La correlación plan-mercado en el contexto de la modernización socialista de la economía china: reflexiones generales
The plan-market correlation in the context of the socialist modernization
of the Chinese economy: general reflections
La corrélation plan-marché dans le contexte de la modernisation socialiste
de l'économie chinoise : réflexions générales
A correlação plano-mercado no contexto da modernização socialista da economia chinesa: reflexões gerais
Lic. Ricardo Leyva Pérez
Profesor Auxiliar, Departamento de la Especialidad en Relaciones Internacionales, Instituto Superior de Relaciones Internacionales “Raúl Roa García”, La Habana, Cuba. ricardoleyva70@gmail.com 0000-0002-1888-2342
Cómo citar (APA, séptima edición): Leyva Pérez, R. (2026). La correlación plan-mercado en el contexto de la modernización socialista de la economía china: reflexiones generales. Política internacional, VIII (Nro. 1), 255-276. https://doi.org/10.5281/zenodo.17858315
https://doi.org/10.5281/zenodo.17858315
Aprobado: 10 de septiembre de 2025
Recibido: 25 de mayo de 2025
publicado: 13 de enero de 2026
RESUMEN El objetivo central de este artículo es analizar la dinámica de la relación plan-mercado en el contexto de la modernización socialista de la economía china. Los principales resultados revelan que China ha desarrollado un modelo singular de "economía socialista con orientación al mercado" o "socialismo con características chinas" desde su "Reforma y Apertura al exterior" en 1979. Este proceso ha implicado una integración dialéctica de los principios marxista-leninistas con el pragmatismo confuciano, permitiendo la coexistencia de diversas formas de propiedad (estatal, colectiva, privada) bajo la primacía cualitativa de la propiedad social en sectores estratégicos. La evolución de esta relación ha pasado de considerar el plan como principal a establecer que el "Estado regula el mercado y este a las empresas", culminando en la definición de una "economía de mercado socialista". El Estado fija metas estratégicas mediante un plan indicativo, mientras el mercado rige el desempeño empresarial. Este modelo ha impulsado un crecimiento económico notable, si bien enfrenta desafíos como las disparidades regionales, la sostenibilidad, el fomento del consumo interno y la gestión de los efectos sociales del mercado, reafirmando la complejidad y la naturaleza no antagónica de la relación plan-mercado en la construcción socialista.
Palabras claves: planificación, mercado, regulación social de la producción, modernización económica socialista, China.
ABSTRACT The central objective of this article is to analyze the dynamics of the plan-market relationship in the context of the socialist modernization of the Chinese economy. The main results reveal that China has developed a unique model of a "market-oriented socialist economy" or "socialism with Chinese characteristics" since its "Reform and Opening Up" in 1979. This process has involved a dialectical integration of Marxist-Leninist principles with Confucian pragmatism, allowing for the coexistence of diverse forms of ownership (state, collective, private) under the qualitative primacy of social ownership in strategic sectors. The evolution of this relationship has shifted from considering the plan as primary to establishing that "the State regulates the market, and the market regulates enterprises," culminating in the definition of a "socialist market economy." The State sets strategic goals through an indicative plan, while the market governs business performance. This model has driven significant economic growth, although it faces challenges such as regional disparities, sustainability, promoting domestic consumption, and managing the social effects of the market, reaffirming the complexity and non-antagonistic nature of the plan-market relationship in socialist construction.
Keywords: planning, market, social regulation of production, socialist economic modernization, China.
RÉSUMÉ L'objectif principal de cet article est d'analyser la dynamique de la relation plan-marché dans le contexte de la modernisation socialiste de l'économie chinoise. Les principaux résultats révèlent que la Chine a développé un modèle unique d'« économie socialiste de marché » ou de « socialisme à la chinoise » depuis sa « Réforme et Ouverture » en 1979. Ce processus a impliqué une intégration dialectique des principes marxistes-léninistes et du pragmatisme confucéen, permettant la coexistence de diverses formes de propriété (étatique, collective, privée) sous la primauté qualitative de la propriété sociale dans les secteurs stratégiques. L'évolution de cette relation est passée d'une conception du plan comme primordiale à l'affirmation selon laquelle « l'État régule le marché et le marché régule les entreprises », aboutissant à la définition d'une « économie socialiste de marché ». L'État fixe les objectifs stratégiques au moyen d'un plan indicatif, tandis que le marché régit la performance des entreprises. Ce modèle a généré une croissance économique significative, même s'il est confronté à des défis tels que les disparités régionales, la durabilité, la promotion de la consommation intérieure et la gestion des effets sociaux du marché, réaffirmant ainsi la complexité et le caractère non antagoniste de la relation plan-marché dans la construction socialiste.
Mots-clés : planification, marché, régulation sociale de la production, modernisation économique socialiste, Chine.
RESUMO O objetivo central deste artigo é analisar a dinâmica da relação plano-mercado no contexto da modernização socialista da economia chinesa. Os principais resultados revelam que a China desenvolveu um modelo único de "economia socialista orientada para o mercado" ou "socialismo com características chinesas" desde sua "Reforma e Abertura" em 1979. Esse processo envolveu uma integração dialética dos princípios marxista-leninistas com o pragmatismo confucionista, permitindo a coexistência de diversas formas de propriedade (estatal, coletiva, privada) sob a primazia qualitativa da propriedade social em setores estratégicos. A evolução dessa relação passou da consideração do plano como primário para o estabelecimento de que "o Estado regula o mercado, e o mercado regula as empresas", culminando na definição de uma "economia socialista de mercado". O Estado define objetivos estratégicos por meio de um plano indicativo, enquanto o mercado governa o desempenho empresarial. Este modelo impulsionou um crescimento econômico significativo, embora enfrente desafios como disparidades regionais, sustentabilidade, promoção do consumo interno e gestão dos efeitos sociais do mercado, reafirmando a complexidade e a natureza não antagônica da relação plano-mercado na construção socialista.
Palavras-chave: planejamento, mercado, regulação social da produção, modernização econômica socialista, China.
INTRODUCCIÓN
“China es un gigante dormido, déjenlo dormir porque el día que despierte estremecerá el mundo.”
Napoleón Bonaparte (1769-1821)
Reflexionar sobre el contenido y la dinámica asumida por la relación plan-mercado en el contexto de la modernización socialista de la economía china, constituye el propósito central del presente artículo.
Tras el colapso del socialismo en los países de Europa oriental a fines del siglo XX, China, Vietnam, Corea del Norte y Cuba persisten en el camino de la construcción socialista con patrones propios alejados de la teoría-práctica enarbolada por el denominado modelo clásico de “socialismo real”.
Lo anterior, refuerza la tendencia a la pluralidad de acuerdo con las condiciones históricas concretas, experiencias particulares de cada país, así como un reflejo directo e indirecto de la volatilidad del contexto geopolítico-estratégico global en la actual centuria.
En ese mismo sentido, una de las experiencias más sobresalientes es la emergencia de China en materia de economía internacional; un singular país subdesarrollado del extremo Oriente de proporciones continentales y cultura milenaria que entrecruza historia y modernidad para pedir paso como potencia centro en el siglo XXI.
La fuente propulsora de sus incuestionables récords socioeconómicos reside en un singular proceso de reestructuración socioeconómica iniciado por el gigante asiático desde el 1ro/1/1979 hasta nuestros días, y, que comúnmente se le conoce como “modernización económica socialista con peculiaridades chinas”, “Reforma y Apertura al exterior”, o, como se le denomina en otras bibliografías especializadas: la política de las “Cuatro Modernizaciones’’ (agricultura, industria, ciencia y técnica y defensa).
Hacia las postrimerías de los años 70 del siglo pasado, China exhibía un modelo socioeconómico socialista disfuncional con sus respectivos remanentes en la superestructura política, debido en buena medida, al ancestral atraso en el desarrollo de las fuerzas productivas, la asimilación del agotado diseño de “socialismo real” entre 1953-1957 y la puesta en práctica del “experimento chino de la vía rápida en la construcción socialista” durante las etapas del “Gran Salto Adelante’’ (1958-1961) y “La Revolución Cultural Proletaria’’ maoísta (1966-1976).
En otras palabras, el aventurerismo y las constantes violaciones maoístas de los principios objetivos básicos que rigen la transitoriedad gradual en la construcción socialista desde condiciones de subdesarrollo, trajo consigo una aguda contradicción entre el atraso ancestral en el desarrollo de las fuerzas productivas y las crecientes demandas sociales de todo tipo.
Por ello no es casual, que, entre otros importantes temas concernientes a la construcción socialista desde condiciones de alto subdesarrollo, al celebrarse en Beijing la III Sesión Plenaria del XI Comité Central del Partido Comunista (PCCH), entre los días 18 y 22 de diciembre de 1978, se suscitaran un grupo de discusiones teóricas relacionadas con la importancia que juega la regulación planificada de la economía y el mercado.
De un lado, el ala conservadora del PCCH era partidaria de los métodos tradicionales e izquierdistas de gestión económica; abogaban por el estilo centralizador y administrativo; rechazaban todo carácter mercantil en la dirección de la economía. Los reformistas, por su parte, percibían la aguda necesidad de cambios profundos en la economía, defendieron nuevos métodos de desarrollo económico y social para el país, basados en el carácter objetivo de las leyes económicas y lo especifico de las condiciones de la sociedad china en ese momento histórico.
