análisis de la
relación entre infraestructura, territorio y poder a
partir de las transformaciones recientes del orden
mundial y de la creciente centralidad que adquiere
la dimensión infraestructural en la competencia en-
tre ambas potencias.
Para alcanzar este objetivo, el artículo se propone,
en primer lugar, reconstruir las principales transfor-
maciones de las estrategias de Estados Unidos y
China hacia América Latina y el Caribe, situándolas
en el marco de la transición geopolítica contem-
poránea. En segundo lugar, analizar el papel de la
infraestructura como dimensión material de las es-
trategias de acumulación, circulación y proyección
de poder, atendiendo a las relaciones entre Estado,
capital y territorio. En tercer lugar, examinar com-
parativamente el Canal de Panamá y el puerto de
Chancay como casos que permiten observar la dis-
puta por el control de corredores y nodos estraté-
gicos de circulación, identificando convergencias,
diferencias y tensiones entre las estrategias desple-
gadas por Estados Unidos y China.
A partir de estos objetivos, el trabajo se estructu-
ra en torno a las siguientes preguntas de investi-
gación: ¿de qué manera la disputa entre Estados
Unidos y China por la hegemonía global se mate-
rializa territorialmente a través de las infraestruc-
turas estratégicas en América Latina y el Caribe?
¿Qué transformaciones presentan las estrategias
de ambas potencias en relación con el control de
corredores, nodos logísticos y recursos estratégicos
de la región? ¿En qué medida el análisis del Canal
de Panamá y del puerto de Chancay permite iden-
tificar nuevas formas de competencia geopolítica y
de articulación entre infraestructura, acumulación
y poder territorial? Y finalmente, en dicho marco,
¿qué consecuencias se vislumbran en relación a los
procesos de integración regional pensados en clave
de soberanía y autonomía?
Entre los distintos antecedentes que se ponen en
juego, consideramos la infraestructura como parte
de la materialización de los grandes cambios que
se dan a nivel geopolítico. Por ello, nos detenemos
a analizar, por un lado, el acuerdo firmado recien-
temente sobre comercio e inversiones recíprocas
entre Argentina y EE. UU. —en febrero de 2026— en
el marco de un vínculo histórico entre la región lati-
noamericana y EE. UU. Por otro lado, abordamos la
relación que China ha entablado con la región en el
primer cuarto del presente siglo para detenernos a
analizar, en particular, los proyectos de infraestruc-
tura. Por eso, tendremos en cuenta la Iniciativa BRI
promovida por la República Popular China (RPC) a
partir del año 2017 para los países de nuestra re-
gión.
Proponemos la siguiente estructura: en primer lu-
gar, presentamos las principales claves analíticas
para abordar la cuestión de la infraestructura en tér-
minos de la geopolítica reciente. Buscamos dialogar
con estudios e investigaciones previas y recuperar
aportes teóricos de distintos autores y autoras que
ponen en juego sus miradas para analizar las rela-
ciones entre espacio, poder e infraestructura desde
una visión actual. En segundo lugar, analizamos el
desgaste y desgranamiento de las bases materiales
con las que EE. UU. garantizó su preeminencia en el
orden internacional con posterioridad a la segunda
posguerra. En tercer lugar, abordamos el acuerdo
de comercio e inversiones firmado entre EE. UU. y
Argentina en febrero del 2026 como expresión de
la actual estrategia estadounidense para con el he-
misferio occidental. Teniendo en cuenta el Corolario
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Trump de la Doctrina Monroe y la recientemente
difundida Estrategia de Seguridad Nacional 2025-
2026, caracterizamos el cambio de paradigma que
esto implica para los países de la región latinoame-
ricana y caribeña en términos de la profundización
de la estrategia territorialista. En cuarto lugar, inda-
gamos en el proceso sistemático de acercamiento
que China ha tenido con la mayoría de los países
de la región latinoamericana y caribeña para dar
cuenta de sus principales características, órganos
de financiamiento y actores involucrados. Por úl-
timo, buscamos reflexionar en torno a la disputa
geopolítica entre China y EE. UU. con énfasis en la
infraestructura, y así problematizar las distintas es-
trategias y planes que ambos actores proyectan a
nivel territorial. Finalizamos el escrito con algunas
conclusiones a modo de cierre.
DESARROLLO
1. Antecedentes y claves para pensar la infraestruc-
tura regional
En el presente artículo, buscamos subrayar la re-
levancia de la infraestructura para observar cómo
se materializa la competencia geopolítica entre EE.
UU. y China y cómo ello incide en nuestra región.
Para ello, presentamos algunas claves analíticas
para situar la presente transición histórico-social
desde sus singularidades, así como recuperar cier-
tas regularidades propias del estudio de las relacio-
nes de poder a nivel mundial. El ejercicio de histo-
rizar contribuye en la construcción de una mirada
acerca de la actual coyuntura en un marco de crisis
y transiciones previas, situaciones de caos sistémi-
co y momentos de cambios geográficos del centro
de acumulación del capital (Arrighi, 1999). A su vez,
desde esta perspectiva se pone el foco también en
los cambios en el equilibrio de poder entre los Esta-
dos, entre Estados y empresas, entre civilizaciones
occidentales y no occidentales (por tratarse del fin
de cinco siglos de dominio occidental del sistema
mundo moderno) y en las condiciones de trabajo de
los grupos subordinados (Arrighi y Silver, 2011). Es-
tos elementos resultan en un encuadre que plantea
herramientas valiosas para pensar la dinámica del
siglo XXI y su estudio desde la dimensión de la in-
fraestructura.
En primer lugar, si nos detenemos en las regulari-
dades, tomamos el concepto propuesto por Giovani
Arrighi (1999) en torno a las transiciones hegemóni-
cas en el capitalismo histórico como sistema-mun-
do, para referir a dos momentos claves: la transición
de la hegemonía holandesa a la británica en el siglo
XVIII y la transición de la hegemonía británica a la
estadounidense propia de finales del siglo XIX e ini-
cios del largo siglo XX (Arrighi y Silver, 2001). Aho-
ra bien, en cada ciclo, los procesos de acumulación
tuvieron sus bases materiales en el comercio y las
finanzas —en el caso de la hegemonía holandesa—
y en la industrialización y el control vía territorios
—en el caso de la británica (Arrighi, 1999; Arrighi y
Silver, 2001).
En segundo lugar, entre las singularidades del pre-
sente ciclo de hegemonía en las que indagamos
para pensar la infraestructura destacamos, por un
lado, la decadencia de EE. UU. en tanto potencia
unipolar, que presenta limitaciones para sostener el
orden geopolítico que diseñó. Y, por otro lado, el
auge de Asia Oriental, con el liderazgo de China en
el ciclo de acumulación (Arrighi, 2007). Asimismo,
la idea de caos sistémico refiere al proceso mismo
que transitamos en el presente ciclo, en el cual se
sostiene una situación de inestabilidad mundial,
con distintas situaciones de guerra mundial híbrida
(Merino et al, 2024), que no terminan por definir
un nuevo orden. Aquí cabe la pregunta por el tipo
de orden institucional que va a emerger a partir
de los cambios y configuraciones del poder a nivel
mundial. Al no haber una respuesta en el presente,
proponemos integrar a estas miradas los aportes
de Cox para continuar pensando en las dinámicas
de disputa y en las relaciones de poder a nivel glo-
bal. Su estudio, en tanto teoría crítica, nos permite
subrayar la relevancia que asumen tanto la dimen-
sión como el poder material en el proceso de creación
de nuevos órdenes mundiales (Cox, 2013). Siguiendo la
perspectiva histórica aquí propuesta, es posible pen-
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Infraestructura, poder y disputas por la hegemonía: Estados Unidos y China en la América Latina del siglo XXI
Álvarez y Barrenengoa
sar distintas estructuras de poder, en tanto estruc-
turas sociales, políticas y económicas que varían de
acuerdo con los procesos históricos. El autor con-
juga una mirada sobre el poder en la esfera de la
producción, en el Estado y en las relaciones interna-
cionales, sin que ninguna de estas tenga mayor pre-
ponderancia sobre otra en términos explicativos. En
sintonía con Antonio Gramsci, Cox también propo-
ne una definición del concepto de hegemonía que
nos sirve para pensar los aspectos que sostienen un
orden no solo por la fuerza, es decir, instituciones
y reglas que acompañan el ejercicio de la coerción.
