Fratelli d’Italia: entre el populismo, el conservadurismo y la
herencia neofascista

Fratelli d’Italia: between populism, conservatism and the neo-fascist heritage

Fratelli d’Italia: entre populisme, conservatisme et héritage néo-fasciste

Fratelli d’Italia: entre o populismo, o conservadorismo e a herança neofascista

M. Sc. Ángel Rodríguez Soler

Máster en Historia Contemporánea, mención en Relaciones Internacionales. Profesor e investigador auxiliar del Centro de Investigación de Política Internacional (CIPI), La Habana, Cuba. angelrsoler@gmail.com 0000-0002-8704-4625

Cómo citar (APA, séptima edición): Rodríguez Soler, Á. (2026). Fratelli d'Italia: entre el populismo, el conservadurismo y la herencia neofascista. Política internacional, VIII (Nro. 2), 22-39. https://doi.org/10.5281/zenodo.19131608

https://doi.org/10.5281/zenodo.19131608

 

Recibido: 2 de febrero de 2026

Aprobado: 12 de marzo de 2026

publicado: 16 de abril de 2026

 

RESUMEN Este artículo analiza la identidad ideológica de Fratelli d’Italia (FdI), el partido gobernante en Italia desde 2022, para determinar si se le debe clasificar principalmente como un partido de extrema derecha, conservador o populista. A través de un análisis cualitativo del discurso público de su líder, Giorgia Meloni, y de los documentos programáticos del partido, el estudio examina los componentes centrales de su narrativa política. Los resultados identifican un núcleo ideológico basado en el conservadurismo nacional-católico (defensa de la familia tradicional, las raíces cristianas y la soberanía nacional), recubierto por una capa retórica populista que moviliza la dicotomía “pueblo vs. élites” y un nativismo dirigido contra la inmigración, especialmente la islámica. Si bien el partido tiene raíces históricas en el neofascismo italiano, el análisis sugiere que su oferta programática sistematizada se alinea más con el conservadurismo populista, moderando en la práctica su euroescepticismo inicial y evitando un rupturismo democrático explícito. El estudio concluye que FdI representa un caso de hibridación ideológica donde el conservadurismo actúa como eje principal, instrumentalizando el populismo para su movilización electoral. Una limitación del estudio es su enfoque en el discurso, sin un análisis empírico cuantitativo del comportamiento electoral o de las políticas implementadas. Se recomienda investigar futuramente la congruencia entre este discurso y la acción de gobierno de FdI en materia de política exterior y migratoria.

Palabras clave: Fratelli d’Italia; Giorgia Meloni; populismo de derecha; conservadurismo; nacionalismo; polarización política

 

 

ABSTRACT This article analyzes the ideological identity of Fratelli d’Italia (FdI), the ruling party in Italy since 2022, to determine whether it should be primarily classified as a far-right, conservative, or populist party. Through a qualitative analysis of the public discourse of its leader, Giorgia Meloni, and the party’s programmatic documents, the study examines the core components of its political narrative. The results identify an ideological core based on national-Catholic conservatism (defense of the traditional family, Christian roots, and national sovereignty), overlaid by a populist rhetorical layer that mobilizes the “people vs. elites” dichotomy and a nativism directed against immigration, especially Islamic immigration. While the party has historical roots in Italian neo-fascism, the analysis suggests that its systematized programmatic offering aligns more closely with populist conservatism, moderating its initial Euroscepticism in practice and avoiding explicit democratic rupture. The study concludes that FdI represents a case of ideological hybridization where conservatism acts as the main axis, instrumentalizing populism for electoral mobilization. One limitation of the study is its focus on discourse, without a quantitative empirical analysis of electoral behavior or implemented policies. Future research is recommended to investigate the congruence between this discourse and FdI's government actions in foreign and immigration policy.

Keywords: Fratelli d'Italia, Giorgia Meloni, populist right, conservatism, nationalism political polarization

 

RÉSUMÉ Cet article analyse l’identité idéologique de Fratelli d’Italia (FdI), parti au pouvoir en Italie depuis 2022, afin de déterminer s’il relève principalement de l’extrême droite, de la droite conservatrice ou du populisme. À travers une analyse qualitative du discours public de sa dirigeante, Giorgia Meloni, et des documents programmatiques du parti, l’étude examine les composantes essentielles de son discours politique. Les résultats mettent en évidence un noyau idéologique fondé sur le conservatisme national-catholique (défense de la famille traditionnelle, des racines chrétiennes et de la souveraineté nationale), auquel se superpose une rhétorique populiste qui instrumentalise la dichotomie « peuple contre élites » et un nativisme hostile à l’immigration, notamment musulmane. Bien que le parti ait des racines historiques dans le néofascisme italien, l’analyse suggère que son programme systématisé s’apparente davantage au conservatisme populiste, atténuant dans les faits son euroscepticisme initial et évitant une rupture démocratique manifeste. L'étude conclut que le FdI représente un cas d'hybridation idéologique où le conservatisme constitue l'axe principal, instrumentalisant le populisme à des fins de mobilisation électorale. Une limite de l'étude réside dans son analyse du discours, sans analyse empirique quantitative du comportement électoral ni des politiques mises en œuvre. Des recherches futures sont recommandées afin d'étudier la cohérence entre ce discours et les actions gouvernementales du FdI en matière de politique étrangère et d'immigration.

Mots-clés: Fratelli d’Italia ; Giorgia Meloni ; populisme de droite ; conservatisme ; nationalisme ; polarisation politique

 

 

RESUMO Este artigo analisa a identidade ideológica do Fratelli d’Italia (FdI), partido no poder em Itália desde 2022, para determinar se deve ser classificado principalmente como um partido de extrema-direita, conservador ou populista. Através de uma análise qualitativa do discurso público da sua líder, Giorgia Meloni, e dos documentos programáticos do partido, o estudo examina os componentes centrais da sua narrativa política. Os resultados identificam um núcleo ideológico baseado no conservadorismo nacional-católico (defesa da família tradicional, das raízes cristãs e da soberania nacional), sobreposto por uma camada retórica populista que mobiliza a dicotomia “povo versus elites” e um nativismo dirigido contra a imigração, especialmente a imigração islâmica. Embora o partido tenha raízes históricas no neofascismo italiano, a análise sugere que a sua oferta programática sistematizada se alinha mais estreitamente com o conservadorismo populista, moderando o seu euroceticismo inicial na prática e evitando uma rutura democrática explícita. O estudo conclui que a Fratelli d’Italia (FdI) representa um caso de hibridização ideológica onde o conservadorismo atua como eixo principal, instrumentalizando o populismo para a mobilização eleitoral. Uma limitação do estudo é o seu foco no discurso, sem uma análise empírica quantitativa do comportamento eleitoral ou das políticas implementadas. Recomenda-se que futuras pesquisas investiguem a congruência entre este discurso e as ações do governo da FdI em política externa e migratória.