Grosso modo, las principales polémicas e interpretaciones relacionadas con el tema en cuestión, mostró el alineamiento de unos y otros actores políticos acerca de la aceptación del papel que debe asumir el mercado durante la transición socialista desde condiciones de alto subdesarrollo de las fuerzas productivas en un país de proporciones continentales como China ubicado en el extremo oriente del orbe; del mismo modo, se patentizó la necesidad objetiva de afianzar la reestructuración socioeconómica del país como vía inmediata para superar el estado de cosas imperante hasta esos momentos y marchar hacia el desarrollo; la propia modernización iniciada en el terreno de la economía, por su parte, arrojó una áspera lucha ideológica que trascendió en los marcos de la teoría económica dentro y fuera del gigante asiático; finalmente, todo lo anterior contribuyó a cimentar las bases teórico-metodológicas para edificar un socialismo bajo cánones propios e interpretar las peculiaridades inherentes a la “etapa primaria del socialismo” en ese país-mundo, dejando por sentado el criterio chino de no saltar la etapa mercantil del desarrollo económico-social.
DESARROLLO
I-La convergencia o no del plan y el mercado en la teoría-práctica de la construcción socialista: un bosquejo histórico sobre el entramado del tema
“La llamada sociedad socialista no es una cosa hecha de una vez y para siempre, sino que cabe considerarla como todos los demás regímenes históricos, una sociedad en constante cambio y transformación”.
Federico Engels (1820-1895)
Generalmente hoy se acepta la presencia objetiva del mercado durante la construcción socialista debido al insuficiente nivel de desarrollo de las fuerzas productivas y el aislamiento económico relativo que se manifiesta entre los productores, aún en los marcos de la propiedad social sobre los medios de producción (Rodríguez, 2017).
En efecto, la existencia de las relaciones monetario-mercantiles en la construcción del socialismo puede explicarse a partir de la permanencia de la división social del trabajo, así como el insuficiente nivel de desarrollo de las fuerzas productivas y —por tanto— de la imposibilidad de lograr una expresión directa del carácter social del trabajo, lo que ocasiona la presencia de un aislamiento económico relativo entre los productores, que, aún sin que exista la propiedad privada sobre los medios de producción, deben confrontar a través del cambio la utilidad social de su trabajo, que aparece entonces como indirectamente social (Rodríguez, 2017).
Es posible así entender cómo la creación de una propiedad social mayoritaria, a través de la nacionalización de los medios de producción, es condición necesaria pero no suficiente para lograr que se planifique —y se logre— la satisfacción de las necesidades de la sociedad de forma directa. Pero alcanzar este objetivo requiere de ciertos requisitos esenciales (Rodríguez, 2017).
Por una parte, se demanda un elevado nivel de desarrollo que permita disponer de los recursos materiales, así como de los niveles de conocimiento y procesamiento de la información necesaria para alcanzar la toma de decisiones eficientes por parte de la planificación, contando para ello con la participación consciente de los miembros de la sociedad (Rodríguez, 2017).
Por otra parte, no puede ignorarse que, en el plano sociopolítico, el pueblo llega al triunfo de la revolución después de siglos de prevalencia del egoísmo y los intereses individuales, que alcanzaron la más elevada expresión del éxito social a través de la propiedad privada de los medios de producción y la explotación del trabajo ajeno en el capitalismo. La implantación de la propiedad social sobre los medios de producción significa también y, sobre todo, una ruptura con el orden establecido y —al mismo tiempo— una raigal transformación de la mentalidad del ser humano que debe aprender a conjugar, en un período de tiempo históricamente breve, sus intereses individuales con los intereses de toda la sociedad (Rodríguez, 2017).
De este modo, quisiéramos subrayar, que abordamos uno de los temas más peliagudos y polémicos en materia de teoría económica sobre la construcción socialista desde condiciones de subdesarrollo. Su proceso evolutivo desde los clásicos del marxismo-leninismo hasta nuestros días —con sus respectivos aciertos y desaciertos—, las propias exigencias de sus contextos históricos nacionales e internacionales, el elemento coyuntural, las demandas políticas de cada modelo, y, por qué no agregar, los avatares aparejados al aprendizaje y la experimentación sobre la marcha del gobierno revolucionario y de los propios actores que integran al sujeto revolucionario, el ingrediente cultural, constituyen, entre otros, la conjunción de un grupo de factores claves para comprender el intríngulis y la actualidad del contenido que ocupa el primer apartado de nuestro artículo.
C. Marx (1818-1883) y F. Engels (1820-1895) —su colaborador más cercano— a partir del contexto capitalista europeo del siglo XIX, supieron apreciar desde sus respectivas racionalidades que, una vez sustituido el capitalismo, la producción mercantil tiende a desaparecer, pues en la nueva sociedad socialista no existirán las relaciones mercantiles.
Lo anterior, fue fundamentado teóricamente por los fundadores del socialismo científico, a partir de la idea de que las mercancías son productos elaborados en una sociedad de productores privados aislados y que esos productos se lanzan al consumo por medio del intercambio, donde rigen las relaciones espontáneas y anárquicas del mercado capitalista. De ahí, tanto C. Marx cono F. Engels admitieron que una vez eliminada la propiedad privada sobre los medios de producción y establecida la planificación consciente de la economía, no sería necesaria la utilización del valor para medir indirectamente los productos del trabajo, de esta manera desaparecería la producción mercantil, las relaciones mercantiles y sus categorías inherentes1.
No obstante, el desarrollo histórico posterior precisó determinadas modificaciones a estas concepciones. Los propios fundadores del marxismo no conocieron otra experiencia histórica de la toma del poder político por la clase obrera que no fuera los acontecimientos vinculados con la Comuna de París en 1871, y el fin de este suceso fue breve, abrupto y dramático. En cambio, V.I. Lenin (1870-1924) —el más genuino continuador de la obra revolucionaria marxista, pero en un nuevo contexto histórico—, vivió intensamente la revolución en el poder, al menos, desde 1917 a 1924 (Molina, 2016).
En ese breve lapsus de tiempo histórico, el líder de la revolución bolchevique tomó como referente para la acción revolucionaria los principales presupuestos teórico-conceptuales de sus predecesores y los contrastó mediante los hechos. La realidad en la Rusia presoviética, los hechos duros del proceso revolucionario, en combinación con la repercusión de la intervención extranjera y la guerra civil en la Rusia soviética (1918-1921), unido a los acontecimientos relacionados con la Nueva Política Económica (NEP, 1921-1924), así como el fuerte debate teórico suscitado con sus compañeros de lucha, lo llevaron a enriquecer científicamente el tema (Molina, 2016).
A decir de Molina (2016), en Lenin un primer razonamiento sobre el asunto en cuestión lo podemos hallar en su obra “El Estado y la Revolución”, pues considera el establecimiento de una relación idónea entre las distintas formas de propiedad a través del plan y el mercado con vistas a elevar la productividad del trabajo2. Y sobre el uso de las relaciones monetario-mercantiles en la transición socialista, plantea que se circunscribe a relaciones entre empresas estatales y pequeña producción mercantil, las cuales debían ser reguladas por el Estado socialista3.
En consonancia con lo anterior, los logros obtenidos en su primer año de vida por la NEP fueron enunciados por Lenin en el IV Congreso de la Internacional Comunista (13/11/1922). En ese sentido aclaró que los impuestos en especie aportados por los campesinos permitieron vencer el hambre y abastecer de productos alimenticios las ciudades, se produjo un auge de la industria ligera y en relación con ello un mejoramiento de la situación de los obreros en los centros industriales del país; se creó en definitiva una “acumulación originaria” para incrementar la industria pesada (Molina, 2016).
Hasta aquí se había logrado una conciliación de intereses entre productores privados y productores estatales bajo la dictadura del proletariado. ¿Cómo lograr darle continuidad a esa conciliación de intereses sin expropiar violentamente a los productores privados?
Con la NEP, como veíamos anteriormente en apretada síntesis, se reaniman las fuerzas productivas en el campo a través del comercio, se reconstruyó la agricultura sobre la base del interés individual del campesino dada su naturaleza pequeño-burguesa de propietario y comerciante, pero reúne también la doble condición de propietario y trabajador; ello quedaría patentizado con claridad meridana por Lenin en su obra: “Sobre la Cooperación”4.
Ahora bien, siguiendo el hilo conductor de los dos últimos párrafos, podemos plantear que la cooperación desde el punto de vista de los intereses materiales soluciona la contradicción no antagónica que se establece entre los intereses de la sociedad que coinciden con la de la clase obrera y los del campesinado como clase5.
A tales efectos, Molina (2016) subraya que durante la etapa nepista de construcción socialista, Lenin elaboró el plan de transformación socialista en la agricultura a través de la cooperación paulatina y voluntaria de los campesinos; tomó como base el cambio del peso específico y la fuerza del tipo de economía socialista, así como la posibilidad, dada por ello, de asegurar la ligazón de la hacienda campesina y la industria socialista, dedujo que la cooperación, en condiciones de dominio de las relaciones sociales de producción socialista, se convertía en una forma de propiedad socialista: “Ahora tenemos el derecho de afirmar que para nosotros el simple desarrollo de la cooperación se identifica … con el desarrollo del socialismo”6.
Posteriormente a la desaparición física de Lenin, y desempolvando los principales hitos históricos de este inagotable tema, podríamos sintetizar que el período estalinista de construcción socialista en la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) desde mediados de los años 20 y hasta 19537, en cuanto a la convergencia del plan y el mercado, asumió rasgos particulares que perduraron sin cambios sustanciales hasta el derrumbe del denominado “socialismo real”8.