Además, hace alusión a momentos de crisis de he-
gemonía —como el presente—, en los cuales se in-
tensifican los conflictos, la competencia interestatal
y entre corporaciones, generando condiciones para
el surgimiento de nuevas configuraciones de poder
(Cox, 2013).
Proponemos poner en diálogo estas teorías con
lecturas más recientes como la de Gabriel Merino
(2024), quien nos invita a pensar en la hegemonía
no solo en tanto orden necesario para la relación
entre los Estados, compuesta de valores, de re-
glas y de formas de organización, sino también en
el componente material que le otorga un modelo
de producción dominante —en relación con otros
subordinados. En la fase actual de caos sistémico
que atravesamos emergen en otros actores de peso
mundial que desequilibran el histórico poder unipo-
lar anglosajón. En paralelo, el concepto de Guerra
Mundial Híbrida nos habilita a comprender la mul-
tiplicidad de terrenos en los cuales se dan las dis-
putas por la hegemonía en el presente, y con dos
actores protagonizando algunas de estas tensiones:
EE. UU. y China. Entre las distintas áreas donde esta
disputa se juega, tales como la diplomacia, la carre-
ra tecnológica, el comercio, las finanzas, la guerra
de monedas, entre otras, la infraestructura ocupa
un lugar destacado en el proyecto de expansión y
desarrollo de ambos.
En este sentido, para pensar el desarrollo en clave
geopolítica (Merino, 2024) es importante indagar en
los modos en los que actores como China avanzan
en la construcción de alternativas al monopolio fi-
nanciero y tecnológico del Norte Global. La inicia-
tiva BRI que plantea desde 2013 el desarrollo de la
infraestructura para conectar zonas de Asia orien-
tal y occidental con África, e incorpora en 2017 las
regiones de América Latina y el Caribe, expresa
la impronta del gigante asiático. Por eso, vincula-
mos este encuadre teórico basado en una mirada
histórica con otras claves para analizar cómo esto
se proyecta en los territorios latinoamericanos, y
así intentar caracterizar y comprender las disputas
actuales por la hegemonía y su expresión en los
conflictos territoriales. En particular, los sectores de
transporte y energía posibilitan ver cómo China ha
desplegado una estrategia sostenida de vinculación
con la región latinoamericana y caribeña desde los
primeros años del siglo XXI en materia de infraes-
tructura. Al mismo tiempo, el ascenso de China y
sus avances en el comercio mundial han conllevado
nuevas tensiones geopolíticas y reconfiguraciones
de distinto tipo, al chocar con lógicas de acumula-
ción hegemonizadas históricamente por actores del
Norte Global. En este sentido, el modo en el que
se ha implementado el modelo portuario en los
Estados latinoamericanos da cuenta —como afir-
ma Peyrelongue (2010)— de las desigualdades, los
condicionantes y las singularidades, propias de una
región periférica.
El sistema de movimiento mundial de cargas se
organiza desde nodos de transferencia de expor-
taciones e importaciones que están dinamizados
por los grandes centros de producción y consumo,
donde la logística terrestre está subordinada a la
marítima. Al respecto Tancredi y otros, afirman que
el transporte marítimo de mercancías responde a
las tendencias que son parte del proceso global de
conformación de un desarrollo geográfico-histórico
desigual (Tancredi et al, 2019). El proceso de frag-
mentación territorial de la producción de bienes, los
flujos del comercio de mercancías (su crecimiento
exponencial desde inicios del siglo XXI) y el trans-
porte marítimo se mueven en forma articulada, ya
que el 90% del comercio mundial (en volumen) y
el 70% (en valor) se realizan por vía marítima. Por
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ello, la fragmentación global de la producción que
se genera con la conformación de cadenas globales
de producción y el desarrollo de sistemas multimo-
dales de transporte internacional conducen a una
reorganización de los puertos (Tancredi et al, 2019).
Cabe entonces preguntarse por el carácter que pre-
sentan las reconfiguraciones producto de la expan-
sión china en la región, y por sus rasgos específicos
en cuanto a inversiones en infraestructura regional.
Al respecto, existe un debate entre distintos autores
que abordan la temática, que abre discusiones de
distinto nivel. Por un lado, David Herrera Santana
sitúa el proyecto chino de la Franja y la Ruta como
un ejemplo de la dinámica fragmentaria, diferencial
y desigual del espacio (2019). Es decir, utiliza las
ideas de “poder infraestructural” y “geopolítica de
la fragmentación” para caracterizar la lógica propia
de China que se expresa en Eurasia, África y Amé-
rica Latina en términos de interconexión y no de in-
tegración. De esta manera, homologa las dinámicas
del capitalismo chino con aquellas dinámicas pro-
pias de la fase neoliberal del capitalismo mundial,
como parte de las lógicas más generales del mo-
delo de acumulación capitalista posterior a la crisis
de 1970, afirmando que profundizan las relaciones
de dependencia histórica de América Latina. Es de-
cir, vislumbra en las estrategias de distintos actores
hoy, puntos de “igualación” y “articulación logísti-
ca” (Herrera Santana, 2019: 49) para articular lo que
está segmentado. Según su análisis, la iniciativa BRI
se corresponde con una nueva conformación frag-
mentaria del espacio conformada por una red de
infraestructura multimodal —de interconexión ma-
rítima, territorial y digital— que facilita el flujo de
capitales, comercio, personas y mercaderías. Dicha
iniciativa busca además generar condiciones para
evitar la sobreproducción y habilitar la reproducción
del capitalismo y los capitales chinos en el marco de
lo que considera una “disputa intercapitalista”.
Por otro lado, Javier Vadell, Daniela Secches y Ma-
riana Burger (2019) matizan esta mirada afirman-
do en primer lugar que la iniciativa china desafía la
globalización neoliberal, lo cual sitúa la relevancia
de esta para el Sur Global en otro plano. Esta pri-
mera idea sirve como marco para señalar algunas
diferencias entre el modo de proyección espacial
que China propone como parte de la globalización
contemporánea, que denominan “globalización ins-
titucionalizada” (Vadell, Secches, Burguer, 2019: p.