Palavras-chave: Fratelli d’Italia; Giorgia Meloni; populismo de direita; conservadorismo; nacionalismo; polarização política

 

 

INTRODUCCIÓN

En distintos países de la Unión Europea (UE), los partidos de extrema derecha han alcanzado un protagonismo político; estamos presenciando no solo el surgimiento de nuevos participantes en algunos sistemas políticos, sino también la consolidación de varios de ellos como actores políticos potencialmente importantes (Acha, 2015). En este sentido, el avance de estas fuerzas extremas es una especie de respuesta a la crisis civilizatoria, económica y societal que asistimos, pero disfrazada con cuestiones nacionalistas, étnicas, geopolíticas, culturales, económicas y religiosas.

Estos fenómenos han recibido varios nombres: partidos protesta (Mair, 1994 derechas radicales (Rydgren, 2007), ultraderechas (Mudde, 2021), derecha alternativa (Hawley, 2017; Cooper, 2021), extrema derecha (Stewart, 2020) extremismos, fascismos, neofascismos, posfascismos (Traverso, 2018) y populismos de derecha (March, 2017), no siempre han sido funcionales como categorías de análisis que contribuyan a entender la configuración que toma el fenómeno y explique sus causas.

Por su parte, el conservadurismo contemporáneo se articula en torno a la defensa del orden social tradicional, la primacía de la nación, la familia y la religión como pilares identitarios, mostrando escepticismo frente a proyectos de transformación acelerada (Varriale, 2025).

Pipa Noris y Ronald Inglehart (2019) propone hablar de populismo autoritario para los partidos de derecha radical a partir de su retórica simplista, directa, segmentada y comprensible, además brinda una teoría general que explica la polarización en torno a la división cultural que divide a liberales y conservadores sociales en el electorado y cómo estos valores se traducen en apoyo a los partidos y líderes autoritarios-populistas en Estados Unidos y Europa. Según Rodríguez (2024) plantea la idea de que el populismo no es una ideología política única, sino más bien una estrategia de acción política.

Estos nuevos partidos de corte populista y de extrema derecha, algunos especialistas del tema lo definen como “una ideología que considera que la sociedad está dividida en dos grupos homogéneos y antagónicos: "el pueblo soberano" frente a "la élite corrupta" (Mudde, 2004). Otros sostienen que el populismo implica que el pueblo es una entidad fija y armoniosa, que constituye un caldo de cultivo para tendencias autoritarias (Kaltwasser, 2017).

En efecto, han aprovechado la fatiga del ciudadano por la situación económica y se presentan como reacción a cambios sociales, políticos y culturales, que han estado cada vez más presentes en cada cita electoral. La extrema derecha extiende su influencia en el espacio político no solo por sus propuestas programáticas, sino por su capacidad de apropiación discursiva y su manejo de las emociones colectivas. Además, la construcción del “enemigo” actúa como un mecanismo de cohesión interna y de diferenciación frente a otros actores políticos (Velázquez y García, 2025).

La actual primera ministra de Italia es Giorgia Meloni, líder del partido posfascista Fratelli d'Italia (FdI), quien ha incrementado por seis veces el porcentaje alcanzado en 2018 (de un 4,3% a un 26,5%). Con La Liga de Matteo Salvini logró el 9%, Forza Italia (del ex primer ministro y empresario Silvio Berlusconi) llegó al 8%, y los aliados menores del centro obtuvieron cerca del 1%, alcanzando la mayoría parlamentaria con un 46%. Los italianos la llaman coalizione di centro-destra, es decir, "coalición de centroderecha".

Meloni está lista para encabezar el primer gobierno de extrema derecha en Italia desde la Segunda Guerra Mundial y para ser la primera mujer en ocupar el cargo de primer ministro en Italia, exactamente un siglo después de que Benito Mussolini, líder del fascismo, accediera al poder con su Marcha sobre Roma en 1922 (Winfield, 2022). También se ha descrito como una estrategia política mediante la cual un líder personalista busca o ejerce el gobierno a partir del apoyo directo e incondicional de un gran número de seguidores no organizados (Weyland, 2021).

En su discurso de victoria expresó: “No somos un punto de partida ni de llegada", ha dicho ante sus seguidores tras conocer las proyecciones. "Es a partir de mañana que tenemos que demostrar nuestro valor. Es el tiempo de la responsabilidad. Es el momento en el que si se quiere hacer parte de la historia, se tiene que entender la responsabilidad que se tiene ante decenas de millones de personas, porque Italia nos ha elegido y no la traicionaremos, como nunca hemos hecho. Por lo tanto, es importante entender que si somos llamados a gobernar esta nación, lo haremos para todos; gobernaremos para todos los italianos con el objetivo de unir a este pueblo, de resaltar aquello que lo une y no lo que lo divide. Porque nuestro objetivo es que los italianos puedan estar orgullosos de serlo" (El PAÍS, 2022).

En su juventud, Meloni también había comentado que Mussolini fue un buen político (The Objective, 2022); en sus memorias de 2021, tituladas "Soy Giorgia", expuso que la experiencia era una demostración de cómo "un genocidio se produce gradualmente, paso a paso". En un video de campaña electoral expresó: "Durante décadas, la derecha italiana ha dejado el fascismo en el pasado, condenando sin ambigüedades las leyes ignominiosas contra los judíos y la eliminación de la democracia" (Winfield, 2022). Sin duda, cada período histórico tiene su propio fascismo.

De manera que la identidad del FdI, los fundamentos ideológicos de su discurso político y el contenido de sus programas son temas del debate académico. Ahora bien, la cuestión que nos planteamos es si estamos frente a un partido nuevo o simplemente ante el más reciente y moderno representante de una tradición que se remonta a una época de la historia italiana que comenzó hace un siglo con la llegada del fascismo, o frente a una agrupación política innovadora y de carácter híbrido que fusiona componentes del viejo extremismo neofascista de la derecha, el populismo conservador y el conservadurismo actual.