La planificación centralizada se trasformó en un sistema vertical-administrativo de asignación de prácticamente todos los recursos en tanto que valores de uso desde el centro a la base mediante los balances materiales. El mercado quedó fuertemente restringido, sin que se excluyera totalmente, retomándose conceptos del “Comunismo de Guerra”. Para I. Stalin (1878-1953)9, la ley del valor no regía el ámbito estatal, quedando relegada a los vínculos Estado-cooperativa, Estado-consumidor y al comercio exterior. La aritmética económica (el dinero aritmético) pretendió sustituir a la ley del valor (precios) como fórmula de naturalización económica bajo un nuevo ropaje10.
En consecuencia, el sistema empresarial transitó del cálculo comercial a la denominada autogestión o autofinanciamiento —también denominada cálculo económico— que literalmente convertía a las empresas en unidades técnico-productivas con ninguna o muy pobre autonomía11.
Por otra parte, las experiencias socialistas del este europeo12 nacieron por lo general a la sombra de la Unión Soviética luego de concluida la Segunda Guerra Mundial (II.G.M.) en Europa como consecuencia, esencialmente, del nuevo balance de fuerzas en el mundo a partir de la emergencia de la URSS como potencia mundial13.
En el caso de los países europeos que se denominarían posteriormente “democracias populares”, fue decisiva la presencia de las tropas soviéticas para el iniciar el tránsito al socialismo, aunque este no fue un factor determinante en algunos de ellos14.
De forma general, se mantuvieron los métodos de dirección política propios del modelo soviético. En el terreno económico, por su parte, las diferentes valoraciones en torno a las relaciones monetario-mercantiles dieron como resultado que en un grupo de países integrado por Hungría, Checoslovaquia y Bulgaria se produjera una mayor apertura al mercado, mientras que, en la RDA, Polonia y Rumanía predominara la búsqueda de nuevos mecanismos de planificación y gestión económica centralizada en una dirección más cercana a la URSS15.
Sin embargo, dentro de los experimentos socialistas acontecidos en los países del Este europeo, singular interés tiene para autores nacionales e internacionales el modelo de autogestión yugoslavo vigente durante casi cuarenta años; primera experiencia en el mundo del “socialismo de mercado”16.
Al respecto, no queremos pasar por alto, que con sus peculiaridades el otrora sistema empresarial yugoslavo llegó a generar más del 80% del Producto Social como consecuencia de un crecimiento económico sostenido en el tiempo, pues a partir de los años 50´ la producción industrial aumentó 13.4% por año y el producto interno bruto 8.9%17.
De igual modo, debemos destacar que una parte considerable de dichos resultados no solo fueron destinados a la creación de nuevas fábricas y empresas, sino también facilitaron la productividad en empresas ya existentes (a diferencia, por ejemplo, de los obstáculos que aparecían en la URSS)18.
Finalmente, y no menos trascendente entre los rasgos más sobresalientes, los trabajadores participaban mucho en sus empresas, que tenían amplio conocimiento de las operaciones de las compañías. Predominaba un sentimiento general de que los trabajadores podían tomar decisiones, de que existía escasa alienación, alta seguridad en el empleo (ya que los miembros de los colectivos no despedían a otros miembros), y había alta solidaridad dentro de las empresas19.
En pocas palabras, sin menoscabo de los aspectos negativos asociados a dicho modelo, la experiencia autogestionaria nacida en la República Federal Socialista de Yugoslavia20 combinó el cooperativismo con la autogestión obrera; y la planificación central con la gestión de las empresas en manos de los trabajadores21. Llama la atención este logro de planificación global de la Federación, donde varias naciones, Estados o regiones autónomas participaban bajo condiciones de igualdad en dicha planificación.
Ahora bien, luego de la implosión del socialismo eurosoviético a fines de los años 80 e inicio de los 90 del siglo pasado, las experiencias socialistas sobrevivientes: la cubana (que para esos instantes ya contaba en su haber con un recorrido histórico de tres décadas en ese sentido), y las asiáticas, que, como máximos exponentes contamos con los éxitos y derroteros exhibidos en los casos específicos de la República Popular China (RPCh) y la República Socialista de Vietnam (RSV), respectivamente, hallamos un camino no lineal en la edificación socialista.
En el caso cubano, antes de 1989, se perfiló y consolidó un sistema de planificación basado fundamentalmente en balances materiales centralizados22, que se articulaban con los compromisos de intercambio con el CAME. La inserción externa de la economía se producía en términos físicos, las categorías financieras eran menos importantes, lo cual generaba distorsiones en la medición de costos, eficiencia, productividad. Se elaboraban planes muy verticales de suministros a recibir del CAME con horizonte anual y quinquenal, potenciando de este modo el desarrollo de vínculos horizontales entre las empresas, pues sus insumos eran asignados desde arriba y sus producciones ya tenían un destino generalmente predeterminado. Este proceder, según el cual el mecanismo del plan alcanza a sustituir casi plenamente al mercado en su rol de coordinador de las interacciones entre los actores, se instaura en la cultura profunda de los administradores de la economía nacional en Cuba, siguiendo la certeza de que esta debía ser la naturaleza de la economía socialista (Fernández, 2017).
A partir de los años 90 con el advenimiento y desarrollo hasta nuestros días del denominado “Período Especial en Tiempo de Paz”, quedó huérfano el mecanismo de planificación por balances materiales, con la desaparición de los canales de comercio exterior. A tales efectos, entre los años 1992 y 1994, por ejemplo, no se elaboró “Plan de la Economía Nacional”; el presupuesto se restableció en 1994 mediante el Decreto-Ley 148 y el plan volvería a aprobarse por la Asamblea Nacional del Poder Popular en 1995 (Fernández, 2017).
En este contexto se estructuró un modelo diferente, basado en una planificación financiera novedosa para el contexto cubano, aunque por supuesto se mantuvieron funcionando una selección de determinados balances físicos fundamentales, entre ellos, alimentos, combustibles y algunos materiales de construcción. Bajo este modelo se otorgaron amplias facultades a las empresas —incluidas facilidades de comercio exterior— con el objetivo de conseguir una rápida reinserción externa de la economía (Fernández, 2017).
La mayor descentralización experimentada durante el período no significó una disminución del rol del Estado en la asignación centralizada de recursos, sino una adecuada selección de mecanismos más eficaces. Los llamados “Presupuesto de Ingresos y Gastos en Divisas” fueron el instrumento fundamental de conducción de la economía. A través de este instrumento se les fijaba un tipo de planes diferente a las empresas. El Estado actuaba como proveedor de capital de trabajo o inversionista y la empresa tenía la responsabilidad para recuperar la inversión y aportar ingresos al Estado acorde a un plan, facilitándoseles autonomía para ejecutar un margen de gastos en su propio desarrollo (Fernández, 2017).
A mediados de la década de los 2000, en un contexto muy peculiar, dentro de una campaña por recuperar y desarrollar la calidad de los servicios sociales disminuidos por la crisis, afectado el país por severos eventos climatológicos, y a las puertas de un “shock” en las capacidades de generación eléctrica, entre otros factores, ocurrió un nuevo viraje hacia el empleo de mecanismos más centralizados, especialmente para la asignación de las divisas convertibles23. Ciertamente fueron años complejos, pero se combinaron con cierta bonanza económica, al menos en términos de balance externo, debido a la compensación de los servicios profesionales de cubanos prestados en Venezuela por la factura petrolera importada por Cuba (Fernández, 2017).
Aunque posterior al colapso de los noventa la economía experimentó determinada recuperación, no se logró aún emprender una senda sostenida —más bien se ralentizó el crecimiento a tasas entre 1-3%— que permita superar deformaciones estructurales y colocar la mira en los problemas del desarrollo. La persistencia de fuertes desequilibrios y distorsiones en el ámbito macroeconómico, que amenazan incluso la sostenibilidad a corto y mediano plazo de las llamadas conquistas sociales, emergieron probablemente como la principal motivación para que el VI Congreso del PCC en 2011 llevara como tema central la transformación del modelo económico (Fernández, 2017).
Entre los objetivos implícitos más trascendentes que pueden identificarse en el proceso de reforma (actualización) emprendido en ese momento se encuentran: la flexibilización de las relaciones entre los actores económicos y el reconocimiento de nuevas formas de propiedad no estatal, incluyendo la pequeña empresa privada; y el rediseño integral de los modelos de gestión de las empresas estatales buscando otorgarles mayor autonomía con el propósito de elevar su efectividad (Fernández, 2017).
Un tercer objetivo, quizás el más trascendente a los efectos del presente artículo, lo constituye la necesidad de una transformación metodológica de la planificación a partir del reconocimiento de la existencia objetiva del mercado en la economía24. Sin embargo, en la declaratoria de este objetivo solo se apuntan posicionamientos de principios y no se dan luces sobre qué derroteros conducirían esta transformación25.
En cuanto a la revolución china, por su parte, el 1ro/10/2019 cumplió 70 años de duro bregar histórico, pues, la elección del camino socialista bajo un sello particular no ha sido para nada un “lecho de rosas”. Luego de superar el descalabro económico-social y el exceso de izquierdismo que caracterizó el período maoísta de construcción del socialismo, la implementación del proceso de “Reforma y Apertura al exterior” a partir del 1ro/01/1979 y que acontece hasta nuestros días, con sus respectivos aciertos y desaciertos, constituye, por qué no, un referente inmediato para su estudio en aquellos países subdesarrollados que opten por la vía socialista de desarrollo.