46) y el modo neoliberal. Lo cual refiere a la red de
instituciones mediante las cuales esta vertebra su
estrategia de expansión de sus capitales a partir de
las inversiones en infraestructura; el Banco Asiático
de Inversiones en Infraestructura (BAII), el Nuevo
Banco de Desarrollo (NBD), el Acuerdo de Reser-
vas de Contingencias (ARC) y el Fondo de la Ruta
de la Seda (FRS). En la misma línea este grupo de
autores sostienen que otro de los rasgos específi-
cos del modo en el que China lanza su estrategia de
desarrollo y expansión territorial es su carácter es-
tatal en el control de esta red de instituciones, junto
con otro elemento igualmente relevante: el carácter
físico y productivo de las inversiones en infraestruc-
tura. Marcando una diferencia con la globalización
neoliberal, mayormente centrada en la primacía del
capital financiero, destacan un proceso de “globali-
zación institucionalizada con características chinas
a escala global” (Vadell, Secches y Burguer, 2019:
p. 51). Esto no implica el abandono de los principios
liberales, sino que introduce otros elementos que se
corresponden con los objetivos que China tiene a
partir de sus distintos corredores.
En síntesis, en un mundo en el cual las vías maríti-
mas y la infraestructura siguen teniendo una rele-
vancia estratégica para el comercio y la economía
mundiales, poder identificar y distinguir las estrate-
gias y los modos en los cuales tanto EE. UU. como
China proyectan su poder a nivel territorial resulta
clave y refuerza la necesidad de reflexionar en torno
al sentido geopolítico de la infraestructura.
Un ejemplo muy actual de ello son las tensiones
que existen desde inicios del año 2026 en torno
al estrecho de Ormuz; las reiteradas amenazas de
Trump por su “reapertura” ante el control por parte
de Irán —y el cobro de peajes— y las consecuencias
materiales en la economía de EE. UU. a partir del
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aumento del barril de crudo y de la inflación. Como
contraparte, China continúa comprando gran par-
te del crudo iraní, algo que Trump no puede evitar.
Estas tensiones afectan al conjunto de la economía
global.
Por ello, las claves aquí presentadas son contribu-
ciones teóricas y metodológicas para reflexionar
acerca de las dinámicas espaciales actuales y pre-
guntarnos por los modos que asume la disputa he-
gemónica en el presente, con foco en la infraestruc-
tura de nuestra región.
El desgaste material de la dominación de EE. UU.
en el sistema mundo
Los órdenes mundiales emergen de configuraciones
históricas específicas en las que se articulan fuerzas
sociales, formas de Estado y estructuras de pro-
ducción. La hegemonía, en este marco, se susten-
ta en una combinación de capacidades materiales,
instituciones y formas de consenso que permiten
la universalización de intereses particulares (Cox,
2013). En diálogo con este enfoque, Arrighi (2007)
interpreta las transiciones hegemónicas como des-
plazamientos del centro de acumulación sistémica,
en los cuales emergen nuevas geografías del poder
económico y político.
En este sentido, el ascenso de China puede leerse
como un proceso de reconfiguración estructural
que, en múltiples dimensiones, ha erosionado —y
en ciertos aspectos superado— las bases materiales
de la hegemonía estadounidense. Ahora bien, una
paradoja es que la estrategia de EE. UU. destinada
a “contener” a China también contribuyó en su pro-
ceso de transformación y expansión económico-fi-
nanciera y tecnológica. Dicha política no distingue
gobiernos demócratas de republicanos ya que se
materializa en la administración de Barack Obama
(2009-2017), y luego con la primera presidencia
de Trump en 2017. Es en ese momento cuando se
termina por definir a China como competidor es-
tratégico y se lanzan distintas estrategias de guerra
comercial que incluyen los aumentos de aranceles,
las restricciones al comercio en sectores críticos (y
estratégicos) y las sanciones, entre varias otras.
No obstante, más allá de estas presiones, no se lo-
graron los resultados esperados y China continuó
su proceso acelerado de crecimiento y expansión
desarrollando capacidades propias en áreas como
industria (Programa Made in China), seguridad eco-
nómica, inteligencia artificial, telecomunicaciones y
semiconductores. En un marco de revolución tec-
noproductiva donde la infraestructura es una di-
mensión central, estas capacidades le habilitaron a
China mayores márgenes de autonomía tecnológica
y, por ende, mayor seguridad en términos económi-
cos (Merino et al, 2024). Tomamos como indicado-
res 5 dimensiones en las que China posiciona su li-
derazgo en el orden global, con profundos impactos
sobre las periferias: la producción manufacturera, el
crecimiento económico, el dominio de las tecnolo-
gías críticas, la densidad demográfica y la inversión
en infraestructura.
En primer lugar, China se ha consolidado como el
principal centro manufacturero del sistema mun-
dial. Según datos del Banco Mundial (2023), el país
representa aproximadamente el 28–30% del valor
agregado manufacturero global, superando amplia-
mente a EE. UU. Este predominio no es únicamente
cuantitativo: estudios recientes muestran una cre-
ciente sofisticación tecnológica en sus exportacio-
nes y en su inserción en cadenas globales de valor
(Organización de Naciones Unidas para el Desarro-
llo Industrial, UNIDO, 2022). En términos coxianos,
esto implica una reorganización de las fuerzas pro-
ductivas a escala global, desplazando el núcleo in-
dustrial histórico hacia Asia oriental.
En segundo lugar, el dinamismo económico chino
continúa siendo un factor central. Aunque su cre-
cimiento se ha desacelerado respecto a décadas
anteriores, acompañando una tendencia mundial,
mantiene tasas cercanas al 5%, superiores a las de
las economías desarrolladas como las de EE. UU.
que crece a un ritmo de entre el 2 y el 2.5% (Fon-
do Monetario Internacional, 2024). En términos de
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paridad de poder adquisitivo China ya represen-
ta cerca del 19% del PBI mundial, superando a EE.
UU. (Banco Mundial 2023). Desde la perspectiva de
Arrighi, este desplazamiento del dinamismo econó-
mico hacia China sugiere que asistimos a una tran-
sición del centro de acumulación global, y en dicho
proceso estamos.
En tercer lugar, China ha avanzado significativa-
mente en el dominio de tecnologías críticas. De
acuerdo con la World Intellectual Property Organi-
zation (2023), el país lidera el mundo en solicitu-
des de patentes, especialmente en sectores como
telecomunicaciones, inteligencia artificial y energías
renovables. Asimismo, China logró hitos históricos
en innovación durante 2025, con la inversión en in-
vestigación+desarrollo (I+D) que superó los 3,92 bi-
llones de yuanes (569 000 millones de dólares) en
2025, ocupando el 2,8% del PIB, según el ministro
de Ciencia y Tecnología, Yin Hejun (Xinhua Español,
3/2026). Las mediciones más favorables a China di-
cen que ya domina 37 de las 44 tecnologías estra-
tégicas.
En cuarto lugar, China cuenta con el mayor merca-
do interno del mundo, con una población superior
a los 1400 millones de habitantes. Este factor le
permite combinar su rol como principal exportador
global con una creciente centralidad como mercado
de consumo. El consumo interno se ha convertido
en un motor clave del crecimiento. La magnitud de
este mercado fortalece la articulación entre Estado
y fuerzas sociales, incrementando la autonomía re-
lativa frente a la economía mundial.
Finalmente, China lidera la inversión en infraestruc-
tura global a través de la Iniciativa BRI. Desde su
lanzamiento en 2013, más de 140 países han par-
ticipado en proyectos vinculados con esta iniciati-
va (Banco Mundial, 2019). La BRI no solo implica
financiamiento de infraestructura, sino también la
construcción de corredores económicos que re-
configuran los flujos comerciales y financieros glo-
bales. Este proyecto puede interpretarse como un
intento de articular capacidades materiales con la
construcción de consensos, proyectando una forma
emergente de orden internacional en el futuro. En
la cumbre CELAC + China el gigante asiático anun-
ció la inversión de 250 000 millones de dólares en
obras de infraestructura para América Latina con
prioridad en energía y corredores bioceánicos (Au-
tor, 2021).