Acá, la historia se presenta como una herramienta para entender el pasado como guía en el presente. En las recientes elecciones parlamentarias de 2022, los italianos votaron por la transformación, deseando algo nuevo que parece ir más allá de la ideología política convencional debido a la desconexión entre las instituciones, los partidos tradicionales en el poder y la gran mayoría de los ciudadanos, especialmente los más jóvenes, quienes presentaron un índice de abstención cercano al 50% en estos comicios; así como las disparidades socioeconómicas entre el norte y el sur se evidencian con una abstención que alcanzó un récord histórico del 36%, entonces, quiénes son los portadores del cambio real en Italia.

El presente artículo tiene como objetivo general: analizar la naturaleza ideológica predominante de FdI en el escenario político italiano y la identidad ideológica de FdI a partir de un acercamiento del discurso de Giorgia Meloni y de los documentos programáticos oficiales del partido, con el fin de identificar los elementos posfascistas en su narrativa; el papel del conservadurismo nacional-católico como eje doctrinal; y determinar si el populismo funciona como ideología o como un medio para movilizarse electoralmente. Para ello se realiza un estudio cualitativo de corte analítico-interpretativo, basado en el análisis crítico del discurso (Van Dijk, 2017), entendido como una perspectiva que permite examinar la producción simbólica del poder, la construcción de identidades colectivas y la articulación de marcos ideológicos en el lenguaje político.

DESARROLLO

La fragmentación política en Italia

A partir de 1992, Italia comenzó una crisis política que fue marcada por una serie de escándalos de corrupción. Estos provocaron la desaparición de los partidos tradicionales y generaron en la sociedad un rencor hacia lo político que fue utilizado por líderes como Berlusconi o partidos nacionalistas de derecha radical como la Lega Nord (LN), más recientemente renombrada La Lega en el 2013.

La desaceleración económica, frecuentemente vinculada con los procesos de desindustrialización promovidos por la globalización, y el efecto de las migraciones (Tarchi, 2008) hicieron que estos sentimientos se intensificaran. No obstante, las dos coaliciones principales que se turnaron en el gobierno lograron atenuar los ímpetus populistas de sus sectores más radicales hasta 2011.

Italia ha vivido una profunda reconfiguración de su sistema político, impulsada por el ascenso de partidos populistas tanto de derecha radical como de derecha moderada, lo que ha desplazado el centro de gravedad nacional hacia posiciones más conservadoras, soberanistas y nacionalistas. Formaciones como FdI con raíces posfascistas de Giorgia Meloni, la LN de Matteo Salvini y, en menor medida, Forza Italia de Silvio Berlusconi, su vertiente más tradicionalista, han capitalizado cuestiones como el control migratorio, la seguridad nacional, la defensa de la identidad cultural y un euroescepticismo moderado, obligando al centro-derecha clásico a endurecer su discurso.

Se ha configurado un bloque de derecha con la fuerza suficiente para obtener mayorías de gobierno. Esto ha marginado a la izquierda y a los partidos de centro que, en el pasado, a menudo se veían obligados a formar grandes coaliciones inestables. Estos partidos han explotado la dicotomía "pueblo soberano vs. élite política" característica del populismo; con un discurso centrado en el nacionalismo y euroescepticismo, con una postura antiinmigración y nativista, la promesa de defensa de la soberanía nacional frente a las instituciones europeas y el énfasis en valores ultraconservadores y la protección de un estilo de vida tradicional.

Paralelamente, la fragmentación del centro político y el debilitamiento de partidos como el Partido Democrático (PD) han ampliado el espacio para narrativas antiélites, facilitando la consolidación del populismo de derechas en las instituciones. Como resultado, políticas anteriormente marginales (el reforzamiento de las fronteras, la revisión del equilibrio de poderes del Estado o una mayor alineación con gobiernos conservadores europeos) han sido progresivamente normalizadas.

El sistema político italiano experimentó un realineamiento significativo tras la disolución de los principales partidos de la posguerra, como la Democracia Cristiana (DC) y el Partido Socialista (PSI). Este vacío y el rechazo a la política tradicional ("partidocracia") permitieron la irrupción de nuevas fuerzas y populistas.

Entonces, la desaparición o el notable debilitamiento de DC, PSI y otros partidos tradicionales generaron un vacío de representación tanto en el centro como en el centro-izquierda, desestructurando el habitual eje de coaliciones anticomunistas frente a comunistas. Esto dio lugar a un realineamiento electoral, donde los antiguos bloques se reconfiguraron, las lealtades históricas se transformaron y emergieron nuevas identidades partidistas.

En este contexto, aparecen nuevas fuerzas con un fuerte tono antisistema, como Forza Italia de Silvio Berlusconi, que fue fundada en 1994; esta fuerza combinó un liderazgo personalista, un uso intensivo de los medios de comunicación y un discurso en contra de la vieja clase política. Desde que ingresó a la política, la derecha italiana se ha impuesto en lo que respecta a la narrativa sobre la memoria histórica y a una revisión exhaustiva de su historia. Esta cuestión está relacionada directamente con un tema de la banalización del fascismo que han realizado los gobiernos de derecha y los medios de comunicación afines.

Silvio Berlusconi intensificó el fantasma del fascismo gubernamental. Este convocó al MSI, que más tarde se llamó Alianza Nacional, a participar en un gobierno de coalición en el año 1994. Fue la primera vez que un partido de extrema derecha, aún impregnado de nostalgia fascista, integraba un gobierno en Europa después de la guerra (Ignazi, 2015). Berlusconi incluyó además a la LN de Umberto Bossi, que era xenófoba y populista.

El MSI recibió legitimidad a través de esta coalición, según lo declaró el primer ministro italiano. La inclinación de Berlusconi hacia el fascismo se hizo evidente años más tarde, cuando afirmó: “Mussolini no asesinó a nadie. Mussolini ordenaba que la gente se fuera de vacaciones, al exilio interno” (Focardi, 2022).

El propósito de esta política revisionista de la memoria era consolidar la visión del pasado que tenía la derecha, en este sentido, algunos líderes, principalmente de la coalición de derecha, ven al fascismo como un régimen nacionalista muy distante de la naturaleza criminal que caracterizó al régimen nazi de Hitler.

Uno de los historiadores del fascismo, Robert Paxton, ha indicado que los movimientos fascistas no son un fenómeno estático. Para poder ejercer influencia en los espacios políticos necesitan reestructurarse y ajustarse. Por lo tanto, entender a los aliados y los contextos del fascismo es tan importante como entender a los propios fascistas (Paxton, 2012).