La fórmula de un “socialismo con características chinas” sustentado, esencialmente, en la readecuación dialéctica de los principios enarbolados por los clásicos del marxismo-leninismo sobre la edificación de la nueva sociedad a las condiciones históricas concretas exhibidas en un país-mundo como China —con fuertes desequilibrios de todo tipo y sujeta a los sistemáticos vaivenes que origina la volatilidad del contexto internacional actual—, unido a la asimilación de los frutos más genuinos y a los resortes de la producción mercantil desarrollada, busca validar mediante las experiencias provenientes del pragmatismo confuciano lo que es útil o no para el desenvolvimiento adecuado del conjunto de las fuerzas productivas, permitiendo de este modo conjugar historia y modernidad en un singular país en vías de desarrollo del extremo Oriente y cultura milenaria.
De este modo, bajo el sello de “economía socialista con orientación al mercado”, China, pide paso gradualmente en el siglo XXI con el firme propósito de reconquistar su escaño de potencia centro en el sistema de relaciones internacionales. Dicho proceso, sin temor a equívoco posible, se encuentra fuertemente enraizado a las peculiaridades inherentes a la combinación del plan y el mercado en los marcos de la modernización socialista de su economía. Sobre ello profundizaremos en el próximo apartado del artículo.
Para finalizar, quisiéramos plantear, que después de más de 10 años de guerra, Vietnam consigue en enero de 1975 firmar los acuerdos de París. Logrando en julio de 1976 la reunificación de todo el país y se proclama la República Socialista de Vietnam.
El país era eminentemente agrícola, pobre y atrasado. Luego de la guerra y la expulsión definitiva del imperialismo estadounidense de su tierra, las máximas autoridades del gobierno y el Partido Comunista de la República Socialista de Vietnam comienzan a reconstruir el país.
Ahora bien, entre 1975-1985, en el terreno económico la sociedad vietnamita vive un periodo de búsquedas experimentales hacia lo que llamarían después la renovación. En 1986 se celebra el Sexto Congreso del Partido Comunista de Vietnam (PCV), se reajusta la programación económica de planificación centralizada y se comenzaron a introducir elementos de mercado como parte de un amplio paquete de reformas económicas26.
En otras palabras, se observa, que el Estado mantiene su condición de propietario de los medios fundamentales de producción y ejecuta un control de significativa importancia sobre las actividades generales del país. Por lo que, en la forma de regular la economía vietnamita, el proceso de Renovación, tiene en cuenta la existencia objetiva de Relaciones Monetario Mercantiles (RMM), las cuales son el elemento que permite el intercambio de equivalentes entre los diferentes componentes de la estructura económica diversa, la vinculación de la producción a la demanda, la relación costo beneficio y el autofinanciamiento. Estas relaciones actúan como uno de los principales instrumentos de la planificación nacional, territorial y ramal, así como de la regulación macroeconómica (Molina, 2016).
II. Especificidades contenidas en la correlación plan-mercado en el contexto del proceso de modernización socialista de la economía de China.
“Da igual que el gato sea blanco o negro, lo que importa es que cace ratones”.
Deng Xiaoping (1904-1997)
La conjunción del plan y el mercado en el ejercicio de la economía socialista se ha expresado en experiencias conocidas mediante diferentes modelos económicos27, donde, como ya veníamos adelantado, es el chino uno de los más sobresalientes a partir de la puesta en vigor del proceso de reestructuración socialista de su economía desde el 1ro/1/1979 hasta nuestros días (sin por ello estar ausentes avances, retrocesos, y debate entre “reformistas” y “conservadores” acerca del devenir histórico de las trasformaciones).
No pretendemos que nuestro país copie tal modelo, se trata más bien de reflexionar sobre una experiencia que muestra significativos avances en la capacidad del Estado para gobernar el mercado en favor de objetivos socialistas, así, como sus fundamentos teóricos principales (García, 2014).
Por lo tanto, para ir entrando en materia, es pertinente conocer o recordar, quizás, que como consecuencia del dinamismo y velocidad espectacular exhibida por los acontecimientos relacionados con el proceso de “Reforma económica y Apertura al exterior” en China, ese país durante las últimas cuatro décadas ha dado pasos sólidos en la conjugación y consolidación de tres grandes transiciones: de una antiquísima sociedad agraria a otra urbana; de una economía excesivamente centralizada a otra socialista con orientación al mercado y de una “amurallada” hacia otra globalizada (Xiaobo, 2010).
En pocas palabras, la remodelación en curso, constituye “una integración dialéctica de los principios fundacionales enarbolados por los clásicos del marxismo-leninismo en torno a la construcción del socialismo con la realidad de China; país-mundo subdesarrollado del extremo Oriente. Como complemento de ello, se articulan armónicamente los ingredientes del pragmatismo confuciano28 con los frutos más genuinos de la producción mercantil desarrollada a fin de juzgar lo que es útil y provechoso en la revitalización del sistema de relaciones socialistas de producción en China, arrojando un modelo autóctono de “economía socialista con orientación al mercado”.
La “Apertura al exterior” o la política de “puertas abiertas”, implementada por el gobierno central, decidió hacer de las IED en la modalidad empresarial, fundamentalmente, el resorte fundamental para encaminar a corto, mediano y largo plazo la rehabilitación económico-social nacional29.
Como garantía política para alcanzar la estabilidad interna se establecieron cuatro pilares centrales: 1) La persistencia en la senda socialista del desarrollo económico; 2) La dictadura democrática popular; 3) La dirección del PCCh y 4) El marxismo-leninismo unido al pensamiento de Mao Zedong.
Al propio tiempo, las reformas en marcha se inspiraron en las particularidades inherentes a la reconversión estructural adoptada por Japón y los “tigres asiáticos” de primera y segunda generación, o, simplemente los Nuevos Países Industrializados asiáticos (NIC’S, por sus siglas en inglés, como también se les conoce)30.
De igual modo, el concepto chino de socialismo tiene en cuenta, en el campo económico, que la primacía la tiene la propiedad social sobre los medios de producción, que incluye la propiedad estatal de todo el pueblo y la colectiva de los trabajadores de una entidad económica determinada31.
Junto a este tipo de propiedad también existen otros sectores de propiedad: como el individual, el privado capitalista, el de las empresas mixtas chino-extranjeras, el de la cooperación con el extranjero y el sector de propiedad exclusivamente extranjero. La primacía del sector social no se debe ver solo desde el ángulo cuantitativo, sino cualitativo. No se trata de que la mayoría del valor de los activos o del valor de la producción pertenezcan a este tipo de propiedad, sino que esta propiedad detente las ramas claves de la economía del país de manera que se constituya en la principal fuente de los ingresos financieros del Estado y en la base material para que éste ejerza el control macroeconómico.
De lo anterior podemos inferir, que el proceso de las “Cuatro Modernizaciones” ha ido tejiendo y haciendo confluir durante todos estos años a una estructura económico-social32 heterogénea en cuanto a formas de propiedad, gestión, relaciones distributivas, mecanismos de regulación e inclusive con repercusión en la estructura socio-clasista del país. El quid del asunto es “crear en cada etapa del desarrollo y conforme a las demandas del desarrollo de las fuerzas productivas de nuestro país, las formas específicas de relaciones de producción correspondientes a dicha etapa y favorables para su progreso favorable”33.
En rigor, los distintos actores de la economía interactúan entre sí a nivel microeconómico, independientemente de la naturaleza de su propiedad, y necesariamente tienen que compatibilizarse mediante la relación dialéctica plan-mercado. El mercado rige el desempeño del sistema empresarial en su conjunto y el Estado, por otra parte, fija racionalmente las metas estratégicas del desarrollo económico-social nacional durante un período de tiempo determinado mediante el plan con carácter indicativo.
Ahora bien, profundicemos un poco más en las ideas que contiene el párrafo anterior.
En el devenir histórico de la remodelación socialista de la economía de China acontecieron una serie de debates e interpretaciones que mostraban el alineamiento de unos y otros actores políticos en los acontecimientos en curso. Sin considerar los zigzags que todo proceso complejo de cambio trae consigo, el hilo lógico de los hechos a grandes rasgos fue el siguiente: 1) se reconoció que el “plan era lo principal” y el mercado lo secundario; 2) luego se avanzó hasta la noción de que el “Estado regula el mercado y este el comportamiento de las empresas”; y 3) para finalmente, plantearse la formación de una “economía de mercado socialista” (Molina, 2016).
Los congresos nacionales XII, XIII y XIV del PCCh, efectuados en los años de 1982, 1987 y 1992, respectivamente, fueron determinantes por los temas ventilados, las definiciones adoptadas al respecto y el carácter evolutivo del tema en cuestión (Díaz y Regalado, 2007). A continuación, se presentan brevemente algunas ideas esenciales.
En septiembre de 1982 se celebró el XII Congreso Nacional del PCCh, en el cual se declara que “China está atravesando por la etapa primaria del socialismo”, la cual durará cien años. Al propio tiempo, el centro de gravedad de los debates se trasladó a la relación entre plan y mercado. Se rompió la dicotomía de ver en la economía de mercado algo inherente al capitalismo; y la planificación solo privativa del socialismo; también sancionó que la economía planificada era lo primario y el mercado un medio auxiliar. El XII Congreso también planteó que los mecanismos de la economía mercantil planificada socialista debían ser de tal naturaleza que conjugaran la planificación y el mercado.