En conjunto, estas dimensiones sugieren que China
ha acumulado un conjunto de capacidades materia-
les que rivalizan —y en ciertos aspectos superan—
las de EE. UU.: liderazgo manufacturero, dinamismo
económico, capacidad tecnológica, escala de mer-
cado y proyección infraestructural. Sin embargo, no
se trata de una competencia interestatal sino que
responde a transformaciones más profundas en tér-
minos de hegemonía. Como advierte Cox, la hege-
monía no se define exclusivamente por la primacía
material, sino también por la capacidad de articular
un bloque histórico capaz de universalizar sus inte-
reses. En línea con Arrighi, el interrogante central no
es solo si China ha alcanzado la primacía material,
sino si podrá traducir este poder en una forma de li-
derazgo hegemónico estable en el sistema mundial.
El diagnóstico hoy es de un desorden multipolar
expresado en una guerra global, híbrida y fragmen-
tada (Merino, 2024) en la que EE. UU. busca repo-
sicionarse, por diversos medios, en las economías y
en el control de los recursos estratégicos de Amé-
rica Latina. Aún resta observar cómo estas tenden-
cias continúan en el tiempo enfocándonos en todos
estos aspectos.
1. La infraestructura en el acuerdo sobre comercio
e inversiones entre EE. UU. y Argentina.
Argentina y EE. UU. firmaron el 5 de febrero de 2026
un acuerdo sobre comercio e inversiones recíprocas
que desde su diseño profundiza las relaciones eco-
nómicas desiguales y facilita el comercio bilateral
en beneficio de las corporaciones norteamericanas,
para lo cual el financiamiento de infraestructura “es-
tratégica” es un aspecto fundamental. Es importante
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remarcar que el acuerdo presenta una fuerte asi-
metría: Argentina asume al menos 113 obligaciones
específicas frente a solo 7 compromisos principales
de EE. UU.
Asistimos a un proceso que podemos denominar el
corolario Trump de la Doctrina Monroe en materia
de infraestructura. Si nos situamos desde la Doctri-
na Monroe de 1823 —más particularmente desde su
Corolario Roosevelt (1904) que habilitaba la inter-
vención en países latinoamericanos—, se han dado
distintos ciclos oscilantes en los que hubo zanaho-
rias y garrotes en pos de garantizar que el territorio
continental sea monitoreado por EE. UU. Bajo el pa-
raguas de “América para los americanos”, se ha in-
tentado limitar la presencia europea y avanzar en la
construcción de una hegemonía que ha tenido más
dominación por la vía de la coerción que mediante
el consenso. Con mayor fuerza luego de la Segunda
Guerra Mundial, y bajo la idea de defensa o de se-
guridad interior, las distintas administraciones esta-
dounidenses han buscado controlar y llevar a cabo
su proyecto expansionista a nivel global, pero con
especificidades en el territorio continental.
En el presente siglo EE. UU. ha reactualizado su
posición en búsqueda de sostener su supremacía
continental con dicho corolario incorporado a su Es-
trategia de Seguridad Nacional 2025-2026. Allí se
postula el dominio del hemisferio occidental como
parte necesaria para su proyecto MAGA (“Make
America Great Again”). Además, se formaliza el
pasaje de un imperialismo de tipo informal a uno
más decididamente territorialista, es decir, define al
continente americano como ámbito para el ejerci-
cio del dominio exclusivo de Washington. Asimis-
mo, con el objetivo de reducir la dependencia de
las cadenas de suministro dominadas por China, EE.
UU. compite con el país asiático en su búsqueda por
reposicionarse en zonas de influencia que le permi-
tan el acceso a distintos recursos e insumos críticos.
Ahora bien, para comprender cómo ha avanzado
este proceso en la región, es relevante considerar
los períodos en los cuales se sostuvieron iniciativas
de integración regional que lograron articular algu-
nos objetivos en común ante el avance de intereses
externos. Con esto nos referimos a las diferentes
etapas que ha habido en términos de los proyec-
tos de integración y desarrollo conjuntos, que, con
sus matices, límites y contradicciones buscaron am-
pliar los márgenes de maniobra y otorgar de una
relativa autonomía política a la región (Autor, 2021).
Sin embargo, luego del ciclo de regionalismo post-
liberal la región sufre consecuencias importantes
en términos de infraestructura; tales como el sos-
tenimiento de las asimetrías regionales; la falta de
infraestructura que conecte a nivel intrarregional;
y un cambio importante en las condiciones
macroeconómicas que favorecieron estas diná-
micas en el período conocido como “boom de los
commodities”, previo a la crisis financiera global.
Desde los años 2014 y 2015 la región presenta un
grave proceso de desaceleración del crecimiento y
un estancamiento que en el presente atraviesa a la
mayoría de los 33 países de la región —agravado
por los impactos de la guerra en la volatilidad inter-
nacional, la inflación y el aumento de precios de la
energía y los alimentos. Con el regreso de Donald
Trump a la presidencia de EE. UU., se inaugura un
nuevo período en la competencia con China. Ejerce
una política de mayor control y presencia en Améri-
ca Latina buscando erosionar las aspiraciones asiá-
ticas en la región, fundamentalmente en la infraes-
tructura para el control de los recursos estratégicos.
Signo de ello fue el retiro de Panamá de la Iniciativa
BRI luego de las presiones de EE. UU., a comienzos
del 2025, y la aplicación de cláusulas “antichina” en
diversas iniciativas, acuerdos y tratados. El comu-
nicado oficial argentino que acompañó la firma del
acuerdo bilateral con EE. UU. precisa áreas estra-
tégicas en las que dicho acuerdo buscaría actuar:
“[el tratado] …tiene como objetivo reducir barreras
arancelarias y no arancelarias, facilitar el comercio
de bienes y servicios, modernizar los procedimien-
tos aduaneros y promover la inversión en sectores
estratégicos como la energía, los minerales críticos,
la infraestructura y la tecnología.” (Oficina del Pre-
sidente de la República Argentina, comunicado N.º
131, 5/2/2026)
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En el artículo 5.1.1 del acuerdo se plantea que:
“Argentina debe permitir y facilitar las inversiones
de EE. UU. en su territorio para explorar, explotar,
extraer, refinar, procesar, transportar, distribuir y
exportar minerales críticos y recursos energéticos
y de proveer la generación de energía, telecomuni-
caciones, transporte y servicios de infraestructura
en términos no menos favorables que los que otor-
gue a sus propios inversionistas en circunstancias
similares y regulará dichas inversiones conforme
a las normas mínimas del derecho internacional”.
(Acuerdo EE. UU.- Argentina [traducción nuestra],
2026, pp. 6).
