Declive lector, inteligencia artificial y soberanía cognitiva en el sistema internacional
Reader decline, artificial intelligence and cognitive sovereignty in the international system
Déclin des lecteurs, intelligence artificielle et souveraineté cognitive dans le système international
Declínio do número de leitores, inteligência artificial e soberania cognitiva no sistema internacional
Dr. C. Enrique Soldevilla Enríquez
Doctor en Ciencias Filosóficas. Encargado de la División de Desarrollo de Material Intelectual del Instituto de Educación Superior en Formación Diplomática y Consular (INESDYC), órgano académico del MIREX, Santo Domingo, República Dominicana. hsoldevilla@gmail.com, esoldevilla@inesdyc.edu.do 0000-0002-6486-4903
Cómo citar (APA, séptima edición): Soldevilla Enríquez, E. (2026). Declive lector, inteligencia artificial y soberanía cognitiva en el sistema internacional. Política internacional, VIII (Nro. 2), 213-225. https://doi.org/10.5281/zenodo.19132926
https://doi.org/10.5281/zenodo.19132926
Recibido: 5 de febrero de 2026
Aprobado: 12 de marzo de 2026
publicado: 16 de abril de 2026
RESUMEN El presente artículo examina las implicaciones geopolíticas y cognitivas del declive del hábito de lectura y la creciente delegación de procesos intelectuales en sistemas de inteligencia artificial generativa. A partir de una revisión crítica de fuentes secundarias —informes del Banco Mundial, UNESCO, OCDE, estudios empíricos del MIT, Microsoft Research y la SBS Swiss Business School— se analiza el fenómeno de la cognición algoritmizada1 como posible vector de neocolonialismo cognitivo. Los hallazgos indican: una correlación documentada entre el uso intensivo de IA generativa y la disminución del esfuerzo cognitivo y del pensamiento crítico; una brecha socioeconómica en el acceso a la lectura profunda, que tiende a convertirse en un marcador de clase; la transferencia no neutral de sesgos ideológicos y culturales desde los diseñadores de algoritmos hacia los usuarios. El estudio reconoce como limitación la naturaleza predominantemente descriptiva y exploratoria del análisis. El artículo propone el concepto de soberanía intelectual como categoría analítica emergente en las relaciones internacionales. Se concluye que la deslectura2 no es un fenómeno exclusivamente educativo o cultural, sino una variable estratégica que erosiona la infraestructura cognitiva en el orden internacional: debilita la deliberación democrática, empobrece la formulación de política exterior y reduce la capacidad de los actores diplomáticos para interpretar contextos complejos.
Palabras clave: inteligencia artificial, relaciones internacionales, cognición algoritmizada, soberanía intelectual, neocolonialismo digital, desigualdad cognitiva.
ABSTRACT This article examines the geopolitical and cognitive implications of declining reading habits and the increasing delegation of intellectual processes to generative artificial intelligence systems. Based on a critical review of secondary sources—reports from the World Bank, UNESCO, and the OECD, as well as empirical studies from MIT, Microsoft Research, and SBS Swiss Business School—the phenomenon of algorithmic cognition is analyzed as a potential vector of cognitive neocolonialism. The findings indicate: a documented correlation between the intensive use of generative AI and the decline in cognitive effort and critical thinking; a socioeconomic gap in access to in-depth reading, which tends to become a marker of class; and the non-neutral transfer of ideological and cultural biases from algorithm designers to users. The study acknowledges the predominantly descriptive and exploratory nature of the analysis as a limitation. The article proposes the concept of intellectual sovereignty as an emerging analytical category in international relations. It is concluded that misreading is not exclusively an educational or cultural phenomenon, but rather a strategic variable that erodes the cognitive infrastructure in the international order: it weakens democratic deliberation, impoverishes foreign policy formulation, and reduces the capacity of diplomatic actors to interpret complex contexts.