Por su parte, el politólogo Jim Wolfreys ha explicado la importancia del espacio político; el arte de comprender el fascismo no tiene que basarse en agendas de comprobación, en marcar elementos propios de los movimientos modernos ante un "mínimo fascista" ni en hallar "réplicas fieles de la retórica, los programas o las preferencias estéticas de los primeros movimientos fascistas de los años 20" (Thomas, 2023).

También se destaca la LN, que presenta un regionalismo/federalismo radical y un relato anti-Roma, caracterizado por la frase "Roma ladrona", así como una oposición a las élites centrales. Posteriormente, el Movimiento 5 Estrellas (M5S) introduce un populismo "transversal"; sin embargo, su posterior declive y la consolidación de FdI de Giorgia Meloni refuerzan el polo populista de derechas, ahora con referencias postfascistas y un discurso nacional-conservador, aprovechando el descontento hacia la "casta" política y el desgaste de los nuevos partidos.

Las crisis económicas, la liberalización del mercado laboral, la incapacidad del gobierno para ofrecer respuestas adecuadas a cuestiones fundamentales como el incremento de los índices de inmigración y la creciente desconexión entre la ciudadanía y las instituciones políticas tradicionales, facilitaron el ascenso de la derecha italiana como una alternativa al fracaso de la narrativa tradicional en el poder.

En el caso de la política de derecha populista italiana, diversos cambios sociales han generado una sensación de amenaza al estatus colectivo entre las mayorías etnoculturales nacionales. El discurso político y mediático ha canalizado dichas amenazas con resentimientos hacia las élites, los inmigrantes y las minorías étnicas, raciales y religiosas, activando así actitudes previamente latentes y legitimando campañas políticas radicales que prometen devolver el poder y el estatus a sus partidarios agraviados (Bonikowski, 2017).

Este escenario ha generado un estado de ansiedad evidente en el electorado; los votantes han optado por la opción conservadora y proteccionista que ofrecen los partidos populistas de derecha como respuesta a esta incertidumbre. Por lo tanto, el proceso de radicalización de la derecha italiana promovió la expansión y el crecimiento de FdI, aumentó del 4 % en las elecciones generales de 2018 al 26 % en 2022.

De acuerdo con (Fruncillo, 2017), se generó un distanciamiento entre los partidos políticos y la vida de los ciudadanos. Estos últimos se han concentrado tanto en su función meramente institucional como en su deseo de obtener votos a cualquier precio; se han vuelto incapaces de reflejar la voluntad popular en la toma de decisiones políticas. Esto resultó en la pérdida gradual de sus identidades, al presentar programas políticos con posturas muy imprecisas dirigidas a un electorado diverso, pero al mismo tiempo, muy poco coherentes en sus formulaciones.

Este distanciamiento entre las élites partidistas y la voluntad popular generó una brecha que facilitó el fortalecimiento de los partidos populistas de extrema derecha, con propuestas mucho más radicales y un enfoque particular en la defensa del principio de identidad, no solo de la organización política, sino también de los votantes y de la nación en un sentido más amplio.

Estas agrupaciones, además, supieron aprovechar las deficiencias de los partidos tradicionales para atacar a las élites y al establishment político, buscando socavar aún más la credibilidad ciudadana en ellos y efectuar la fuga de votos hacia la derecha.

Entonces, la falta de cambios tangibles en relación con asuntos clave para los votantes, a pesar de las continuas variaciones en los gobiernos, llevó a la percepción pública de los procesos electorales como una simple manipulación de los mecanismos democráticos en función de las farsas políticas de los partidos para alcanzar el poder. Por lo tanto, el estado de fragilidad del sistema político italiano comenzó a quebrar el statu quo de la balanza de poder, incrementando el gradiente a favor de la derecha, cuyo papel mostró una tendencia creciente al comenzar a aglutinar a aquellas personas que demandaban un cambio en la política.

El abstencionismo en las últimas elecciones generales de 2022 alcanzó cifras récord en la historia de la democracia italiana. La decisión de un número significativo de electores de no ejercer su derecho al voto reflejó su elevado grado de desmotivación con el sistema en general y su desconfianza, así como la falta de identificación ante las propuestas políticas de los partidos y coaliciones presentadas. La participación electoral fue de apenas un 63,9 % de los votantes, lo que representa una caída de casi un 9 % desde las elecciones de 2018 (Pietrucci, 2023).

El triunfo de la nueva extrema derecha en las elecciones pone de manifiesto la entrega del electorado a formaciones extremistas o más radicales en algunos puntos de la agenda política, en parte porque estas ofrecían la posibilidad de una transformación política y social, pero también como una forma de castigo a los partidos políticos tradicionales. Las demandas antiguas, ignoradas durante décadas, dieron lugar a movimientos en contra de las élites (Gallello, 2022).

Esta desafección política y la deslegitimación de las fuerzas tradicionales crearon un contexto favorable para la expansión de formaciones de carácter populista. Como indica (Bottura, 2023), el populismo es una respuesta normativa a una crisis percibida en la legitimidad democrática, que se activa por las dificultades políticas, económicas y culturales, a menudo provocadas por la colisión multinivel de los Estados-nación con la globalización.

Hermanos de Italia (FdI) desde su discurso son conservadores, populistas o simplemente una expresión más de extrema derecha en Europa

En un contexto político europeo marcado por una crisis de representatividad y una desafección de los ciudadanos hacia el Estado y los partidos tradicionales, los discursos de las formaciones populistas se fundamentan en ataques destinados a desacreditar el funcionamiento de las instituciones y a señalar chivos expiatorios. Las emociones se presentan como una herramienta fundamental en la comunicación política para los partidos populistas de derecha. El análisis de estos mecanismos proporciona nuevas perspectivas para examinar no solo las estrategias utilizadas y su efecto en las elecciones, sino también los componentes que sustentan la creación de un discurso identitario (Palau y Bousquet, 2023).

En una estrategia de comunicación política efectiva, además del mensaje, es fundamental identificar al público objetivo y sus necesidades. Entre los recursos más explotados para generar narrativas están las frustraciones, la humillación, las expectativas, las emociones en general, para lo cual ha sido fundamental aprovechar el contexto de crisis mundial de los últimos años, así como el desgaste de las fuerzas políticas tradicionales (tanto de derecha como de izquierda) y su discurso en la búsqueda de soluciones efectivas. Estas tendencias, que forman parte de las tradiciones político-ideológicas de orientación hacia la derecha, tratan precisamente de estructurar de manera coherente un conjunto de valores; sus programas son muy flexibles y utilizan el populismo de derecha como un relato político, apostando por las emociones políticas que apelan al miedo, la esperanza, la ira y la felicidad en su comunicación con los votantes (Rodríguez, 2024).