La retroalimentación entre lo que se debatió en el área de las ciencias económicas y el contenido de las nuevas políticas que se introducían en la economía, encontró un fuerte asidero en la “Disposición del CC del PCCH sobre la Reforma de la Estructura Económica” (octubre de 1984), que aprobó la III Sesión Plenaria del XII del CC. De acuerdo con los textos y declaraciones de prestigiosas personalidades de las ciencias sociales chinas, provocó rupturas en el horizonte en que se había movido la economía política del socialismo hasta esos instantes.
Dicha plenaria patentizó la importancia de la planificación socialista de la economía, así como las peculiaridades que adopta en el contexto histórico concreto de la RPCh, lo que denota un contenido cualitativamente nuevo de esta; en este mismo orden, clarificó que la producción mercantil era un momento en el curso de la sociedad que no podía saltarse; también se precisó que la economía mercante planificada tendría en la propiedad pública el pilar sustentador del carácter socialista de la sociedad china.
Prosiguiendo en la evolución histórica del tema que nos ocupa, el XIII Cónclave (celebrado en octubre de 1987) ventiló que la armazón de la economía mercantil planificada socialista unía planeación y mercado. El Estado regulaba el mercado y este servía de canon para orientar la labor de las empresas. Por esta vía se sancionó que, planeación-mercado, son instrumentos económicos. Se afirmó que lo que distinguía al socialismo del capitalismo no era que hubiera más de uno u otro elemento. Sin embargo, no se pasó por alto los puntos débiles y negativos del mercadeo, al tiempo que se planteó perfeccionar, reforzar y regular el control macroeconómico por parte del Estado.
Por ley, fue sancionado que todos los tipos de propiedad disfrutan de los mismos derechos; creando condiciones para que concurran al mercado y, mediante la competencia, se ajusten a las reglas del juego, diseñadas mediante el empleo de mecanismos macroeconómicos financieros y mercantiles. Quedó establecido que el plan era una de las más valiosas formas de regulación y control macroeconómico; renovarse lo acertado de, que es plan, y sanear los métodos de su elaboración. Fijar racionalmente las metas estratégicas del desarrollo económico y social (Díaz, 2010).
Así, la atención del plan debía recaer en la regulación y control de la oferta y demanda globales para mantener los principales equilibrios económicos; en la distribución planificada de las fuerzas productivas; utilizar, en forma integral, las palancas económicas para impulsar el crecimiento rápido, viable y balanceado de la economía. A tales efectos, la gama de productos industriales sujetos a la planificación del Estado se redujo de 120 en 1984 a 60 en 1987; el total de materiales asignados por el Estado disminuyó de 259 a 26; las mercancías y los productos menores no abarcados por la planificación son ahora regulados por el mercado.
Se propugnó, desde entonces, un modelo de planificación que tendría como centro formar una economía mercantil; el objetivo planificador debía consistir ahora en unir el control directo y el macroeconómico, con el rasgo que el papel principal tocara a los métodos indirectos. La renovación económica transitó, desde ese momento, a implantar una economía socialista de mercado. Este sería el derrotero para ajustar el funcionamiento de las empresas, para reconstruir las dimensiones y la estructura de la oferta agregada social.
En el XIV Congreso Nacional del PCCh, efectuado en octubre de 1992, se realizó un importante planteamiento teórico en cuanto a la producción mercantil en el socialismo. En esta reunión, por primera vez en un documento oficial del Partido, fueron expuestas las concepciones adelantadas por Deng Xiaoping a raíz de su visita de inspección por el sur de China, llevada a cabo a principios de ese mismo año. Al respecto, precisó que de lo que se trata en esos momentos es esclarecer las relaciones que deben tener estos mecanismos en su combinación dentro del sistema socialista de dirección. Se define que la planificación y el mercado constituyen elementos propios del contenido socialista de la dirección de la economía y que, por lo tanto, no hay que rechazar ninguno de ellos. La planificación y el mercado no son categorías antagónicas que pertenecen, cada una de ellas por separado, a regímenes socio-económicos diferentes.
De este modo, la modernización en curso se transformó en la vía obligada para remodelar la sociedad, teniendo como objetivo crear y perfeccionar la estructura de una “economía de mercado socialista” asentada en la propiedad pública y el principio de “a cada uno según su trabajo”; aceptando, como complemento, otros sectores de la economía y modalidades de distribución. Asimismo, les correspondió a los documentos aprobados en el XIV Congreso del PCCh, marcar el rumbo y cauces por los que discurre, en la actualidad, la teoría-práctica socialista con características chinas.
III. Principales retos y desafíos presentes en la combinación del plan y el mercado en el contexto del proceso de “Reforma y Apertura al exterior” en China.
“Cruzar el río tanteando las piedras”
Deng Xiaoping (1904-1997)
Si nos detuviéramos un instante e hiciésemos una mirada en retrospectiva a las últimas cuatro décadas de modernización socialista de la economía china y, al propio tiempo, observáramos en el horizonte el imaginario futuro de su posible desenvolvimiento, de seguro, podríamos afirmar —como señalan no pocos especialistas nacionales y foráneos— que constituye el hecho más relevante registrado en la historia de la economía mundial durante el último cuarto del siglo XX, y, sin dudas, se encuentra marcando pautas en la actual centuria.
Pero, tampoco podemos perder de vista, que, tanto en el presente como en su proyección futura para mantener revitalizado en sus múltiples dimensiones el milagro económico chino, las autoridades de Beijing, requieren necesariamente atender, entre otras variables de importancia capital, los desafíos emanados de la conjunción del plan y el mercado.
Y cómo no presentar grandes retos por delante la interacción de ambos componentes dentro de una forma única de regulación social de la producción en un país-mundo subdesarrollado, tan complejo, diverso, de cultura ancestral y con profundas asimetrías (sociales, regionales, productivas, de oportunidades, etc.). Cómo hacer más profundas las reformas con el propósito de reforzar su enfoque integral de estas y derramar así los beneficios cuantitativos y cualitativos de la modernización hacia las regiones centro-oeste de China con mayor eficiencia34. Obviamente, en dicho proceso, un papel cimero se le asigna a continuar tensando las cuerdas al enfoque regulador con que se ha venido manejando la economía durante los últimos 40 años.
En breve espacio de tiempo, China deja atrás una economía centralmente planificada y pasa a incorporar el mercado como instrumento de dirección de la economía, arrojando no solo una reconversión en la estructura clasista de la sociedad, sino también trayendo aparejado nuevos referentes ideológicos, lo que ha generado por parte del gobierno central un monitoreo sistemático.
La regulación de la economía, con los rasgos que ya conocemos, precisa, además, influir constantemente en el logro de un crecimiento de la economía sostenible, rápido y coordinado a partir de las singularidades que de todo tipo distingue a China. Un progreso económico sólido y la elevación de la riqueza social forman la base material para el florecimiento de una “sociedad armónica”. El bienestar de la población y, en particular, elevar el nivel y calidad de vida en los asentamientos rurales resulta un requisito ineludible para que el vasto campo de China sea próspero y estable.
En plena consonancia con este último párrafo, no debemos perder de vista tampoco que un “recalentamiento de la economía”35 en las condiciones del gigante asiático acarrearía un efecto contrario para las proyecciones futuras del país. Para evitar los efectos nocivos de este fenómeno se requiere que el Estado controle el volumen global de la producción, mientras que el mercado reajuste a la estructura según las necesidades coyunturales. Concretamente, el gobierno mediante la palanca de precio y valiéndose del mecanismo de mercado reajusta la estructura.
En aras de profundizar en el enfoque integral de las reformas e impedir gradualmente los efectos negativos de los vaivenes de la economía internacional, China en la actualidad se encuentra involucrada en una nueva reconversión estructural con una mirada hacia el consumo interno. En tal sentido, desde hace años, la economía china se mueve dentro de tendencias “deflacionarias”; la población aumenta los ahorros y restringe los gastos. El mercado nacional necesita del impulso al consumo para su expansión y estímulo a la producción, y sobre esta ruta es que debe enfocarse China hoy. En 2015 los depósitos de la población representaban más del 45% del PIB.
También, la preparación técnico-profesional y el estímulo a la formación de personal altamente calificado, tampoco puede quedar al margen de los resortes reguladores en una economía mercantil planificada que propenda a mantener el equilibrio de competitividad dentro de la economía mixta existente.
Por otra parte, el sector público, estatal-local, cooperativo, mixto, privado nacional y extranjero e individual, tendrá que pugnar por la continua elevación de la eficiencia, renovación de surtidos, incrementos en la calidad de los productos y servicios. Reducción de los costos, mejorar la utilización de los fondos de inversión, buscar mayores cuotas en el mercado interno, el externo interesarse por la aplicación de nuevos procedimientos y tecnologías de punta, constituyen a lo sumo, también esferas de influencias directa e indirecta de la conjunción entre el plan y el mercado en el contexto modernizador.
Se amplía el poder de decisión de las autoridades locales y de las empresas mediante la reforma del sistema de inversión. Aunque el Estado en general haya reducido el alcance de la planificación, las interferencias de la administración y el control directo que ejerce persisten y las autoridades locales siguen intentando ampliar los ámbitos de la planificación.