Keywords: artificial intelligence, international relations, algorithmic cognition, intellectual sovereignty, digital neocolonialism, cognitive inequality
RÉSUMÉ Cet article examine les implications géopolitiques et cognitives du déclin des habitudes de lecture et de la délégation croissante des processus intellectuels aux systèmes d'intelligence artificielle générative. S'appuyant sur une analyse critique de sources secondaires – rapports de la Banque mondiale, de l'UNESCO et de l'OCDE, ainsi que des études empiriques du MIT, de Microsoft Research et de la SBS Swiss Business School – il examine le phénomène de la cognition algorithmique comme vecteur potentiel de néocolonialisme cognitif. Les résultats indiquent : une corrélation avérée entre l'utilisation intensive de l'IA générative et le déclin de l'effort cognitif et de la pensée critique ; une inégalité socio-économique d'accès à la lecture approfondie, qui tend à devenir un marqueur d'appartenance sociale ; et le transfert non neutre de biais idéologiques et culturels des concepteurs d'algorithmes aux utilisateurs. L'étude reconnaît la nature essentiellement descriptive et exploratoire de l'analyse comme une limite. L'article propose le concept de souveraineté intellectuelle comme nouvelle catégorie analytique en relations internationales. Il apparaît donc que l’interprétation erronée n’est pas un phénomène exclusivement éducatif ou culturel, mais bien une variable stratégique qui érode l’infrastructure cognitive de l’ordre international : elle affaiblit la délibération démocratique, appauvrit l’élaboration des politiques étrangères et réduit la capacité des acteurs diplomatiques à interpréter des contextes complexes.
Mots-clés : intelligence artificielle, relations internationales, cognition algorithmique, souveraineté intellectuelle, néocolonialisme numérique, inégalité cognitive.
RESUMO Este artigo examina as implicações geopolíticas e cognitivas do declínio dos hábitos de leitura e da crescente delegação de processos intelectuais a sistemas de inteligência artificial generativa. Com base em uma revisão crítica de fontes secundárias — relatórios do Banco Mundial, da UNESCO e da OCDE, bem como estudos empíricos do MIT, da Microsoft Research e da SBS Swiss Business School — o fenômeno da cognição algorítmica é analisado como um vetor potencial do neocolonialismo cognitivo. Os resultados indicam: uma correlação documentada entre o uso intensivo de IA generativa e o declínio do esforço cognitivo e do pensamento crítico; uma lacuna socioeconômica no acesso à leitura aprofundada, que tende a se tornar um marcador de classe; e a transferência não neutra de vieses ideológicos e culturais dos criadores de algoritmos para os usuários. O estudo reconhece a natureza predominantemente descritiva e exploratória da análise como uma limitação. O artigo propõe o conceito de soberania intelectual como uma categoria analítica emergente nas relações internacionais. Conclui-se que a interpretação errônea não é um fenômeno exclusivamente educacional ou cultural, mas sim uma variável estratégica que corrói a infraestrutura cognitiva na ordem internacional: enfraquece a deliberação democrática, empobrece a formulação da política externa e reduz a capacidade dos atores diplomáticos de interpretar contextos complexos.
Palavras-chave: inteligência artificial, relações internacionais, cognição algorítmica, soberania intelectual, neocolonialismo digital, desigualdade cognitiva.
INTRODUCCIÓN
El trabajo y la transmisión de saberes han sido dos pilares del trayecto evolutivo de las sociedades humanas. Ambos se entrelazan, trascienden el ámbito nacional de cada país, como resultado de los procesos de transculturación en la historia, y encuentran espacio de análisis y concertación en organismos internacionales como la OIT y la UNESCO. Ello pone de relieve la relación entre lo local y lo global, por lo que el tema abordado en este artículo resulta de interés para la diplomacia científica, pues la pérdida del hábito de lectura está relacionada con los avances tecnológicos que se proyectan a escala internacional.
Pardo, R. y Tokatlian, J.G. (1987) consideran que separar la política interior de la exterior puede conducir a errores que afecten el interés y la seguridad nacionales, y subrayan que la formulación de esta última solo adquiere coherencia si parte del análisis del frente interno. Y ha sido en el “frente interno” de algunas naciones donde se originó y emigra un fenómeno tecnológico (la robótica y la IA) y otro, sociológico-educativo (la merma del hábito lector) que se evidencia en muchos países, convergencia que debiera convertirse en objeto de preocupación para la comunidad internacional con la misma atención que se le presta al impacto de la inteligencia artificial sobre la demanda de tierras raras, hecho que desencadena nuevas dinámicas geopolíticas en una pugna que, con los acelerados avances tecnológicos aplicados al ámbito militar, contribuye a recomponer el balance de poder mundial, una realidad actual ejemplificada principalmente en los casos de China y los Estados Unidos.
En la búsqueda de fuentes para elaborar este trabajo cabe advertir que no se encontró literatura que plantee la articulación problémica entre el desarrollo de la IA generativa, la merma del hábito de lectura sistematizada y la repercusión que esta emergencia tecnocientífica y sociológica tendría para el ámbito de las relaciones internacionales.
De manera que estas páginas son una primera aproximación exploratoria desde la perspectiva transdisciplinaria e integradora del Pensamiento Complejo3, empleando una estrategia metodológica heurística y hermenéutica que permita sacar a la luz de la reflexión y el debate un problema que no debieran subestimar los actores del sistema internacional.