La despolitización del mensaje de la derecha la hace presentarse mucho más alternativa y atractiva, frente a una izquierda mucho más heterogénea, dividida y corroída. Eso pone al relieve toda una serie de frustraciones, de distinta índole, entre las que se destaca la deslegitimación de las élites y, por tanto, desconfianza de los ciudadanos hacia las instituciones políticas, las cuales se acumulan y se exacerban en las condiciones actuales por medio de determinadas expresiones nacionalistas, nativistas y xenófobas (Rodríguez, 2024).

Varios estudios suelen emplear el marco de análisis crítico del discurso de Van Dijk, que no es tanto una dirección, escuela o especialidad similar a las numerosas “aproximaciones” restantes en los estudios del discurso como un intento de ofrecer una “manera” o “perspectiva” distinta de teorización, análisis y aplicación a través de dicho entero campo de investigación. Cabe encontrar una perspectiva más o menos crítica en áreas tan diversas como la pragmática, el análisis de la conversación, el análisis narrativo, la retórica, la estilística, la sociolingüística interaccional, la etnografía o el análisis de los medios (Van Dijk, 2017).

Además, las actitudes como memorias colectivas muestran una narrativa compartida de la historia nacional como fuentes tanto de orgullo como de trauma y argumentan que estas narrativas se vinculan con la política contemporánea a través de la nostalgia colectiva, un anhelo emocional por una edad de oro percibida a menudo y movilizada por actores de derecha.

Italia ha sido calificada como un “paraíso populista” (Tarchi, 2015) debido a la notable presencia y diversidad de partidos populistas. En efecto, Italia cuenta con un amplio espectro de movimientos populistas que abarcan ideologías tanto de derecha como de izquierda (Biancalana, 2024). Esta variedad se extiende al contexto europeo, donde, como veremos, los partidos populistas no solo muestran diferentes grados de eurofilia y euroescepticismo, sino que también pertenecen a distintos grupos. Es importante señalar que, dentro del centroderecha, tres partidos italianos se alinean con el modelo de populismo de derecha en diversos niveles (aunque son bastante distintos entre sí): FI, la LN y FdI.

En diciembre de 2012 Giorgia Meloni, Ignazio La Russa y Guido Crosseto fundaron el partido Fratelli d'Italia-Centrodestra Nazionale (Hermanos de Italia-Centro Derecha Nacional) como una escisión del Popolo della Libertà (El Pueblo de la Libertad), pero hunde sus raíces simbólicas e ideológicas en la derecha postfascista italiana, especialmente en el Movimiento Social Italiano (MSI) partido neofascista establecido en 1946 por seguidores de Benito Mussolini y su sucesor Alleanza Nazionale. Esto no significa que sea un partido fascista; mantiene elementos simbólicos heredados (la llama tricolor del MSI), conserva un imaginario nacional-identitario fuerte y cultiva una narrativa histórica sobre la “derecha nacional”.

Los académicos han identificado a FdI de diversas formas (consulte Bressanelli y de Candia, 2023 para una revisión exhaustiva) postfascista, populista de extrema derecha y nacional conservador. En este marco, consideraremos a FdI como un partido de extrema derecha que integra elementos de populismo y euroescepticismo (Donà, 2022). Desde 2017, las plataformas de FdI han integrado elementos de nacionalismo, nativismo y autoritarismo, junto con posturas contrarias a la UE.

El ensayo de Amedeo Varriale titulado Giorgia Meloni’s Brothers of Italy (FdI): Conservative, Populist, or Extreme Right?, plantea que el FdI bajo Meloni se caracteriza ante todo como un partido conservador, con un uso secundario de recursos populistas y sin reunir los rasgos necesarios para clasificarlo como extrema derecha. Propone la etiqueta “partido conservador-populista”, donde el conservadurismo (cultural y socioeconómico) es el núcleo ideológico y el populismo funciona como capa retórica subordinada, no como ideología central (Varriale, 2025).

Además, argumenta que, aunque el partido mantiene raíces posfascistas y un pasado neofascista en algunos de sus miembros, ni su programa de 2018 ni el de 2022 muestran de forma sistemática los elementos clave de la extrema derecha, por lo que el FdI no puede clasificarse como tal “bajo ninguna circunstancia”. Entre los valores identitarios más destacados se encuentra la exaltación y defensa de elementos como la nación, la patria, el pueblo, la tradición y la familia “natural”, elementos conservadores del partido. Asimismo, son también soberanistas, pero no anti-UE y críticos del multiculturalismo y la inmigración irregular.

La estrategia de radicalización logró incrementar el número de votos en las elecciones generales de 2018 (4%) y en las europeas de 2019 (6,4%). En la oposición, sacó provecho del malestar con respecto a la globalización y la UE, así como de la pérdida de fuerza electoral de la LN, que había establecido un gobierno inestable con el M5S. En última instancia, la pandemia le brindó al FdI la oportunidad de elaborar un discurso anticasta y de euroescepticismo, enfocado principalmente en las medidas contra la COVID-19, defendiendo a una población homogénea frente a amenazas percibidas, como los grupos LGBTQ+ y los inmigrantes, especialmente de países de mayoría musulmana. Terminó ganando la competencia entre las derechas, a pesar de que se opuso al gobierno de Draghi, el cual contaba con el apoyo de todos los partidos, incluida la LN (Betti, 2025).

En un contexto caracterizado por los efectos de la crisis económica y el descontento de un sector significativo de la población italiana hacia el establishment, se empleó la estrategia de un nacionalismo excluyente, complementada con un llamado a las personas comunes, quienes fueron presentadas como las principales víctimas de la sociedad multicultural. En las elecciones generales de septiembre de 2022, se evidenció la notable fuerza electoral del populismo en la Italia actual. Estos partidos se distinguen por diferentes grados y tipos de populismo y euroescepticismo.

FdI reivindica abiertamente un perfil católico-nacionalista con un discurso soberanista, antieuropeo y revisionista en términos geopolíticos. Esto ocurre en un contexto donde la propia UE está atravesando diferentes enfoques sobre el conflicto ruso-ucraniano y su relación, más o menos supeditada, con Estados Unidos y la OTAN. A pesar de que, desde la oposición, FdI y Meloni alternaron un apoyo a las misiones internacionales de la OTAN, por ejemplo, desplegaron tropas en Letonia en 2016 bajo el argumento de que dicha acción podría haber creado un "clima de Guerra Fría con Rusia" (Meloni, 2016).