Este principio de trato nacional se profundiza al
establecer que el Estado argentino deberá otorgar
un tratamiento preferencial a las inversiones prove-
nientes de EE. UU. —en el marco del RIGI— lo que
implicaría agilizar los tiempos de aprobación de
proyectos, facilitar la obtención de permisos am-
bientales y ofrecer condiciones fiscales y operati-
vas favorables. En este contexto, el acuerdo tiende
a promover la inserción del capital estadounidense
y su incidencia en los marcos regulatorios con el
objetivo de remover trabas administrativas y jurí-
dicas. Incluso contempla la posibilidad de destinar
recursos a obras de infraestructura que garanticen
el ingreso de empresas de EE. UU. a sectores estra-
tégicos como la minería. De este modo, se plantea
que el gobierno nacional podría verse presionado
a intervenir en conflictos socioterritoriales o a ne-
gociar con autoridades provinciales y municipales
para viabilizar dichas inversiones. El documento ofi-
cial menciona sectores como energía, minerales crí-
ticos e infraestructura como áreas prioritarias para
atracción de inversiones bajo el tratado. Esto tiene
una relevancia especial para la infraestructura física
(vías de transporte, sistemas energéticos, proyectos
mineros y logísticos) y para las actividades extrac-
tivas de bienes comunes naturales. En contextos
donde la apertura a capital extranjero se articula
con política de inversión pública/privada en infraes-
tructura, estos compromisos operan como mecanis-
mos que pueden:
• Promover la readaptación de las redes logísticas
(puertos, transporte, energías) necesarias para la
exportación hacia los centros de producción vin-
culados con el norte global.
• Incentivar proyectos extractivos de minerales crí-
ticos y energía ligados tanto a mercados globales
como a la demanda de EE. UU.
• Integrar inversiones de capital norteamericano
en infraestructura productiva, donde el extrac-
tivismo (agrícola, minero, energético) tiene un
peso significativo.
Un punto central del acuerdo, como en toda inicia-
tiva que tenga como objetivo el desarrollo de mega
obras de infraestructura, es el financiamiento inter-
nacional. El acuerdo señala que los EE. UU. traba-
jará a través de sus instituciones, como el Banco
de Exportación e Importación de Estados Unidos
(EXIM Bank) y la Corporación Financiera Interna-
cional para el Desarrollo (DFC) para considerar el
apoyo a la financiación de inversiones en sectores
críticos de Argentina en colaboración con socios
del sector privado estadounidense. Esta cláusula
prevé explícitamente que instituciones financieras
norteamericanas puedan participar en la financia-
ción de inversiones en sectores estratégicos, lo que
incluye infraestructura y energía, pero fundamen-
talmente en alianza con actores privados (Acuerdo
EE. UU.-Argentina, 2026). Esto significa un cambio
de paradigma en relación con el financiamiento de
las obras por parte de EE. UU., dado que histórica-
mente estuvo atado a bancos multilaterales como el
BID o la CAF. En consecuencia, desde una perspec-
tiva geopolítica el acuerdo establece un marco para
el financiamiento directo de EE. UU. a obras que
considere necesarias para su proyección en territo-
rio argentino y para la inversión extranjera directa
(IED) de las corporaciones norteamericanas tanto
en infraestructura como en extracción de bienes co-
munes.
Hildyard (2020) plantea una crítica fuerte al modelo
de financiamiento de infraestructura basado en capi-
tal privado, o en alianzas público-privadas. En la lógi-
ca financiera actual la infraestructura deja de pensarse
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como un servicio público y pasa a verse como un acti-
vo financiero. En ese marco, los inversores la conciben
principalmente como “flujos de caja contractuales es-
tables a largo plazo”, más que como rutas, hospita-
les o sistemas de agua. En este esquema, las obras se
estructuran como activos capaces de generar rentas
previsibles para fondos de inversión, bancos o ges-
tores de activos, pero para que el capital privado par-
ticipe, normalmente se requieren contratos de largo
plazo, subsidios o garantías públicas que aseguren in-
gresos, como los que están comprendidos en el RIGI o
en el acuerdo EE. UU.-Argentina. En este proceso hay
una transferencia de recursos públicos al capital pri-
vado dado que, en muchos casos, el Estado financia
o reduce los riesgos iniciales, mientras que el sector
privado captura los retornos una vez que el proyecto
está en funcionamiento. La infraestructura, promovida
y financiada, que tiene como marco de este tipo de
acuerdos, redunda en una profundización de la deuda
pública y un aumento de la dependencia.
2. La estrategia china para con la región latinoa-
mericana
El sistemático y sostenido acercamiento de China a
la región coloca al gigante asiático como el princi-
pal inversor y socio en distintas áreas que permiten
vislumbrar la relevancia estratégica que la región
tiene para esa nación en términos de sus intereses
económico-financieros, tecnológico-productivos,
diplomáticos y geopolíticos. Por eso indagamos en
la dimensión de la infraestructura en tanto aspecto
clave que nos permite conocer la trayectoria de es-
tas relaciones y cómo se han ido consolidando con
el transcurrir de este primer cuarto de siglo.
Desde una perspectiva histórica, China logró en el
siglo XXI convertirse en un actor protagónico por
su fortaleza en áreas estratégicas como la produc-
ción de manufacturas y productos tecnológicos, y
su liderazgo en las cadenas globales de valor. Su
proceso de expansión se remonta a las reformas de
Deng Xiaoping desde 1978, mediante las cuales lo-
gró la expansión de sus empresas y un posiciona-
miento de gran relevancia en la economía global,
incorporándose en 2001 a la Organización Mundial
del Comercio (OMC). Mediante las “cuatro moderni-
zaciones”, fue instaurando un modelo propio en el
que generó —desde la autonomía política y estraté-
gica y bajo tutela del Estado— un profundo cambio
en su sociedad que generó la salida de la situación
de pobreza extrema de 800 millones de personas
(Merino et al, 2024). En paralelo, después de tres
décadas sin relaciones diplomáticas, durante la pre-
sidencia de Jimmy Carter, EE. UU. reconoció a China
en 1979 bajo el principio de “Una sola China”.
Paulatinamente, se fue construyendo un vínculo de
mutua dependencia entre China y EE. UU. que tam-
bién conlleva una situación de tensión permanente
que se fue acrecentando a raíz del pasaje, por parte
de China, de ser una semiperiferia industrial a conver-
tirse en un centro emergente y de gran dinamismo.
Esto implicó una estrategia de “contención”, mediante
instrumentos que buscaron frenar la competencia co-
mercial en sectores como el automotriz, industrias de
acero y aluminio, avícola, entre otros. Dos años antes
de la llegada de Xi Jinping a la presidencia de China
en 2012, ya se había convertido en la primera poten-
cia comercial del mundo, por lo cual, dejaron de ser
socios comerciales para convertirse en competidores
de una guerra comercial y tecnológica que involucró
la infraestructura. Durante la primera presidencia de
Trump entre 2017 y 2021, se dio una feroz competencia
entre empresas tecnológicas como Huawei Technolo-
gies Co, líder en telecomunicaciones, redes móviles,
5G, etc. Con su segunda presidencia, la competencia
tecnológica y comercial se ha profundizado y ambos
países han desarrollado distintas estrategias. La vi-
sita de Trump a Beijing en mayo del 2026 junto con
un grupo de empresarios de compañías como Tesla,
Nvidia, Apple, Blackrock, Citi, Boeing, Qualcomm, GE
Aerospace, Cargill, Micron, Blackstone, da cuenta de la
sostenida dependencia del mercado chino.
La infraestructura como pieza central en la estra-
tegia de China
Como se viene indicando, el estudio de la infraes-
tructura reviste de un carácter estratégico ya que
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permite analizar las transformaciones y reconfigu-
raciones que se han dado en el sistema capitalista a
nivel global, los actores principales de las cadenas
de valor (sean estos los propios Estados, los entes
de financiamiento como agencias y bancos, y las
corporaciones públicas y privadas), y las distintas
dinámicas en las que están insertos.