En los estudios que giran en torno a la lectura como costumbre cultural predominan las publicaciones con particular énfasis educativo (y tecnológico, si incluyen las redes sociales) que abordan el declive del hábito lector y sus implicaciones cognitivas y socioculturales, como puede verse en un artículo de Rodríguez, D. (2025) titulado El hábito perdido de la lectura, donde esa autora señala:
“Leer por placer parece haberse convertido en una rareza entre el estudiantado. Pero ¿por qué? A pesar de convivir con textos académicos, el alumnado ha abandonado la lectura no obligatoria. Ya no se trata solo de no tener tiempo, sino de un cambio en las prioridades, los hábitos digitales y el sistema educativo”.
Dicha autora cita a Candelaria Gutiérrez, docente de literatura inglesa, quien advierte:
“Respecto al uso de la inteligencia artificial, la profesora subraya la necesidad de que no sustituya la imaginación ni el esfuerzo personal. Cree que puede ser útil como herramienta complementaria, pero advierte: «Se ha olvidado que las cosas requieren un trabajo. Si se acostumbran a que todo les sea dado, pierden habilidades clave para su desarrollo»”.
Por otro lado, un artículo de Petty, K. (2025) señala conexiones de tipo político derivadas de lo que esa autora denomina recesión lectora en los Estados Unidos: “Lo que está en juego no es solo cómo las personas emplean su tiempo libre [leyendo], sino una erosión más profunda de los hábitos que sustentan el conocimiento, la empatía y la vida democrática”. Y establece una retroacción causal desencadenada por el hábito de lectura cuando apunta:
”El contacto regular con los libros fortalece la cognición, el vocabulario, la inteligencia emocional y la empatía. Estos beneficios cognitivos y sociales están estrechamente vinculados con un mayor rendimiento académico, mejores perspectivas profesionales, mayor estabilidad económica y mayor compromiso cívico. La lectura es una de las pocas actividades que constantemente reduce las brechas sociales, fortaleciendo las comunidades, fomentando la participación cívica y sosteniendo la democracia”.
Es pertinente agregar que ese déficit plantea un reto significativo para la capacidad colectiva de interpretar las dinámicas del sistema internacional, donde el mundo está hoy mejor interconectado que hace apenas 70 años. De las implicaciones que tiene el declive del hábito de lectura puede inferirse que ese cambio cultural y tecnológico repercute en sentido negativo en los países con cifras significativamente bajas de alfabetización, haciéndose más vulnerables a la desinformación y proclives a la polarización política en sus espacios nacionales.
Por todo lo expuesto hasta aquí, y al ser constatable la ausencia de trabajos que expongan específicamente el nexo dialéctico del trinomio déficit de lectura-IA-relaciones internacionales, el presente artículo ofrece una respuesta plausible a la siguiente interrogante: Si el ámbito de las relaciones internacionales —además del comercio, del derecho y de las dinámicas geopolíticas— se sostiene sobre acuerdos, alianzas estratégicas, discursos, narrativas y marcos de interpretación complejos, ¿qué implicaciones tendría la merma del hábito de lectura para los actores del sistema internacional, que exige comprender y enfrentar con estrategias políticas y diplomáticas los desafíos geopolíticos del siglo XXI?
Es sabido que la frontera entre la prehistoria y la historia humana quedó delimitada por el surgimiento de la escritura cuneiforme, una técnica sumeria que, sin ser alfabética y “literaria”, sino marcada con símbolos ideográficos sobre tablillas de barro para contabilizar cifras y datos de producción, sí desencadenaba en quienes lo decodificaban un proceso mental inevitable: la interpretación de lo leído, quedando enlazadas para siempre la escritura y la lectura.
Siglos después la escritura fue perfeccionada por el alfabeto consonántico fenicio, que permitió el surgimiento de distintas lenguas, como el griego, y más tarde el latín, que dejaron testimonio escrito del legado histórico de civilizaciones que sentaron las bases de la cultura occidental. Así, el progreso transcurrido desde las tablillas de barro hasta la escritura en papel y el invento de la imprenta de tipos móviles, de Gutenberg, propició la aparición de los primeros libros y periódicos y, con ellos, la consolidación de la lectoescritura, proceso mediante el cual se ejercía el pensamiento crítico y se refinaban las capacidades de interpretación de lo leído como componentes cruciales de aquella globalización del saber reflejada sucesivamente en el Renacimiento y en la Modernidad. En suma, transcurrieron muchos siglos donde los fundamentos del saber fueron sedimentándose con el hábito lector como praxis constituyente de la cultura y, por tanto, del desarrollo humano.