Y muy relacionado con lo anterior, dado que las interferencias administrativas tradicionales siguen desempeñando un papel predominante en los sectores del capital, de la mano de obra, de los materiales y del comercio, todavía persisten insuficiencias en las estructuras y los mecanismos del mercado que vinculan distintos bienes y elementos de producción. Se sigue recurriendo, en gran medida, al control directo del Estado. La coexistencia del viejo sistema con el nuevo obliga al gobierno a aplicar medidas del pasado para tratar los problemas que surgen en las operaciones comerciales o al introducir mecanismos de mercado.
En la esfera social, los desafíos no son despreciables. El plan y el mercado deben conjugarse con mayor cohesión para evitar los flujos migratorios del campo a las ciudades; darle un enfoque integral al problema de los “tres agros” (las zonas rurales, la agricultura y al campesino, elemento que ya fue visto en un párrafo anterior); la redistribución de los ingresos y los cambios acelerados en el desarrollo económico; mayor atención a los programas sociales y a la pobreza. En fin, es una tarea titánica en la que la combinación de la regulación planificada de la economía y el mercado juegan un rol indispensable.
Por último, tampoco escapa del análisis en cuestión, el hecho de que el mercado tiene dos caras. Una, la estimulación de la actividad comercial, el incremento de los incentivos al trabajo, la saturación de las vidrieras, etcétera., sin olvidar que, de manera permanente, diferencia a los productores. La otra, la exacerbación de la codicia, sentimientos e instintos bajos, el egoísmo e individualismo. La creatividad radica en sacar provecho del primer semblante y poner freno social a las deformaciones del segundo rostro. Baste agregar, que los elementos mercantiles, sin el adecuado registro y control conducen a una diferenciación social desmedida, obtención de ingresos no provenientes del trabajo y a prácticas corruptoras.
CONCLUSIONES
Plan y mercado, su relación, el reconocimiento del carácter directo e indirectamente social del trabajo, los factores que condicionan el uso de las relaciones mercantiles en la primera fase de la sociedad comunista, cuánto hay de mercantil en la producción socialista, lo privativo o no de una forma u otra de regulación de la producción en la sociedad capitalista y en la socialista en construcción, entre otros tópicos relativos a estos, hoy, como ayer, continúan acaparando interés de muchos, y generando discusiones con múltiples interpretaciones, y muchas veces no tienen para cuando finalizar. Sobre todo, luego de la implosión de las experiencias socialistas del centro-este europeo encabezadas por la otrora URSS a fines del siglo pasado.
Frente al relativo vacío teórico y el anacronismo socioeconómico consustancial a la praxis proveniente del “socialismo clásico”; intelectuales, instituciones académicas, hacedores de política económicas y políticos, nos hemos dado a la tarea de repensar de manera crítica la teoría de la Economía Política de la Construcción del Socialismo (EPCS), y dentro de esta ciencia en franco proceso de escritura —debido a que su objeto de estudio también se está reformulando— es preciso replantear mediante un acucioso estudio las peculiaridades distintivas a la regulación social de la producción durante la transición del capitalismo al socialismo, a partir del alto grado de subdesarrollo de las fuerzas productivas y en un mundo tan globalizado, con profundas brechas de todo tipo.
A tales efectos, con más de 40 años de edad, el proceso de modernización socialista de la economía china acumula en su haber importantes lecciones dignas para un análisis concienzudo, especialmente, en lo referente a la sinergia que debe caracterizar al plan y el mercado en el contexto de la “etapa primaria del socialismo con características chinas”. En consecuencia, el proceso de reestructuración económico-social con todos sus aditamentos ha demostrado ser el medio para alcanzar los objetivos socialistas dentro de los marcos de las condiciones históricas concretas del gigante asiático.
Inspirada en las particularidades inherentes a la reconversión estructural adoptada por Japón y los “tigres asiáticos” de primera y segunda generación durante los decenios 50´, 60´ y 70´ del siglo XX, el proceso de “Reforma y Apertura al exterior”, constituye una integración dialéctica de los principios fundacionales enarbolados por los clásicos del marxismo-leninismo en torno a la construcción socialista con respecto a la realidad china. Como complemento a ello, se articulan armónicamente los ingredientes del pragmatismo confuciano con los frutos más genuinos de la producción mercantil desarrollada, a fin de juzgar lo que es útil o no para revitalizar el sistema de relaciones socialistas de producción en China, arrojando un modelo autóctono de “economía socialista con orientación al mercado”.
El proceso de las “Cuatro Modernizaciones” tejió e hizo confluir durante todos estos años a una estructura económico-social heterogénea en cuanto a formas de propiedad, gestión, relaciones distributivas, mecanismos de regulación, etc., con repercusión, inclusive, en el balance de la estructura socio-clasista del país.
En otras palabras, nos referimos a un modelo de economía mixto en el que la primacía del sector social no se debe ver solo desde el ángulo cuantitativo, sino cualitativo. No se trata de que la mayoría del valor de los activos o del valor de la producción social pertenezcan al sector socialista en sus disímiles acepciones, sino que esta propiedad detente las ramas claves de la economía del país, de manera que se constituya en la principal fuente de los ingresos financieros del Estado, así como en la base material para que este ejerza el control macroeconómico.
Es así que los distintos actores de la economía interactúan entre ellos a nivel microeconómico, independientemente de la naturaleza de su propiedad, y necesariamente tienen que compatibilizarse mediante la relación dialéctica plan-mercado. El mercado rige de manera horizontal el desempeño del sistema empresarial en su conjunto y el Estado, por otra parte, fija racionalmente de forma vertical las metas estratégicas del desarrollo económico-social nacional durante un período de tiempo determinado a través del plan con carácter indicativo.
Por lo tanto, el armazón que sustenta a la economía mercantil planificada socialista une de manera dialéctica, directa e indirectamente al plan y el mercado en un mecanismo único de dirección de los procesos socioeconómicos, confirmando la idea de lo que distingue al socialismo del capitalismo no es que exista más de uno u otro instrumento regulador, al tiempo, que su evolución histórica deviene en un fenómeno con propiedades cualitativamente novedosas para la racionalidad del pensamiento socialista contemporáneo.
Sin embargo, su proceso de configuración durante estos años, ha sido zigzagueante y enfrenta no pocos retos objetivos y subjetivos. En pocas palabras, hacemos referencia a una praxis regular, prueba-error, que reclama de forma sistemática el desarrollo de la economía política como ciencia particular.
notas
1 Ver. Federico Engels: Anti-Duhring, p. 376, Editorial Pueblo y Educación, La Habana. 1975, y, Carlos Marx: Critica al Programa de Gotha, Obras Escogidas de tres tomos, t. 3, Pp. 13-14, Editorial Progreso, Moscú, 1981.
2 Lenin abordó inicialmente el programa de transformaciones socialistas en la Rusia soviética en dos obras esenciales: “Acerca del infantilismo de izquierda y el espíritu pequeño burgués” y “Las tareas inmediatas del poder soviético”.
3 V.I. Lenin: “Acerca de la significación del oro ahora y después de la victoria completa del socialismo”. Obras Escogidas en tres tomos, T3. Editorial Progreso, Moscú 1978.
4 Lenin, V. I.; Sobre las Cooperativas; Obras Escogidas en doce tomos, Tomo XII, p. 378, Editorial Progreso, Moscú, 1976.
5 Ibidem.
6 Ver. Lenin, V. I. Sobre las Cooperativas, ob. Cit., p. 383.
7 La premonición de Lenin contenida en la “Carta al Congreso” acerca del peligro de la escisión en el partido producto de las divergencias entre Trotsky y Stalin, se materializaron rápidamente después de su muerte.
Ya en octubre de 1923 a partir de la Plataforma de los 46 elaborada por los seguidores de Trotsky, como miembros de la Oposición de Izquierda, que impugnaba la política económica oficial, particularmente en relación con el manejo de la crisis de la tijera de precios en ese año, así como al calor de la publicación en 1924 de los ensayos de Trotsky “El nuevo curso” y “Lecciones de Octubre”, se hizo público y notorio el enfrentamiento del creador del Ejército Rojo con los miembros del buró político Kamenev, Zinoviev y Stalin, a lo que se sumaría posteriormente Bujarin.
Este enfrentamiento culminaría en 1925 con la sustitución de Trotsky al frente del Comisariado de Guerra, que marcaría el inicio de su declinación política definitiva hasta su expulsión de la URSS en 1929.
Una nueva realineación de fuerzas se produjo a partir del XIV Congreso del Partido en 1925 cuando Zinoviev y Kamenev se identifican con las ideas de Trotsky y se enfrentaron en el buró político con Stalin y Bujarin, hasta su derrota en 1927.
Finalmente, se produce el conflicto entre Bujarin y sus seguidores con Stalin y sus adeptos entre 1927 y 1929, que culmina con la derrota del primero y su declinación política definitiva. Para más información ver: Rodríguez, García, José L. El Derrumbe del Socialismo en Europa. Ed Ciencias Sociales, La Habana 2014. Pp. 32-33.
8 Aunque las reformas económicas de los años 60 marcarían algunas diferencias en este sentido, estas se limitaron a dejarlas establecidas en el papel, con poca relevancia en la práctica.