En lo que respecta al comercio entre China y la re-
gión latinoamericana y caribeña, desde inicios del
siglo XXI este ha ido en ascenso. Tanto por la ne-
cesidad de abastecerse de materias primas (sector
agrícola y agroindustria) y recursos naturales estra-
tégicos (minería e hidrocarburos), como por el he-
cho de ser quien provee productos manufacturados
y bienes de capital en distintos sectores, en los últi-
mos 25 años China ha conquistado una posición de
liderazgo. Dicha posición ha modificado los patro-
nes de la inserción internacional de varios países de
la región, ocupando el lugar que EE. UU. y la Unión
Europea (UE) han tenido históricamente como prin-
cipales socios comerciales. Asimismo, China viene
promoviendo el desarrollo y la planificación de
megaobras de infraestructura para la construcción
de corredores logísticos que faciliten y viabilicen el
transporte, convirtiéndose en el principal actor de
peso en el diseño de la infraestructura en una escala
global (Merino et al, 2024). De acuerdo con el Bo-
letín Económico China-América Latina y el Caribe
(2025) de Dussel Peters y Ray, es posible identificar
sectores y áreas en los cuales la relación sino lati-
noamericana se ha consolidado: en el marco de la
transición energética, las materias primas como el
litio y el cobre, minerales necesarios para la expan-
sión industrial de China. En el presente, son el sector
más importante para las exportaciones de AL hacia
China y explican el ingreso de inversión extranjera
directa desde China hacia la región. También siguen
siendo centrales las materias primas vinculadas con
el sector agrícola como la soja y la carne, sin valor
agregado.
Por su parte, los datos que proporciona el Moni-
tor de la Infraestructura China en América Latina
y el Caribe 2025 (Dussel Peters, 2025) nos permi-
ten analizar otro aspecto de la relación comercial,
como la inversión en infraestructura por parte de
empresas chinas en AL. Como rasgos sobresalien-
tes de las inversiones en infraestructura se señalan
la diversificación en cuanto a su distribución geo-
gráfica en la región de AL y el Caribe, así como en
relación con los sectores que involucra. Antes del
año 2015, el financiamiento de la infraestructura
se concentraba mayormente en sectores como el
gas, petróleo y refinados. Sin embargo, la tenden-
cia de la última década se reorientó —junto con la
transición energética— hacia distintas modalida-
des de transporte: ferrocarriles, metros, carreteras,
puertos, aeropuertos, que significaron un 64,19%
(Dussel Peters, 2015). Lo que muestra un cambio
significativo del financiamiento enfocado al sector
energético, para consolidar el sector de transporte,
que también puede verse geográficamente; si has-
ta 2015 los principales proyectos de infraestructura
que involucraban a México, América Central y el Ca-
ribe se enfocaban en el sector energético, desde el
2020 pasaron a sectores como transporte público y
energías renovables aplicadas a las redes naciona-
les, también incluyendo en este cambio de patrón a
los países de América del Sur.
En este sentido, se comprende el impulso en as-
censo de la BRI desde 2017, habiendo sido lanzada
cuatro años antes para África y Asia, dando cuenta
de la expansión de su estrategia hacia nuestra re-
gión. Estos elementos permiten observar el proce-
so de expansión hacia la región en términos de lo
que Claudio Katz denomina “audacia económica”
y “astucia geopolítica” (Katz, 2024: 6). Tanto en el
área económico-comercial como en cuanto a la in-
fraestructura, China ha consolidado su influencia y
debilitado la relación de dependencia que muchos
de los Estados latinoamericanos y caribeños tenían
históricamente con EE. UU, logrando evitar una
confrontación directa.
Hacia el año 2010 se convirtió en el primer o se-
gundo socio comercial de la mayoría de los países
de la región, destacándose el año 2009 cuando se
convirtió en el primer socio comercial de Brasil, y
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en 2014 de Argentina. En síntesis, en pocos años, el
financiamiento chino adquirió gran relevancia para
todos los países de la región, superando al Banco
Interamericano de Desarrollo (BID), al Banco Mun-
dial (BM) y al Banco de Exportaciones e Importa-
ciones de EE. UU. y planteando una red de institu-
ciones propias ligadas al Estado. Por ello, entre las
principales características que definen el modo de
inserción chino en la región son la diversificación
de la relación, que excede lo económico comercial
e incluye relaciones diplomáticas (como el Foro Chi-
na-Celac, las asociaciones estratégicas integrales,
acuerdos bilaterales, la iniciativa BRI), relaciones
económico financieras (swap de monedas, présta-
mos, inversiones), desarrollos tecnológicos y pro-
ductivos (la diplomacia de las vacunas, empresas
tecnológicas). Junto con estas, un rasgo específico
es que la vinculación es mediante empresas pú-
blicas chinas y fuentes de financiamiento propias,
como el China Development Bank y el Banco de ex-
portación e importación (Exim Bank of China), en
casi un 90%. Lo cual marca una reconfiguración en
torno a la relación entre actores, Estado y fuerzas
sociales que son parte del proceso de acumulación.
En el relevamiento de obras de infraestructura exis-
te una concentración de las inversiones en grandes
conglomerados chinos, entre los que se destacan:
CCCC China Communications Construction Com-
pany, CRCC China Railway Construction Corpora-
tion, CRRC Group Corporation, PoweChina Power
Construction Corporation of China, CEEC China
Energy Engineering Group. Coincidiendo con Vade-
ll, Secches y Burguer (2019), se corresponde con un
cambio de paradigma respecto de la territorialidad
neoliberal, por sus bases materiales y por la idea de
soberanía estatal como marco para la estrategia de
China.
En este sentido, un debate que se abre es si se tra-
ta de un cambio en el patrón imperial, pero con-
tinuando la lógica imperial, reemplazando EE. UU.
por China. Siguiendo a Katz (2024) coincidimos en
que el acercamiento se ha dado hasta el presente
sin el uso de la fuerza militar y sin condiciones que
impliquen un sometimiento político ni una amenaza
a la soberanía de los países con los que comerciali-
za, como sí ocurre históricamente con EE. UU. y con
el FMI. Este ha funcionado y funciona en el presente
durante la administración Trump como una herra-
mienta de subordinación.
En síntesis, los distintos elementos que hemos se-
ñalado permiten observar el diseño, por parte de
China, de un conjunto de instituciones paralelas que
acompañan el desarrollo de un tipo de capitalismo
global, es decir, iniciativas como el BAII, el NBD, el
ARC y el FRS (Vadell, Secches, Burger, 2019). En su
conjunto, constituyen un esquema de acumulación
mediante la globalización y la interconectividad
mediante megaobras y redes de infraestructura que
se combinan con este conjunto de instituciones fi-
nancieras vertebradas y controladas por el Estado,
lo cual significa una impronta específica comparado
con el modo en el cual la hegemonía neoliberal se
viene ejerciendo en términos económico-financie-
ros, con base en una economía supraterritorial y en
la conectividad financiera.
3. Los vectores del conflicto: la infraestructura de
transporte en disputa
Como se viene señalando, la creciente disputa
geopolítica entre EE. UU. y China por el control de
las principales rutas comerciales y nodos logísticos
globales encuentra en América Latina un escenario
de creciente relevancia estratégica. En este contex-
to, infraestructuras como el Canal de Panamá y el
recientemente inaugurado puerto de Chancay, en
Perú, se han transformado en espacios centrales de
competencia geoeconómica entre ambas poten-
cias, no solo por su importancia para el comercio
internacional, sino también por su capacidad de re-
organizar territorialmente los flujos de mercancías,
capitales y recursos naturales a escala continental.