En contraste, hoy el avance de la Inteligencia Artificial —la generativa y la de cualquier otro tipo— transcurre dentro de una guerra cultural a escala planetaria como parte del reacomodo geopolítico en que se gesta un nuevo orden internacional multipolar; en un mundo donde los ámbitos educativos privilegian las carreras STEM (sigla en inglés de Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) en detrimento de las ciencias sociales y humanísticas, imprescindibles para entender los procesos de convivencia social; ocurre en el contexto de un ecosistema informativo de redes sociales enrarecido por noticias y conceptos falsos o manipulados, y dentro de una curiosa circunstancia sociológica: la merma del hábito sistematizado de lectura, cuya posible consecuencia es que disminuya la capacidad de razonamiento autónomo y de pensamiento crítico dentro de una escala poblacional significativa en muchos países, abriéndose paso una inadvertida neocolonización cognitiva debido a la sustitución del hábito de lectura por el uso de cualquier software de IA, lo que plantea un problema para la soberanía intelectual de los usuarios, con repercusiones para la equidad social.
Lo que pudiera denominarse cognición algoritmizada, o sea, el fenómeno por el cual el esfuerzo intelectual y la responsabilidad para adquirir conocimientos una persona se los delega a una IA, corre el riesgo de producir una nueva forma de neocolonialismo cognitivo por la vía tecnológica. A diferencia del colonialismo histórico, que buscaba el control de recursos físicos y poblaciones, esta manera novedosa de dominación se enfocaría en la manipulación del “punto de vista”, del “enfoque” ideológico o político con que se consumirá el conocimiento, subordinando sutilmente la capacidad intelectual individual a lo dicho por los algoritmos y a los sesgos incorporados en ellos, produciéndose una dependencia sistémica que podría ser, en el fondo, una "programación cognitiva" vehiculada por cualquier software de inteligencia artificial.
Puede argumentarse que esos sesgos y enfoques se reflejan también en los libros impresos. La respuesta es que sí se reflejan, y que ha existido siempre la libertad de preferir un “enfoque” ideológico o político, según la afinidad con un autor con el que el lector descubra coincidencias con la visión filosófica acerca de la sociedad y del mundo desde la que fue educado. Pero esa elección consciente es fruto del hábito sistematizado de lectura, revelador de una capacidad de discernimiento y de cierta cultura de base que le permite distinguir aspectos y matices contrastables con la realidad social en que un ser humano desenvuelve su existencia. Surgen aquí dos preguntas: ¿Puede un individuo con escaso hábito lector, algo que, además, origina pobreza léxica que dificulta la comprensión, tener la capacidad de discernimiento ante la información ofrecida por una IA? ¿Cómo será el futuro de las generaciones educadas con el predominio de uso de la IA y sin hábito lector?
Una vez más la humanidad tiene el privilegio de beneficiarse de una transformación cultural promovida por el progreso de la tecnología, como lo es la denominada inteligencia artificial. No obstante, el punto de partida para la discusión es el hecho de que, durante siglos, la fuente de conocimientos ha sido en buena medida la lectura generalmente completa de textos sobre algún tema, cuya comprensión tiene mucho que ver con el esfuerzo intelectual y con el sentido de responsabilidad ante el aprendizaje.
Paradójicamente, la merma del hábito de lectura puede conducir al acomodamiento de delegarle a una IA esa responsabilidad de aprender sobre cualquier tema de interés. En esto entran en juego las bases del saber, o sea, un cierto dominio previo del tema por parte del usuario de la IA, destreza adquirida mediante la lectura profunda que, para que sea razonada, es imprescindible el conocimiento semántico; y, por supuesto, aplicar el método de confrontar el punto de vista de distintos autores que hayan trabajado el tema del que se esté investigando.
DESARROLLO
Según el Banco Mundial, “el 70 % de los niños de 10 años se encuentra en situación de pobreza de aprendizajes y no pueden leer y comprender un texto simple”. La UNESCO señala que, antes de la pandemia del Covid-19, 617 millones de niños y adolescentes no alcanzaban los niveles mínimos de lectura. Por su parte, los resultados de la segunda encuesta de la OCDE revelan que 1 de cada 5 adultos a nivel mundial no posee habilidades básicas de lectura.
Los datos disponibles indican que el declive del hábito de lectura es un fenómeno global con profundas implicaciones sociológicas. Un estudio citado por Sawczuk (2025), basado en la Encuesta sobre el uso del tiempo en Estados Unidos, reveló que, entre el 2004 y el 2023, se aprecia una caída del 40% en la lectura por placer entre los estadounidenses. Esta disminución persistió a pesar de que el estudio definió la lectura en términos amplios, incluyendo libros impresos, electrónicos y audiolibros.