9 Editado por el Instituto de Economía de la Academia de Ciencias de la otrora Unión Soviética y bajo orientaciones directas de I. Stalin, en el año 1954 aparece el primer Manual de Economía Política sobre la construcción socialista. Al respecto, el líder soviético suscribió: “Dispongo de todos los documentos relacionados con la discusión económica celebrada para apreciar el proyecto de Manual de Economía Política. He recibido, entre esos documentos, las Propuestas para mejorar el proyecto de manual de Economía Política, las Propuestas para eliminar los errores y las inexactitudes en el proyecto, y la Relación de las cuestiones discutibles. Estimo necesario hacer respecto a todos estos materiales, y también respecto al proyecto de manual, las siguientes observaciones”. (Stalin, 1964). Estas fueron publicadas bajo la denominación “Los problemas económicos del socialismo”, marcando ese manual y los posteriores.
10 Ver. Figueroa, Albelo, Victor. Economía Política de la Transición al Socialismo: Experiencia cubana. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2009, Pp. 65-66.
11 Ibidem, P 66
12 A los efectos de este trabajo se entiende por países del este de Europa o Europa oriental a todos los países que adoptaron un proyecto socialista en el viejo continente. En este grupo se incluye a Albania, Yugoslavia, Bulgaria, Rumanía, Hungría, Checoslovaquia, Polonia y la República Democrática Alemana.
13 El triunfo de los comunistas en China, Vietnam y Corea llevó también el socialismo a Asia con posterioridad a la guerra, aunque en circunstancias históricamente diferentes a las que se dieron en Europa, a partir de las revoluciones que tuvieron lugar en estos países como resultado de la lucha contra el colonialismo.
14 El Ejército Rojo jugó un papel mucho menor en el caso de Yugoslavia y no estuvo presente en el caso de Albania.
15 Los manuales elaborados en la mayoría de los países socialistas del centro-este europeo acerca de la transición hacia la nueva sociedad, en una u otra medida —aunque algunos declarasen lo contrario— siguieron la lógica y brújula trazadas por el primer Manual de Economía Política editado por el Instituto de Economía de la Academia de Ciencias de la Unión Soviética editado bajo la supervisión directa de I. Stalin en el año 1954.
16 Para este análisis condensado del modelo de autogestión socialista yugoslavo se han utilizado los trabajos de Nove (1987), Brown (2002), Lebowitz (2004 y 2005), Tablada (2005), Novaes (2011), García (2014) y Molina (2016).
17 Aunque hubo menos crecimiento en los años 60 y 70: en producción industrial, 8.8% y 7.5%, respectivamente, y en PIB 7% y 6%, pero, en todo caso, éste fue respetable. El país se industrializó. Ver. Molina, Molina, Ernesto. Devenir del modelo económico socialista. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2016. P88.
18 Ibidem.
19 Ibidem.
20 Después del triunfo contra el nazismo, por el ejército de guerrilleros yugoslavos en 1945, nace la República Democrática Federal de Yugoslavia; en 1946 decide llamarse República Federal Popular y República Federal Socialista de Yugoslavia en 1963. Josip Bros Tito (1892-1980) mantuvo una política independiente, tanto de la Unión Soviética y del Pacto de Varsovia, como de los países occidentales y de la OTAN. Yugoslavia quedó constituida por seis repúblicas (Eslovenia, Croacia, Bosnia y Herzegovina, Macedonia, Montenegro y Serbia, así como dos provincias autónomas), cinco nacionalidades, cuatro idiomas y tres religiones, entre ellas un porcentaje significativo de religión musulmana en determinados territorios.
21 El principio de autogestión consistía fundamentalmente en que la interpretación del concepto de propiedad social se materializaba a nivel de empresa, donde la gestión se subordinaba a las decisiones de un Consejo de Trabajadores creado mediante elección directa. Esta decisión introdujo cambios profundos en el sistema económico-social establecido por la Constitución de 1946, que consisten en el reemplazo del concepto de relaciones centralistas estatales por el concepto de relaciones autogestoras, en las que los trabajadores adquirieron, en lugar del Estado, el derecho a gestionar las empresas y todos los asuntos de esta en nombre de la comunidad social, en los marcos del Plan económico estatal, de la ley y de otras normas. Para más información consultar Rodríguez, García, José L. El Derrumbe del Socialismo en Europa. Ed Ciencias Sociales, La Habana 2014. P113.
22 Los balances materiales han sido la técnica más utilizada por las llamadas economías planificadas con el objetivo de compatibilizar las necesidades sociales con los encargos de la producción. Constituye un conjunto de numerosos y diversos balances que consignan las posibles fuentes y utilización de todos los recursos disponibles y/o necesarios, intentando capturar todas las interdependencias en los procesos productivos. Requiere el procesamiento de grandes volúmenes de información referida a las funciones de producción de las diferentes unidades, así como a la situación de sus inventarios. Supone un conocimiento preciso de la demanda (Fernández, 2017).
23 Esta etapa, que se conoció en Cuba como “Batalla de ideas”, se caracterizó por sistemáticas convocatorias a masivas movilizaciones políticas para reclamar en un inicio la devolución a Cuba del niño Elián González, y posteriormente para hacer frente al endurecimiento de la retórica injerencista y las acciones extraterritoriales del gobierno de W. Bush en EE. UU.
24 Los Lineamientos 1 y 2 del VI Congreso del PCC declaraban lo siguiente: “El sistema de planificación socialista continuará siendo la vía principal para la dirección de la economía nacional, […] debe transformarse en sus aspectos metodológicos, organizativos y de control (para tener) en cuenta el mercado, influyendo sobre el mismo y considerando sus características, […] y abarcará todas las formas de propiedad y gestión” (PCC, 2011).
25 Ver: artículo de Oscar Fernández Estrada “El paradigma de planificación en Cuba: Cambiar lo que debe ser cambiado”. En Revista cuatrimestral “Cuba Socialista” editada por el Comité Central del Partido Comunista de Cuba, 4ta época. No.5, mayo-agosto de 2017.
26 Ver Coubert, Julián. “Vietnam, Voluntad con ojos rasgados”. Entrevista a Do Muoi, secretario general del Partido Comunista de Vietnam, Bohemia, 15 (9):43,1995.
27 Asumimos como definición de la categoría “modelo económico socialista de funcionamiento”, el expuesto por el académico polaco, Woldzimiers Brus, en su libro “El funcionamiento de la economía socialista”. Editorial Oikos-tau SA, Barcelona, 1969. P13 (final).
“…por este concepto debe entenderse al esquema simplificado de funcionamiento de un sistema que haga abstracción de los detalles, pero que caracterice el tipo de mecanismo económico y los principios esenciales de su modo de acción. Está claro, pues, que en condiciones normales, un sistema específico de organización, planificación y gestión en un cierto país, no viene reflejado exactamente, sino, como máximo, con cierta aproximación, por un determinado modelo económico”.
28 Nos referimos a: “cruzar el río tanteando las piedras”, “no importa los colores del gato lo importante es que cace ratones”, “emancipar las mentes”, “buscar la verdad en los hechos”, “extraer lo que es provechoso para China a través de la práctica”, “liberar y estimular controladamente a las fuerzas productivas”, “enfocar el desarrollo científico técnico en beneficio de la economía nacional”, “utilizar racionalmente las palancas que emanan de la ley del valor” y “abrirle las puertas al mundo”
29 El líder reformador, Deng Xiaoping, mostró desde un inicio notable preocupación acerca de dónde provendría el dinero para financiar las ambiciosas transformaciones y cuál sería el “canal” más efectivo para su recepción; pues, en esos precisos instantes China solo contaba con la insignificante cantidad de 167 millones de dólares en sus reservas totales de cambio (Xiaobo, 2010). Por tal motivo, la captación de capital extranjero, en una u otra modalidad, realizada por el gigante asiático con vistas a la puesta en vigor y desarrollo del proceso de modernización socialista de la economía tiene como premisa, entre otros importantes elementos, que la deuda externa contraída con los inversores no puede poner en riesgo la capacidad de pago de la nación. De ahí, la atención permanente que las autoridades gubernamentales brinden al mantenimiento de la proporcionalidad apropiada, estructura razonable en la cuantía y uso de los recursos financieros provenientes de este componente de la política de “puertas abiertas” (Díaz y Regalado, 2007).
30 NICs-I: Hong Kong, Taiwan, Corea del Sur y Singapur; por su parte, los NICs-II: Malasia, Filipinas, Tailandia, Indonesia.
31 El Estado mantiene el monopolio de los recursos minero-naturales, financieros y los sectores industriales que concentran los más importantes intereses sociales, los que garantizan los altos fines políticos y económicos de la nación. Para más información ver Constitución actual de China
32 Cuando hacemos alusión a la categoría marxista estructura socioeconómica nos referimos a que: “En la producción social de su vida, los hombres entran en determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción, que corresponden a un determinado grado de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. Estas relaciones de producción en su conjunto constituyen la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la cual se erige la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social”. Ver Marx, Carlos. Contribución a la Crítica de la Economía Política, Prólogo. Ed Progreso Moscú, 1989
33 Ver: Decisión del CC del PCCH sobre la Reforma de la Estructura Económica (20/10/1984), En Robaina, José Luis. China, Reforma y Apertura. Informes, documentos y discursos. Editora Política, La Habana 1990. P259.
34 “La Nueva Ruta de la Seda”, o, su equivalente, “Un Cinturón, Un Camino" (OBOR, por sus siglas en inglés), es el megaproyecto más ambicioso y complejo que enfrenta las autoridades de Beijing en la actualidad. La reedición de la “Ruta de la Seda” en el siglo XXI por parte de China (tanto en su dimensión terrestre como marítima), persigue impulsar la conectividad, el comercio y el intercambio cultural del gigante asiático con no menos de 100 países pertenecientes a tres continentes, es decir, la iniciativa recorre un itinerario aproximado de 30 millones de km, transitando por las regiones de Asia, Europa y los países africanos con costas en el Océano Índico.