Históricamente, el Canal de Panamá constituyó uno
de los principales dispositivos de proyección del
poder estadounidense en América Latina. Inaugu-
rado en 1914 bajo control estadounidense, el canal
permitió consolidar la supremacía naval y comercial
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norteamericana sobre las rutas interoceánicas del
hemisferio occidental. Aunque la administración fue
transferida formalmente al Estado panameño en
1999 tras los Tratados Torrijos-Carter, Washington
continuó considerando al canal una infraestructura
estratégica para sus intereses comerciales, militares
y geopolíticos (Sabonge y Sanchez, 2014). En la ac-
tualidad, aproximadamente el 5% del comercio ma-
rítimo mundial transita por esta vía, convirtiéndola
en uno de los corredores logísticos más relevantes
del planeta, pero fundamentalmente estratégico
para los EE. UU. no solo en términos comerciales
sino también de la logística militar.
El presidente de Panamá, José Raúl Mulino, anun-
ció en febrero de 2025 la no renovación del me-
morándum de entendimiento —firmado en el año
2017— de la Iniciativa BRI con China, tras intensas
presiones de EE. UU. para reducir la influencia asiá-
tica en el Canal de Panamá. Desde la asunción de
Trump, y como parte de lo que denominamos el Co-
rolario Trump de la Doctrina Monroe en materia de
infraestructura, el presidente afirmó que fue dado
a Panamá en lugar de a China, con la amenaza de
intervenir sobre el canal para recuperar el control
operativo. En esa línea el vocero del Departamento
de Estado, Tammy Bruce, advirtió que si Panamá no
realizaba cambios urgentes, ellos tomarían las me-
didas que consideren necesarias para proteger sus
derechos (Taglioni, 2025).
De esta manera, la amenaza de intervención de EE.
UU. sobre Panamá constituye el hecho más notorio
de reposicionamiento norteamericano sobre América
Latina. Durante las últimas dos décadas, la creciente
expansión económica de China en la región comenzó
a disputar la histórica influencia estadounidense sobre
las infraestructuras regionales. Este proceso se pro-
fundizó particularmente a partir de la Iniciativa BRI,
mediante la cual Beijing promovió inversiones estra-
tégicas en puertos, corredores ferroviarios, energía y
telecomunicaciones en distintos países latinoamerica-
nos. Dentro de este escenario, el puerto de Chancay
aparece como uno de los proyectos más significativos
de la presencia china en Sudamérica.
El denominado “megapuerto” de Chancay, ubica-
do a aproximadamente 80 kilómetros al norte de
Lima, fue inaugurado oficialmente en noviembre
de 2024 con participación virtual del presidente
chino Xi Jinping y la presidenta peruana Dina Bo-
luarte. El proyecto, liderado por la empresa estatal
china COSCO Shipping Ports junto a la minera pe-
ruana Volcan, implicó una inversión inicial superior
a los 1.300 millones de dólares y busca consoli-
darse como el principal hub logístico del Pacífico
sudamericano (Jara y Raaini, 2025). La relevancia
geopolítica de Chancay excede ampliamente el pla-
no estrictamente comercial. El puerto forma parte
de una estrategia china orientada a fortalecer co-
rredores transpacíficos alternativos y reducir costos
y tiempos logísticos para el comercio entre Amé-
rica del Sur y Asia. Diversos informes señalan que
la nueva infraestructura permitiría disminuir hasta
en diez días los tiempos de transporte marítimo
hacia China, favoreciendo especialmente la expor-
tación de commodities sudamericanos como soja,
minerales, carne y productos agroindustriales (Ríos
Ccama, Guizado Chamorro, Anaya Ramos y Rome-
ro Delgado, 2025). En este contexto, el desarrollo
de Chancay comenzó a ser interpretado por distin-
tos analistas y sectores políticos estadounidenses
como un desafío directo a la hegemonía logística
y comercial norteamericana en la región. La preo-
cupación de Washington no solo se vincula con el
incremento de inversiones chinas en infraestructura
crítica, sino también al control tecnológico y opera-
tivo de nodos estratégicos de circulación global. En
efecto, el puerto incorpora sistemas automatizados,
redes 5G y equipamiento tecnológico provisto ma-
yoritariamente por empresas chinas, configurando
un enclave logístico altamente integrado a las cade-
nas globales de suministro controladas por Beijing
(Jara y Raaini, 2025; Gómez Vega y Bonet, 2024).
Su importancia adquiere aún mayor complejidad
cuando se analiza en relación con el Canal de Pa-
namá. Mientras este último continúa siendo el
principal corredor interoceánico para el comercio
marítimo hemisférico, Chancay emerge como una
alternativa capaz de reconfigurar parcialmente los
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flujos transpacíficos sudamericanos, reduciendo
dependencia logística respecto de rutas histórica-
mente articuladas al sistema portuario y financiero
dominado por EE. UU. En este sentido, ambas in-
fraestructuras expresan modelos geopolíticos en
competencia: por un lado, el tradicional control es-
tadounidense de las rutas marítimas estratégicas;
por otro, la creciente capacidad china de construir y
administrar nodos logísticos globales en territorios
históricamente considerados parte del área de in-
fluencia norteamericana. Estas disputas evidencian
cómo las infraestructuras contemporáneas exceden
su dimensión técnica y operativa para transformar-
se en instrumentos fundamentales de acumula-
ción, control territorial y proyección geopolítica. Tal
como sostiene Milton Santos (2000), los grandes
sistemas técnicos organizan selectivamente el terri-
torio en función de las necesidades de circulación
del capital global, generando nuevas jerarquías es-
paciales y profundizando desigualdades territoria-
les. En este marco, tanto el Canal de Panamá como
el puerto de Chancay pueden interpretarse como
nodos estratégicos de una reconfiguración geoeco-
nómica global marcada por la disputa entre Estados
Unidos y China por el control de las redes de circu-
lación planetaria. En la competencia por distintos
modelos geopolíticos se multiplican las tensiones y
se expresan en distintas articulaciones entre fuerzas
sociales, modelos de desarrollo y formas estatales
que afectan directamente a los territorios latinoa-
mericanos.
CONCLUSIONES
En el presente artículo hemos abordado el modo
en el cual se da la disputa entre Estados Unidos y
China por la hegemonía global en términos de in-
fraestructura, con énfasis en la expansión territorial
y material en la región latinoamericana y caribeña.
Hemos reconstruido ambas estrategias en perspec-
tiva histórica y retomando un marco teórico y me-
todológico que contribuye en una mirada analítica
del ciclo de acumulación actual atravesado por una
transición geopolítica, un momento de caos sisté-
mico y una multiplicación de escenarios de disputa
conocidos como guerra mundial híbrida y fragmen-
tada.
Como parte de este encuadre general, pudimos dar
cuenta de las diferencias, matices y debates que in-
auguran tanto la estrategia de China como la de EE.
UU. para con la región. Señalamos un importante
cambio en el paradigma por parte de EE. UU., que
se explica como parte de la profundización y en en-
durecimiento de su estrategia de control territorial
en lo que considera su “zona de influencia”. En este
doble movimiento busca, por un lado, sostener su
dominación sobre los recursos estratégicos, y por
otro, sostener la estrategia de “contención” hacia
China, en un claro proceso de declive relativo y de
resquebrajamiento de su poder en términos de li-
derazgo mundial. Como dijimos, la estrategia de
Trump no es exclusiva de su administración, pero
sí se advierten elementos novedosos, propios de su
necesidad de endurecerse para disputar con China,
en una escalada que no muestra perspectivas de
aminorar.