Harrington (2025) señala que las puntuaciones de alfabetización de adultos se han estancado y han comenzado a descender en la mayoría de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en la última década, con las caídas más dramáticas entre los sectores más pobres.
Por otra parte, el periódico dominicano Listín Diario cita un estudio de NOP World Culture Score, que examinó los hábitos mediáticos en 30 países, destacándose la India como la nación donde sus habitantes dedican más tiempo a la lectura, con un promedio de 10 horas y 42 minutos a la semana, mientras que Corea del Sur y Japón registraron tiempos significativamente más bajos, con 3 horas y 6 minutos y 4 horas y 6 minutos a la semana, respectivamente.
El sitio conectatealalectura.cl, citando datos ofrecidos por el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC) muestra una variación regional. Aunque Argentina y Chile lideran la región, con el 55% y el 51% de su población leyendo libros, respectivamente, México presenta un índice de solo el 20%. A pesar de los mayores índices de lectura por placer en Argentina (70%), el promedio de tiempo semanal de lectura de 5 horas y 54 minutos la sitúa por detrás de países como Tailandia y Rusia. La siguiente tabla sintetiza algunos de estos datos dispares para ilustrar el panorama global.
El análisis de estos datos muestra que la historia más crítica no solo es el declive en sí mismo, sino la brecha social y económica que este revela. Las personas con un nivel educativo e ingresos más altos suelen tener más del doble de probabilidades de leer por placer que aquellas con un nivel socioeconómico más bajo, de lo que puede inferirse que el hábito de lectura está convirtiéndose en un marcador de clase. El texto de Harrington (2025) refuerza esta observación al conectar directamente el mayor tiempo de pantalla entre los niños de familias con bajos ingresos —aproximadamente 2 horas diarias más que sus pares de familias más adineradas— con el declive de sus habilidades de alfabetización. Este vínculo directo entre el estatus socioeconómico, el tiempo de pantalla y la erosión de las habilidades cognitivas sirve como el fundamento de la idea de que la capacidad de pensar se está convirtiendo en un privilegio.
Tabla 1: Hábitos de lectura globales y regionales (2025)
País |
Promedio semanal (horas:minutos) |
Porcentaje de la población |
Promedio anual |
India |
10:42 |
- |
- |
Tailandia |
9:24 |
- |
- |
China |
8:00 |
- |
- |
Rusia |
7:06 |
- |
- |
Argentina |
5:54 |
55% |
5,4 |
España |
5:48 |
61% |
10,3 |
Estados Unidos |
5:42 |
16% (lee por placer) |
- |
India |
10:42 |
- |
- |
Tailandia |
9:24 |
- |
- |
China |
8:00 |
- |
- |
Harrington (2025) señala que mientras unos consumen videos cortos de TikTok, memes visuales y noticias simplificadas, una minoría está en mejores posibilidades de cultivar el pensamiento profundo y la lectura de formato largo, ya que grupos de élite y figuras del sector tecnológico, como Bill Gates y Evan Spiegel, ponen límites estrictos al tiempo de pantalla de sus hijos, incluso enviándolos a escuelas costosas donde los dispositivos están restringidos. Esta comparación pone de relieve la brecha de una sociedad de dos niveles: una minoría que conserva y perfecciona sus facultades intelectuales, y una mayoría que las atrofia, volviéndose más susceptible a la manipulación.
La era de la "descarga cognitiva": el impacto de la IA generativa en el cerebro
El concepto de "descarga cognitiva", acuñado por los sicólogos Evan Risko y Sam Gilbert, se refiere a la tendencia humana a delegarle tareas mentales a herramientas externas. Piénsese en el uso de calculadoras. Sin embargo, la inteligencia artificial generativa ejecuta procesos cognitivos mucho más complejos y multifacéticos, como la escritura de un ensayo y la síntesis de información. Esta distinción es crucial, ya que el impacto de la IA no es meramente una cuestión de “ahorro de tiempo”, sino una amenaza potencial para la autonomía intelectual.
La investigación empírica respalda la preocupación sobre la erosión de la capacidad cognitiva. Un estudio del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) utilizó electroencefalogramas (EEG) para medir la actividad cerebral de estudiantes que escribían ensayos con y sin la ayuda de un chatbot. Los hallazgos mostraron que los usuarios de IA experimentaban una actividad neuronal notablemente menor en las partes del cerebro asociadas con las funciones creativas y la atención. Complementando esto, un estudio de Microsoft Research, que encuestó a 319 trabajadores del conocimiento que utilizaban IA generativa, encontró que los participantes informaron necesitar "menos o mucho menos esfuerzo cognitivo" para completar sus tareas con la ayuda de herramientas como Chat GPT, Google Gemini o Copilot. Finalmente, un estudio del profesor Michael Gerlich, de la SBS Swiss Business School, evaluó a 666 personas en el Reino Unido, encontrando que aquellos que utilizaban la IA con mayor frecuencia obtenían puntuaciones más bajas en general en una prueba de pensamiento crítico. La siguiente tabla resume estos hallazgos clave.