Sin embargo, fueron críticas esporádicas, que a menudo iban acompañadas de declaraciones filoatlanticistas, como cuando Suecia y Finlandia manifestaron su intención de unirse a la OTAN (Betti, 2025). Existe una diferencia entre los discursos electorales y el acto de separarse de los compromisos antirrusos y atlantistas. Para conseguir una derecha que sea aceptable, que se reconozca como una opción en términos de derechos y también en la mejora de las condiciones de vida para los sectores marginados y la clase trabajadora, no es posible tener una actitud manifiestamente militarista, nacionalista o fascista, ni ser desobediente frente a la OTAN, la UE y Estados Unidos (Rodríguez, 2023).

FdI, identifica a la UE como "burocrática y oligárquica" y en oposición a "los intereses de los pueblos", "la disolución consensuada [...] de la eurozona", contraponiendo a "la Europa de las finanzas y de la oligarquía", "la Europa de los pueblos" (Fratelli d'Italia, 2013). En el programa para las elecciones europeas de 2014 solicitaba también la colaboración de Europa en términos fiscales, modificando el BCE en un prestador de última instancia (Fratelli d'Italia, 2014).

En el ámbito comercial, FdI se opuso a cualquier intento de liberalización promovido por la UE que considerara que contravenía las demandas de los sectores productivos italianos. Se vio claramente su proteccionismo en su firme defensa de la Política Agrícola Común de la UE, que era considerada esencial para la protección de los productos italianos y la soberanía alimentaria del continente europeo, a pesar de ser imperfecta (Betti, 2025). El "Hecho en Italia" también debe defenderse a toda costa, derrotando el mercado de productos "italianos falsos" por un lado y "protegiendo nuestra agricultura de los productos importados del norte de África" por otro (Fratelli d'Italia, 2019).

Antes de los comicios de 2018, renunció a la idea de disolver el euro, pero propuso que la UE se convirtiera en un sistema de cooperación entre "Estados soberanos", sin conceder competencias importantes (Fratelli d'Italia, 2019). FdI, manteniendo su oposición a las políticas de austeridad, solicitaba además que la Constitución italiana tuviera prioridad sobre el derecho comunitario (Fratelli d'Italia, 2018). Conforme a la postura de "euroescepticismo suave", que es característica del grupo parlamentario ECR, propuso una "confederación europea de Estados soberanos" para reemplazar la "entidad supranacional dirigida por burócratas y tecnócratas no elegidos por nadie" (Fratelli d'Italia, 2019).

Las declaraciones públicas del discurso de FdI son evidentes. Meloni, en primer lugar, es famosa por referirse a los padres del pensamiento conservador, Chesterton y Scruton, en sus discursos (Laghos, 2022; Starkey, 2022). Como ejemplo, citó la frase del primero: "se desenvainarán las espadas para demostrar que las hojas son verdes en verano" (Laghos, 2022). Chesterton pretendía que la cita original fuera un comentario satírico, principalmente una crítica a la tendencia de los humanos a pelear por cosas sin importancia, sobre todo cuando se involucran ideologías.

Por una parte, es razonable que Meloni, al ser una conservadora autoproclamada, se muestre escéptica frente a las ideologías que se siguen de manera estricta, especialmente aquellas que cree que contradicen sus creencias, como el socialismo y el marxismo. En contraste, mostrar esta cita contradice la visión general de su partido, que sitúa la lucha natural (e ineludible) contra los peligros foráneos a la nación (como el mundo islámico, Rusia, China y cualquier organización política que fomente el progresismo), con el propósito de salvaguardar una "Europa del pueblo" cristiana (Meloni, 1 de junio de 2024). En un artículo para The European Conservative, casualmente, el analista político Mario Laghos sugiere: “Meloni no es modernista; es una conservadora profundamente cristiana. Su misión es defender la identidad, la espiritualidad y la familia” (Laghos, 2022).

En segundo lugar, las declaraciones que Meloni ha hecho en entrevistas, conferencias de prensa y mítines son una clara muestra de su apego filosófico a los pensamientos conservadores. La mayoría de los ministros del gabinete y funcionarios de su partido también pueden ser descritos de la misma manera.

En realidad, lo que se deduce del discurso de Meloni y de los voceros del FdI es una tendencia hacia el escepticismo frente al cambio y la voluntad de administrarlo (especialmente en relación con el aborto, la familia natural y los derechos LGBTQ+), así como un reconocimiento consciente de que la agencia individual está influenciada por fuerzas más allá de lo humano.

En esencia, la cosmovisión del FdI enmarca una narrativa de nación, tradición, orden divino y civilizatorio que exige lealtad y acción más allá del interés propio. Un ejemplo de su voluntad de controlar el cambio proviene de una declaración de ella en un mitin del partido ultraderechista Vox hablando un perfecto español: “Sí a la familia natural, no a los grupos de presión LGBT. Sí a la identidad sexual, no a la ideología de género” (Meloni, Instagram, 15 de junio de 2022). Pero en su discurso del triunfo electoral, empleó un tono más moderado e hizo un llamado a la unidad, dijo “Italia nos ha elegido”, “No la traicionaremos, como siempre lo hemos hecho” (El PAÍS, 2022).

En Italia, donde es legal el aborto, no ha aparecido como un asunto de campaña. Esta es una posición exclusivamente conservadora, no de carácter populista. Los partidos populistas radicales de izquierda, como PODEMOS o el Movimiento Cinco Estrellas, y los populistas más libertarios de derecha, como la Lista Pim Fortuyn (ya desaparecida), suelen tener una concepción del pueblo más inclusiva y adaptable. Por lo general, también son menos restrictivos con respecto a la comunidad LGBTQ+. A pesar de que Meloni no ha hecho declaraciones explícitas en contra de los derechos de las minorías sexuales, la posición de su partido de mantener las normas sociales conformistas en una nación con mayoría católica condujo a que se opusiera sin remedio a modificaciones drásticas en estos temas.

La politización de la religión en sentido estricto (su uso político) está íntimamente relacionada con otro elemento ideológico clave de estos partidos: el nativismo. Esto, junto a la sacralización de la política, está en evidente relación con la lucha entre el pueblo y sus adversarios. Mudde (2007, p. 19) lo define de la siguiente manera: "una ideología que sostiene que los estados deben estar poblados únicamente por integrantes del grupo nativo (la nación) y que las personas e ideas no nativas suponen un peligro esencial para el Estado-nación homogéneo".