Ahora bien, propicia el desarrollo interno de China, pues, como es lógico impulsa la transferencia de recursos naturales e industrias entre el este y el oeste del país, propone un nuevo tipo de urbanización sostenible, también se pueden aprovechar con mayor eficiencia las ventajas de las regiones central y occidental del gigante asiático ricas en recursos naturales y ubicación geográfica, además de que facilita explorar las potencialidades de cooperación con los países vecinos. De este modo, la iniciativa contribuye a profundizar la reforma en todos los ámbitos y que el país continúe con su política de apertura al mundo exterior (Hernández, 2015). A tales efectos, la máxima dirección del país aspira que China crezca al 6.5% como media para mantener el ritmo de desarrollo actual (Parra, 2017).
35 La práctica internacional ha demostrado que los crecimientos desmedidos son dañinos, ya que rompen proporciones entre los diferentes sectores de la economía nacional, provocando desequilibrios entre la oferta y la demanda, que generan inflación. Este fenómeno se conoce como “recalentamiento económico” (Molina y Regalado, 2005)
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Bregolat, E. (2007). La segunda revolución china. Ed. Destino, S.A, Madrid.
Brus, W. (1868). El funcionamiento de la Economía Socialista. Problema General. Ed. Oikos-Tau S.A, Barcelona.
Coubert, J. (1995) “Vietnam, Voluntad con ojos rasgados”. Entrevista a Do Muoi, Secretario General del Partido Comunista de Vietnam. Revista Bohemia, 15 (9):43.
Colectivo de Autores. (2007). Cuba y Vietnam. Un Nuevo Análisis de las Reformas Económicas. Editado por la Agencia Sueca de Cooperación para el Desarrollo, Departamento de Economía de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República Uruguay, Monte Video.
Comite Central de PCCh. (1994-2017). Documentos de los Congresos XIV-XIX del Partido Comunista de China. Ed. Lenguas Extranjeras, Beijing.
Díaz, V. J. (2002). “China: reformas socialistas y teoría económica”. Revista Economía y Desarrollo No 1. Facultad de Economía de la Universidad de la Habana.
Díaz, V. J. (abril-septiembre de 2007). La modernización económica en China: ¿otra herejía? Revista Temas No. 50-51. Nueva época, Pp. 64-73.
Díaz, Vázquez, Julio A y Regalado, Florido, Eduardo. (2007). China: El despertar del dragón. Ed. Ciencias Sociales, La Habana.
Díaz, V. J. (2009). "Prólogo". En Vascós, Fidel. Socialismo y Mercado. Ed. Ciencias Sociales, La Habana.
Díaz, V. J. (2010). China: ¿otro socialismo? (LX aniversario). Ed. Ciencias Sociales, La Habana.
Díaz, V. J. (2013). Actualizar el modelo económico en Cuba: ¿patrón chino o vietnamita? Revista Economía y Desarrollo, No 1 enero-junio .
Díaz, V. J. (2016). China Economía y Democratización. Ed. Ciencias Sociales, La Habana.
Engels, F. (1979). Antiduring. Ed. Pueblo y Educación, La Habana.
Engels, F. (1980). “Carta de Engels a Otto Von Boenigk. 21/8/1890”. En C. Marx y F. Engels. Obras Escogidas en III Tomos, T III. Ed. Progreso Moscú.
Fernández, E. O. (mayo-agosto/2017). “El paradigma de planificación en Cuba: cambiar lo que debe ser cambiado”. Revista cuatrimestral Cuba Socialista, 4ta época. No. 5 editada por el Comité Central del Partido Comunista de Cuba.
García, R, M (2014). Socialismo, Mercado y Desarrollo en el Escenario Cubano Actual. Revista Economía y Desarrollo, 152, 20.
Jianing, W. (2008). “Treinta años de regulación y control macroscópicos de China”. En Compilación. Treinta años de reforma en China a los ojos de estudiosos chinos y extranjeros (1ra Edición). Ed. Lenguas Extranjeras, Beijing.
Jirong, Y. (junio de 2011). “El modelo chino: ¿qué dicen las investigaciones?” Revista Temas No. 12.
Lebowitz, M. (abril de 2004). Lecciones de la autogestión yugoslava (Material inédito).
Lebowitz, M. (abril de 2005). Siete Problemas difíciles, problema de la autogestión yugoslava (Material inédito).
Lenin, V. I. (1976). “El Estado y la Revolución”. En V. Lenin, Obras Escogidas en XII Tomos, Tomo VII. Ed. Progreso, Moscú.
Lenin, V. (1976). “Acerca del infantilismo de izquierda y el espíritu pequeño burgués”. En V. Lenin, Obras Escogias en XII Tomos, Tomo VIII. Ed. Progeso, Moscú.
Lenin, V. (1976). Las tareas inmediatas del poder soviético. En V. Lenin, Obras Escojidas en XII Tomos, Tomo VIII. Ed. Progeso, Moscú.
Lenin, V. (1978). “Acerca de la significación del oro ahora y después de la victoria completa del socialismo”. En V. Lenin, Obras Escogidas en III Tomos, Tomo III. Ed. Progeso, Moscú.
Lenin, V. I. (1976). "Sobre las Cooperativas". En V. Lenin, Obras Escogidas en XII Tomos, Tomo XII. Editorial Progreso, Moscú.
Marx, C. (1981). Critica al Programa de Gotha. En Carlos Marx y Federico Engels. Obras Escogidas en III Tomos, Tomo III. Editorial Progreso, Moscú.
Marx, C (1989). Contribución a la Crítica de la Economía Política, Prólogo. Ed Progreso Moscú.
Molina, M. E. (2016). Devenir del modelo económico socialista. Ed. Ciencias Sociales, La Habana.
Novaes, H. (2011). “Las bases del socialismo autogestionario: la contribución de István Meszáros”. En H. C. Piñeiro, Cooperativas y Socialismo. Una mirada desde Cuba. Ed. Caminos, La Habana.
Nove, A. (1987). La economía del Socialismo viable. Ed. Siglo XXI, Madrid.
Parra, P. Á. (14 de Noviembre de 2017). OBOR: las 5 claves de la mayor iniciativa de infraestructuras mundial liderada por China. Disponiblen en: www.ieee.es
Partido Comunista de Cuba (1997). Resolución Económica. V Congreso del PCC. Ed. Política, La Habana.
Partido Comunista de Cuba (2011 y 2016). Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución. Editado por el Comité Central del PCC, La Habana.
Partido Comunista de Vietnam. (2001). Modificaciones a la Constitución de 1992 de la Republica Socialista de Vietnam. Editado por el Comté Central del Partido Comunista de Vietnam Hanoi.
Ríos, X. (2012). China pide paso. De Hu Jintao a Xi Jinping. Ed. Icaria, SA, Barcelona.
Robaina, José L. (1990). China, Reforma y Apertura. Informes, documentos y discursos. Editora Política, La Habana.
Rodríguez, G. J. (2014). El Derrumbe del Socialismo en Europa. Ed. Ciencias Sociales, La Habana.
Rodríguez, G. J. (mayo-agosto/2017). “El debate entre plan y mercado en el socialismo; su importancia y actuaidad”. Revista cuatrimestral Cuba Socialista, 4ta época. No. 5 editada por el Comité Central del Partido Comunista de Cuba, La Habana.
Stalin. J. (1964). ”Problemas económicos del socialismo en la URSS”, Editado por la Dirección de Información del Ministerio de Comercio Exterior, La Habana. Disponible en: www.eroj.org
Tablada, C. (2005). El pensamiento económico de Ernesto Che Guevara. Ed. Ciencias Sociales, La Habana.
Vascós, F. (2009). Socialismo y Mercado. Ed. Ciencias Sociales, La Habana.
Xiabo, W. (2010). La China emergente: la transformación del gigante asiático desde dentro. Ed China Intercontinental Press, Beijing.
Xiaoping, D. (1987). Problemas fundamentales de la China de hoy. Ed. Lenguas Extranjeras, Beijing.
Xiaoping, D (1994). Obras Escogidas en 3 Volúmenes (Vol. 3). Ed. Lenguas Extranjeras, Beijing.
CONFLICTO DE INTERESES
El autor declara que no existen conflictos de intereses relacionado con el artículo.
AGRADECIMIENTOS
No aplica.
FINANCIACIÓN
No aplica.
PREPRINT
No publicado.
DECLARACIÓN DE ÉTICA EN LA INVESTIGACIÓN
No aplica.
DECLARACIÓN DE DISPONIBILIDAD DE DATOS
No aplica, ya que este es un estudio análisis bibliométrico.
DERECHOS DE AUTOR
Los derechos de autor son mantenidos por los autores, quienes otorgan a la Revista Política Internacional los derechos exclusivos de primera publicación. Los autores podrán establecer acuerdos adicionales para la distribución no exclusiva de la versión del trabajo publicado en esta revista (por ejemplo, publicación en un repositorio institucional, en un sitio web personal, publicación de una traducción o como capítulo de un libro), con el reconocimiento de haber sido publicada primero en esta revista. En cuanto a los derechos de autor, la revista no cobra ningún tipo de cargo por el envío, el procesamiento o la publicación de los artículos.