Estos datos demuestran que el declive de la lectura y el auge de la descarga cognitiva de la IA no son fenómenos paralelos, sino que se refuerzan en un preocupante ciclo de retroalimentación. El mal hábito que alienta al cerebro a hojear y saltar de un texto a otro hace que la lectura profunda resulte una tarea tediosa. Cuando la inteligencia artificial ofrece una alternativa que no requiere esfuerzo, el usuario, propenso a buscar el camino más rápido, se inclina a delegarle la tarea al algoritmo. Esta elección, a su vez, deja de lado el ejercicio del pensamiento profundo, creándose un círculo vicioso. Un usuario intensivo de IA en el estudio de Gerlich (2025) encapsuló este ciclo al lamentar: "Confío tanto en la IA que no creo que sabría cómo resolver ciertos problemas sin ella".
Esta dependencia cognitiva hace a los individuos particularmente vulnerables a un problema crítico: la transferencia de sesgos, ya que las IA suelen proyectar los sesgos cognitivos de los especialistas que les hayan incorporado los conceptos, los datos y los enfoques cosmovisivos. Esto no es meramente un problema técnico, sino uno de naturaleza política y filosófica.
Tabla 2: Hallazgos clave sobre el impacto cognitivo de la IA generativa
Estudio |
Participantes |
Hallazgo clave |
Implicación clave |
MIT |
54 estudiantes |
Menor actividad neuronal en el cerebro de los usuarios de IA en áreas asociadas a la creatividad y la atención. |
El uso de IA podría tener un costo a largo plazo en las funciones cerebrales superiores. |
Microsoft Research |
319 trabajadores |
Mayoría de los trabajadores necesitaron "menos o mucho menos" esfuerzo cognitivo para completar tareas con IA. |
La IA alivia la carga mental de tareas complejas, lo que podría conducir a la atrofia cognitiva. |
SBS Swiss Business School |
666 personas |
Los participantes que más utilizaban la IA obtuvieron puntuaciones más bajas en pruebas de pensamiento crítico. |
Existe una correlación entre el uso intensivo de la IA y una menor capacidad de pensamiento crítico. |
La capacidad para detectar sesgos, así como para discernir los errores de la IA, requiere un conocimiento previo del tema, un dominio adquirido a través de la lectura profunda y el análisis de múltiples puntos de vista. Si la habilidad para la lectura profunda se convierte en un lujo accesible solo para una élite, la mayoría de la población que depende de la IA se verá privada de los medios para cuestionar la información que consume. En un futuro así una minoría mantendría la capacidad de entender el mundo de manera crítica, mientras que la mayoría se limitaría a absorber la cosmovisión sesgada de sus algoritmos, un claro ejemplo de una nueva forma de subyugación cognitiva.
Esta transformación de los hábitos cognitivos ampliaría la brecha social. La capacidad de concentrarse y razonar en profundidad no es una característica innata, sino una habilidad que se cultiva a lo largo de la vida, y en ello desempeñan un papel importante las instituciones educativas y la familia en cualquier sociedad.
Las implicaciones políticas de esta bifurcación son profundas y alarmantes. Una población que pierda el hábito cultural de la lectura y su capacidad de razonamiento crítico se vuelve menos racional. En este tipo de entorno los demagogos que dominan el lenguaje de los memes y los videos cortos adquieren una ventaja significativa, mientras que las cuestiones políticas complejas, y "aburridas" para algunos, quedan fuera del alcance del debate público. Esto permite a los oligarcas de la tecnología y a una clase gobernante astuta manipular discretamente las áreas políticas clave, manteniendo sin sustancia los rituales de la democracia de masas. La consecuencia es el vaciamiento de la participación consciente del individuo en los asuntos de la comunidad, quedando subordinado a la lógica de un nuevo poder digital-político.
Repercusión en el ámbito de las relaciones internacionales
La merma del hábito lector tiene repercusiones negativas en el insondable territorio de la cognición porque erosiona las capacidades crítico-analíticas, las cuales son indispensables en el desempeño diplomático para la evaluación de procesos que ocurren en la arena internacional; la deslectura limita la comprensión profunda de contextos históricos y culturales, la destreza para detectar matices y contradicciones y se tiende a simplificar las dinámicas complejas que caracterizan, particularmente, el mundo de los fenómenos sociales.