China, por su parte, protagoniza un proceso de re-
configuración estructural que, en múltiples dimen-
siones, ha logrado erosionar las bases materiales de
la hegemonía estadounidense. Esto se traduce en
una dinámica que atraviesa fuerzas sociales, mode-
los de desarrollo y formas estatales específicas en
los territorios latinoamericanos.
En síntesis, asistimos a cambios que son propios
de un proceso histórico específico, distinto de los
anteriores. Esto desafía a nuestra región en un con-
texto de parálisis del regionalismo y fragmentación
severa. Inaugura interrogantes en torno a si hay es-
pacio para un proyecto de integración regional en
este contexto de bilateralización de los vínculos que
no sea una integración subordinada. Su expansión
sugiere nuevas formas de articulación entre Esta-
do, capital y desarrollo que desafían las reglas del
orden internacional. Nos preguntamos también si
hay espacio para una estrategia propia y actores
que la promuevan desde la autonomía y la sobera-
nía en este momento de la transición. Asimismo, si
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hay márgenes de maniobra para defender nuestros
territorios en un contexto donde emergen formas
específicamente chinas de pensar el territorio, es
decir, modalidades no occidentales, no propias del
extractivismo correspondiente al modelo de acu-
mulación neoliberal tal como lo conocemos histó-
ricamente.
A los fines de contribuir en los estudios actuales,
subrayamos el carácter geopolítico de la infraes-
tructura como un plafón que nos permite analizar
las grandes y recientes disputas por la hegemonía
mundial. En este sentido, infraestructuras estra-
tégicas como el Canal de Panamá o el Puerto de
Chancay revelan que puertos, corredores logísticos
y rutas de circulación constituyen mucho más que
soportes materiales del comercio global: son espa-
cios donde se condensan rivalidades entre distintas
estrategias de poder, disputas por el control de los
flujos de mercancías y proyectos contrapuestos de
orden mundial. Las tensiones entre EE. UU. y China
en torno al Canal de Panamá, así como la creciente
proyección china sobre el Pacífico sudamericano a
través del Puerto de Chancay, muestran que la in-
fraestructura se ha convertido en un terreno privi-
legiado de competencia geopolítica que involucra
una multiplicidad de actores. Desde esta perspecti-
va, las infraestructuras no solo organizan territorios
y economías, sino que también materializan rela-
ciones de poder, expresan estrategias de acumula-
ción a escala global y anticipan las configuraciones
emergentes de la transición hegemónica contem-
poránea.
Presentamos en este trabajo un abordaje predo-
minantemente cualitativo sustentado principal-
mente en el análisis de bibliografía especializada,
documentos oficiales, información institucional y
estudios previos sobre infraestructura y relaciones
geopolíticas. En este sentido, la selección de los ca-
sos del Canal de Panamá y del puerto de Chancay
responde a su relevancia como expresiones particular-
mente significativas de la disputa por el control de los
corredores y nodos estratégicos de circulación, pero
no pretende agotar la diversidad de experiencias
existentes en América Latina y el Caribe. Asimis-
mo, el carácter reciente y dinámico de los procesos
analizados —en particular, las transformaciones de
la política estadounidense y la evolución de las in-
versiones e iniciativas chinas— impone límites a la
posibilidad de establecer conclusiones definitivas
sobre tendencias que permanecen abiertas y en
proceso de reconfiguración. El análisis privilegia,
además, la escala geopolítica y regional, por lo que
las dimensiones locales de los conflictos, las per-
cepciones de los actores territoriales y los impactos
socioambientales de las infraestructuras requieren
abordajes específicos que exceden los objetivos de
este artículo.
A partir de estas condiciones, futuras investigacio-
nes podrían profundizar el análisis mediante estu-
dios comparativos de mayor alcance que incorporen
otros corredores, puertos, redes ferroviarias, hidro-
vías y proyectos energéticos de la región, atendiendo
especialmente a las modalidades de financiamiento,
propiedad, gestión y control de estas infraestructu-
ras. Del mismo modo, resultaría relevante avanzar
hacia investigaciones multiescalares que articulen la
dimensión geopolítica con las dinámicas territoriales
locales, incorporando las perspectivas de los Estados
nacionales y subnacionales, empresas, organismos
financieros, organizaciones sociales y comunidades
directamente involucradas. Esto permitiría indagar
no solo en las estrategias de las grandes potencias,
sino también en los márgenes de autonomía, nego-
ciación y resistencia de los actores latinoamericanos
frente a la creciente competencia sino-estadouni-
dense. En particular, buscaremos en futuras investi-
gaciones explorar comparativamente si la expansión
de nuevas infraestructuras contribuye a reproducir
patrones históricos de dependencia y especialización
extractiva o si, bajo determinadas condiciones, pue-
de abrir posibilidades para estrategias regionales de
mayor autonomía, integración y soberanía territorial.
NOTAS
 El secuestro del Presidente de Venezuela Ni-
colás Maduro y su esposa el día 3 de enero del
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2026, y el estrangulamiento a Cuba durante los
primeros 6 meses del mismo año son ejemplos
cabales del endurecimiento de la estrategia de
Trump para con la región.
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URL indica la fecha de marzo de 2026, por lo que se
ha actualizado el año respecto a tu original de 2025).
CONFLICTO DE INTERESES
Los autores declaran que no existen conflictos de
intereses relacionado con el artículo.
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ISSN 2707-7330
Revista POLÍTICA INTERNACIONAL | Volumen VIII, Nro. 4 octubre-diciembre de 2026
Infraestructura, poder y disputas por la hegemonía: Estados Unidos y China en la América Latina del siglo XXI
Álvarez y Barrenengoa
AGRADECIMIENTOS
No aplica.
CONTRIBUCIÓN DE AUTORÍA:
Amanda Barrenengoa: Conceptualización, Curación
de datos, Análisis formal, Investigación, Metodolo-
gía, Administración del proyecto, Recursos, Super-
visión, Validación, Visualización, Redacción – borra-
dor original, Redacción – revisión y edición.
Álvaro Álvarez: Conceptualización, Curación de
datos, Análisis formal, Investigación, Metodología,
Administración del proyecto, Recursos, Supervisión,
Validación, Visualización, Redacción – borrador ori-
ginal, Redacción – revisión y edición.
FINANCIACIÓN
No existe financiamiento externo a los autores ni
otros compromisos.
PREPRINT
No publicado.
DECLARACIÓN DE ÉTICA EN LA INVESTIGACIÓN
No aplica.
DECLARACIÓN DE DISPONIBILIDAD DE DATOS
No aplica.
DERECHOS DE AUTOR
Los derechos de autor son mantenidos por los autores,
quienes otorgan a la Revista Política Internacional los
derechos exclusivos de primera publicación. Los au-
tores podrán establecer acuerdos adicionales para la
distribución no exclusiva de la versión del trabajo pu-
blicado en esta revista (por ejemplo, publicación en un
repositorio institucional, en un sitio web personal, publi-
cación de una traducción o como capítulo de un libro),
con el reconocimiento de haber sido publicada primero
en esta revista. En cuanto a los derechos de autor, la
revista no cobra ningún tipo de cargo por el envío, el
procesamiento o la publicación de los artículos.
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Revista POLÍTICA INTERNACIONAL | Volumen VIII, Nro. 4 octubre-diciembre de 2026