Sin embargo, cuando la nación se construye como una comunidad cultural, es posible encontrar un hilo conductor que resalta la necesidad de proteger los valores y la cultura nacionales dentro de las fronteras de los países. Esta narrativa implica una visión etnopluralista, típica de los discursos de la derecha radical (Rydgren, 2007), que puede caracterizarse como nativismo simbólico (Betz, 2019).

En particular, el Islam ha sido transformado por el populismo de derechas en el nuevo adversario contra el cual debe levantarse el “verdadero” pueblo nacional. El polémico referéndum en Suiza sobre la edificación de minaretes (León, 2009), una facción del AfD en Baviera quiere acabar con las mezquitas (Knight, 2016), las declaraciones del vicepresidente italiano de la Liga sobre los refugiados (RTVE.es., 2018), Hungría: reforma a la Constitución restringe derechos LGBT+ (Welle, D., 2025), aprobada en el Parlamento andaluz la propuesta de Vox para que el Día de la Toma de Granada sea Bien de Interés Cultural (Europa Press, 2022) y una propuesta legislativa para vetar el burka y el nicab en lugares públicos (Agencias P., 2025) son ejemplos claros de la tensión política acerca de la religión.

FdI, a pesar de ser un partido con corta vida política, ha conseguido afianzarse en el espacio de la extrema derecha europea y ha utilizado al cristianismo como un elemento central dentro de sus narrativas identitarias. En este contexto, la religión se emplea para crear la identidad de los individuos de manera uniforme, estableciendo una diferencia entre el “nosotros” que se refiere a Occidente o la Europa cristiana son los buenos y el “ellos” hace alusión al "Oriente", es decir a los judíos; los musulmanes son los “malos”. Por lo tanto, los partidos políticos enfatizan las diferencias culturales y civilizacionales con grupos externos, especialmente el islam, utilizando la "identidad cristiana de Europa" (Innerarity y Canzano, 2025).

En la Constitución italiana se reconoce la separación entre el Estado y la Iglesia; es un Estado no confesional. Simultáneamente, poseen concordatos con la Iglesia Católica que resguardan su poder en términos culturales y algunos beneficios. El catolicismo continúa teniendo un peso simbólico y un impacto en la identidad cultural del país, no solo por estar cerca del Estado del Vaticano. La Iglesia Católica mantiene una presencia más visible en el ámbito público y político.

La promoción de valores en la que participa la Iglesia Católica genera tanto apoyo como oposición. Esto se manifiesta claramente en su postura con respecto a temas bioéticos, la defensa de la vida y la oposición a las teorías de género, posiciones adoptadas por el FdI. Este partido también se ha caracterizado por su postura a favor de la instrucción religiosa en las instituciones educativas, lo que ha convertido este asunto en otro elemento simbólico de su identidad.

FdI vincula la identidad religiosa con la exigencia de unidad política, que inevitablemente implica el empleo político de símbolos religiosos. El propósito del partido es restaurar la identidad de Italia, tal como se expuso en el programa creado para las elecciones generales de 2013: "Con el fin de que Italia sea la patria de aquellos que la aman, la conocen y respetan su Constitución, así como sus costumbres culturales y religiosas" (Fratelli d'Italia 2013). Giorgia Meloni, el 19 de octubre de 2019 en el escenario de la Piazza San Giovanni de Roma, ha manifestado que: “Defenderemos a Dios, la patria y la familia; y lo superaremos” (Local Team, 2019) atacando duramente al gobierno y a algunos de sus miembros sobre la propuesta de ley de Boldrini que facilita la ciudadanía italiana a hijos de inmigrantes, con el fin de que nunca haya progreso.

En Italia, un discurso político que incluye componentes religiosos es especialmente efectivo porque, pese a la prevalencia de la secularización, la mayor parte de los ciudadanos se siente identificada como católica, aunque no ejerzan activamente la religión. Esta divergencia entre la afiliación y la práctica muestra que la identificación simbólica tiene más peso que la fe como decisión individual (Innerarity y Canzano, 2025).

En cierto sentido, la religión se presenta en el discurso de FdI como un elemento identitario, relacionado con su conservadurismo y con una manera de tratar la crisis de identidad y valores que afecta a Italia y a Europa en general. Se sostiene explícitamente que esta crisis es en gran parte resultado de ataques provenientes del "mismo sistema ideológico establecido por la Ilustración en su cruzada a favor de la razón y contra la autoridad de la tradición" (Fratelli d'Italia, 2017) en el documento redactado durante el segundo congreso nacional del partido, celebrado en Trieste, una ciudad con mucho simbolismo patriótico.

El texto sostiene que la "mistificación" de la Ilustración llevó a que la autoridad, en particular la religiosa, fuese deslegitimada. En consecuencia, la defensa y la reivindicación política de la restauración de la tradición deben verse simplemente como una reafirmación de una tradición religiosa, pues ha predominado en Italia a lo largo de la historia sin que haya existido una tradición civil con un alcance nacional.

El discurso nativista se vio fortalecido en ese congreso; en el documento se hace mención a la teoría conspirativa del "Gran Reemplazo", sosteniendo que la UE busca cubrir el vacío demográfico de Europa con inmigrantes, lo que borrará las raíces cristianas del continente. El planteamiento de seleccionar a los migrantes que llegan en función de su cultura también es una manifestación de esta visión culturalista sobre la migración. Esto benefició a los migrantes de origen cultural más cercano y dificultaría la llegada de personas musulmanas. Las emociones se transforman en una herramienta de movilización, a través de la estigmatización o deslegitimación de ciertos grupos minoritarios, como los inmigrantes ilegales (Palau y Bousquet, 2023).

De ahí que la religión no solo aporte contenido a la identidad, sino que también contribuya de manera significativa a la unidad y santificación del pueblo. Por lo tanto, en esta elaboración discursiva de una identidad política colectiva, el partido subraya la importancia central de las "raíces cristianas" para restablecer relaciones comunitarias en un escenario de descomposición y fragilidad cultural.

De modo que el elemento religioso juega un rol principal en el discurso político de FdI, en el que el adversario es fundamentalmente aquel que pone en peligro la fe compartida y, por ende, la unidad religiosa del pueblo. Giorgia Meloni lo dijo de esta manera en un post de Facebook durante la campaña electoral del año 2018: No a la islamización de Italia. Defensa de nuestra identidad contra el proceso de islamización de Italia y Europa. Una batalla de Fratelli d'Italia. El 4 de marzo, elige de qué lado estar (Meloni, 2018).