Sin hábito de lectura razonada se corre el riesgo de no saber diferenciar la información de la propaganda, de que las recomendaciones que envía a su sede principal un funcionario diplomático se basen en intuiciones o emociones y de que las respuestas a dinámicas globales se reduzcan a eslóganes, y de que los impulsos reactivos suplanten la deliberación racional.
Si se toma en cuenta el hecho de que la política exterior de un Estado depende de que la sociedad comprenda y debata sobre asuntos globales que de un modo u otro le afecten, el fenómeno de la deslectura tiene repercusiones políticas que van desde el debilitamiento de la deliberación democrática y la ausencia de una opinión ciudadana informada, empobreciéndose la esfera pública, hasta el surgimiento de discursos chovinistas que reflejan y propician la polarización ideológica y política.
Cuando el hábito lector se reduce las narrativas falsas encuentran menos resistencia, fertilizándose el terreno para la vulnerabilidad frente a la desinformación, que suele circular con expansión viral, particularmente en las redes sociales, a las que debiera considerárseles ya como un importante espacio de realización de las relaciones internacionales. El contrapunteo entre hábito lector versus deslectura puede sintetizarse así:
En el ecosistema informativo actual, viciado por la manipulación intencional con fines políticos, una voluntad lectora consciente y responsable también puede fomentar el hábito de buscar fuentes fidedignas, de contrastar la información y verificarla. De lo contrario, la ausencia de esa voluntad alimentaría la difusión de suposiciones y creencias sin fundamento, lo que debilita las bases racionales de la política exterior de cualquier país y las competencias estratégicas de los sujetos que ejecutan sus lineamientos.
Es sabido que la diplomacia, por la naturaleza de su especialización laboral, es una praxis política que requiere lectura intensiva de documentos, tratados, discursos, señales, subtextos. No es simple lectura, sino interpretación correcta de lo leído, para lo cual se necesita una formación cultural lo más integral posible. Las consecuencias de la deslectura se revelarían en los siguientes aspectos:
a) Menor capacidad para interpretar intenciones y contextos, para analizar doctrinas estratégicas de otros países, leer entre líneas declaraciones oficiales, comprender culturas políticas ajenas.
b) Empobrecimiento del pensamiento estratégico. La diplomacia requiere memoria histórica; la pérdida del hábito de lectura crea diplomáticos sin “archivo mental”, vulnerables a errores ya cometidos en otras épocas y contextos.
c) Debilitamiento del lenguaje diplomático. La diplomacia se desenvuelve con palabras; al disminuir la lectura disminuye la capacidad para usarlas con precisión y matices.
La pérdida del hábito lector paulatinamente sedimentaría una cultura internacional basada en la inmediatez, la emotividad, la fragmentación y la superficialidad, lo cual pudiera llevar a que la formulación de políticas, nacionales o exteriores, sean cortoplacistas, donde los Estados busquen impactos inmediatos y no estrategias de largo plazo.
b) Crisis de los organismos multilaterales. Si se toma en cuenta que los organismos internacionales operan con documentos complejos, la deslectura limitará la capacidad de sostener procesos multilaterales prolongados, en los que se requiere una visión integral, sosegada y estratégica, en un sistema mundo en permanente cambio y transformación.
c) Aceleración, magnificación o subestimación de conflictos debido a errores de interpretación. Sin el hábito de lectura profunda pudieran aumentar los malentendidos diplomáticos, los errores de cálculo y escaladas no anticipadas.
Asimismo, los actores no estatales, como las ONG, las organizaciones empresariales, los movimientos sociales y los actores comunitarios pudieran ver debilitadas sus capacidades globales de diálogo si pierden el hábito sistematizado de lectura. Se reducirían sus capacidades para redactar informes, agendas y propuestas; disminuye la solidez de sus argumentaciones en foros internacionales y se empobrecen las redes transnacionales basadas en producción intelectual, cuya consecuencia sería el debilitamiento de la cooperación cognitiva en función del orden internacional.
Tómese en cuenta que el orden internacional no solo se establece y sostiene con financiamiento y acuerdos, sino también con ideas que estructuran cualquier teoría de seguridad, doctrina diplomática, principio de derecho, visión de desarrollo.
Si se pierde la lectura se empobrece la creación de ideas nuevas y útiles, se limita la capacidad de actualizar teorías, disminuye la producción de pensamiento estratégico y merma la calidad del asesoramiento a los gobiernos.
En términos sistémicos la pérdida del hábito de lectura puede acrecentar la brecha entre naciones, favoreciéndose aquellas donde su gobierno implemente políticas educativas que incentiven la lectoescritura comentada y debatida en el aula. Tómese en cuenta que el ejercicio diplomático necesita funcionarios capaces de ejecutar con calidad las líneas de política exterior que cada Estado establezca, convirtiéndose todos en actores que, mediante sus interacciones con sus homólogos, reproducen y sostienen el ámbito de las Relaciones Internacionales como disciplina y como praxis política.
CONCLUSIONES
El declive del hábito de lectura y el auge de una cultura de "descarga cognitiva" apoyada en el uso de la inteligencia artificial no deben reducirse a una cuestión de eficiencia. Son parte de una reingeniería fundamental del pensamiento humano. La delegación de procesos intelectuales complejos a los algoritmos no es un acto neutro, sino una transformación cultural que tiene un costo cognitivo inherente y no monetario.
La narrativa dominante de los beneficios de la IA, como pueden ser el aumento de la productividad y el ahorro de tiempo, no debiese aceptarse ciegamente, sin cuestionamientos. La pregunta fundamental que los usuarios y los reguladores deben plantearse es si los beneficios más amplios de la IA compensan cualquier costo cognitivo a largo plazo.
El riesgo que plantea la cognición “algoritmizada” es tener una población sutilmente reprogramada para pensar de manera tal que sirva a los intereses de la minoría que controla los algoritmos y sus sesgos. El "neocolonialismo tecnológico" se manifiesta en la erosión de la capacidad de pensamiento autónomo de la mayoría, volviéndola dependiente de una herramienta que, en última instancia, refleja la visión del mundo de quienes la crearon.
El futuro de la sociedad, por lo tanto, no depende únicamente de lo que una herramienta de IA pueda hacer por los usuarios, sino de lo que los usuarios deben hacer para preservar su propia capacidad para pensar, razonar críticamente y decidir de manera autónoma. La renuncia a la responsabilidad de aprender algo bien tendría un costo profundo e irreversible para la humanidad. Además, conformarse con una respuesta de IA no implica esfuerzo, sino negligencia intelectual. El reto está en utilizar, con cultura, los beneficios de la IA, que es, en realidad, una herramienta útil de base de datos y de fuentes que ahorra tiempo en la investigación sobre cualquier asunto de interés académico, empresarial o gubernamental.
Por tanto, solo el hábito de lectura profunda y razonada, en diálogo con varios autores que traten un mismo tema, le permite al individuo darse cuenta en qué se equivoca una IA, qué concepción filosófica, política, económica o religiosa está proyectando, etc., porque —vale la pena reiterar esta observación— las IA suelen transferirle al usuario los sesgos cognitivos de los especialistas que les hayan incorporado los conceptos, los datos y los enfoques cosmovisivos con que ellos mismos fueron formados (educados).
Este artículo se ha limitado a identificar la retroacción causal de la pérdida del hábito de lectura sistematizada, una praxis que durante siglos fue un canal fundamental de aprendizaje y construcción del pensamiento crítico, así como sus implicaciones en un campo de acción política como es el trabajo diplomático. Es esperable que, de lo expuesto en el texto, puedan abrirse cauces de investigación con nuevas aristas de abordaje a un avance tecnológico todavía en desarrollo, como lo es la denominada inteligencia artificial.
La disminución del hábito de lectura limita la capacidad para evaluar dinámicas geopolíticas, interpretar discursos y declaraciones, tendencias, signos, símbolos y metáforas, todo ello en sus correspondientes contextos y significados, algo esencial en el desempeño de la función diplomática.
La deslectura tiene efectos negativos profundos en las relaciones internacionales porque, como fue señalado y vale la pena insistir, mina las capacidades cognitivas, políticas, estratégicas y culturales necesarias para entender y gestionar un mundo interdependiente.
En suma, cada individuo conservará su soberanía e integridad intelectual si mantiene el hábito de leer críticamente, incluso en formatos digitales, cualquier resultado algorítmico que, a fin de cuenta, es construido por seres humanos que defienden intereses de cualquier tipo. Cabe anotar que, en este nuevo paso del desarrollo tecnológico, renueva su vigencia el pensamiento martiano que dice: “Ser cultos es el único modo de ser libres”.
notas
1 La delegación del aprendizaje a una inteligencia artificial, en lugar de mantener la responsabilidad de aprender algo con voluntad y esfuerzo propios.
2 Entiéndase la disminución o la pérdida del hábito tradicional de lectura de textos completos.
3 Denominación de su creador, el pensador francés Edgar Morin.
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