Es una perspectiva política que manifiesta inquietud por el aumento de la influencia del islam en las sociedades de Italia y Europa, considerándola como un peligro para los valores, la identidad cultural y las costumbres occidentales. Se apela a la sensación de pertenencia nacional y a conservar la herencia cultural tanto italiana como europea, posicionando así al partido como el mayor defensor de esta causa y del combate por la identidad nacional. Meloni se opuso al avance del islam: "Hay un proceso de islamización en curso en Europa, que está muy alejado de los valores de nuestra civilización… Es un problema de incompatibilidad muy distante con la cultura de nuestra sociedad” (Islam Channel, 2023).

En el programa para las elecciones europeas de 2024 se refuerza esta posición: FdI quiere defender la identidad de los pueblos y naciones europeos. Para nosotros, Europa representa el núcleo fundacional de Occidente, el espacio donde, a lo largo de la historia, se han forjado los valores y principios que fundamentan nuestra civilización: la libertad, la igualdad, la democracia, el derecho y el encuentro entre la fe y la razón, encarnados en nuestras raíces clásicas y judeocristianas (Fratelli d'Italia, 2024).

Como era de esperar, la narrativa identitaria de FdI se distingue por el empleo político de la religión, que consiste en identificar a los adversarios que ponen en peligro la religión tradicional y la identidad colectiva, socavando así los vínculos comunitarios. La inmigración, particularmente la ilegal, y la islamización de la sociedad italiana, que se ve como un resultado directo de lo anterior, son los enemigos más destacados. En este contexto, se ve como una cuestión de supervivencia la defensa de las raíces cristianas, especialmente frente a la fragilidad cultural de los países europeos, que los pone en riesgo ante ataques provenientes de fuerzas antiidentitarias, como el islam radical (Innerarity y Canzano, 2025).

Por lo tanto, la defensa de la identidad cristiana contribuye a respaldar el rechazo a la inmigración sin ser acusada de racismo. Según su punto de vista, no se puede ver la inmigración como un derecho; más bien, es una concesión que depende de los requerimientos del Estado.

De acuerdo con FdI, salvaguardar la patria significa, principalmente, proteger sus límites territoriales, en particular contra la inmigración ilegal y la que proviene de culturas y convicciones vistas como complejas para ser integradas en Europa (Innerarity y Canzano, 2025). Esta locura multicultural ha generado una serie de guetos y supone un retroceso para los derechos civiles. “El multiculturalismo es una amenaza” (Giglio, 2025)

Así lo indica el documento de la conferencia de Trieste: Regular la inmigración mediante el control de flujos significa favorecer la entrada de quienes proceden de nacionalidades que han podido integrarse fácilmente sin crear problemas de seguridad, y bloquear, en cambio, la inmigración de aquellas nacionalidades que se han mostrado menos dispuestas a aceptar nuestras leyes y nuestra cultura, como es el caso de la inmigración islámica (Fratelli d'Italia, 2017).

CONCLUSIONES

La histórica incapacidad de los partidos italianos para establecer mayorías estables y mantener gobiernos a largo plazo, junto con su creciente desconexión con las necesidades de la ciudadanía, aumentó los niveles de desconfianza del electorado hacia la élite política. Los cambios políticos y económicos en época de transición, manifestados en el debilitamiento de los partidos políticos tradicionales, la implementación de medidas neoliberales en la economía italiana y la crisis del Estado de bienestar; abrieron un espacio para el crecimiento del populismo y la extrema derecha en el país.

Esta dinámica indicaba que el panorama político italiano se estaba fragmentando cada vez más: los cinco partidos más grandes gozaban de un apoyo popular prácticamente igual, carecían de un líder claro y el contenido ideológico de sus programas se volvía cada vez más difuso. En consecuencia, la retórica de FdI se fue radicalizando hasta formar una identidad sólida, que le permitió un crecimiento electoral constante, su proyección y manifestación han adoptado nuevas formas, son innegables sus elementos de continuidad con la ideología fascista.

El discurso político de FdI se caracterizó por el empleo de un lenguaje directo, simple y comprensible, con una narrativa que buscó edificar una identidad común con el electorado, a partir de una fuerte personalización de la figura de Giorgia Meloni. De ahí, que la defensa de los valores católicos, la familia tradicional y el enfoque euroescéptico marcaron la agenda de la retórica meloniana.

Con un discurso antielitista y nativista para identificar a su público objetivo político; la inmigración no es un problema en sí misma, sino que lo es en la medida en que representa una amenaza real o supuesta para la cultura nacional, definida principalmente por sus raíces cristianas. El discurso populista actúa como capa instrumental que refuerza la dicotomía pueblo/élite y legitima su proyecto político y el conservadurismo funciona como un elemento de articulación identitaria.

Se recomienda para estudios futuros, analizar propiamente el discurso soberanista y nativista, principalmente en materia migratoria, política exterior y relación con la UE. También, desarrollar estudios comparados con otras formaciones como Vox en España, Agrupación Nacional en Francia o Alternativa para Alemania, con el objetivo de determinar si el caso italiano responde a una arquitectura ideológica común de la nueva derecha europea o presenta especificidades derivadas de su tradición política nacional.

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CONFLICTO DE INTERESES

El autor declara que no existen conflictos de intereses relacionado con el artículo.

AGRADECIMIENTOS

No aplica.

FINANCIACIÓN

No aplica.

PREPRINT

No publicado.

DECLARACIÓN DE ÉTICA EN LA INVESTIGACIÓN

No aplica.

DECLARACIÓN DE DISPONIBILIDAD DE DATOS

No aplica, ya que este es un estudio análisis bibliométrico.

DERECHOS DE AUTOR

Los derechos de autor son mantenidos por los autores, quienes otorgan a la Revista Política Internacional los derechos exclusivos de primera publicación. Los autores podrán establecer acuerdos adicionales para la distribución no exclusiva de la versión del trabajo publicado en esta revista (por ejemplo, publicación en un repositorio institucional, en un sitio web personal, publicación de una traducción o como capítulo de un libro), con el reconocimiento de haber sido publicada primero en esta revista. En cuanto a los derechos de autor, la revista no cobra ningún tipo de cargo por el envío, el procesamiento o la publicación de los artículos.