Influencia de Estados Unidos sobre la política exterior canadiense hacia América Latina y el Caribe (2015-2019)

U.S. influence on Canadian foreign policy toward Latin America and the Caribbean (2015-2019)

Lic. Jocelyne Cabañas González

Licenciada en Relaciones Internacionales. Especialista del Ministerio de Relaciones Exteriores, La Habana, Cuba.

jocelynecabanas@gmail.com 0000-0002-6578-9183

Lic. Ana María Ortega Báez*

Licenciada en Relaciones Internacionales. Especialista del Ministerio de Relaciones Exteriores, La Habana, Cuba.

proyectocarpediem777@gmail.com 0009-0006-3600-1912

*Autor para la correspondencia: proyectocarpediem777@gmail.com

Cómo citar (APA, séptima edición): Cabañas González, J., & Ortega Báez, A. M. (2024). Influencia de Estados Unidos sobre la política exterior canadiense hacia América Latina y el Caribe (2015-2019). Política Internacional, VI (Nro. 1), 91-105. https://doi.org/10.5281/zenodo.10392188

DOI: https://doi.org/10.5281/zenodo.10392188

 

Recibido: 30 de agosto de 2023

Aprobado: 16 de noviembre de 2023

 

RESUMEN El presente trabajo aborda el conflicto existente entre los intereses canadienses en la región de América Latina y el Caribe y su relación con Estados Unidos durante el primer periodo del mandato del Primer Ministro Justin Trudeau (2015-2019). Mediante el análisis de esta etapa, se busca comprender las diferencias en las posturas políticas de Canadá hacia esta región durante las administraciones de Obama y Trump. Es fundamental destacar la importancia que tiene la relación entre Estados Unidos y Canadá en la proyección internacional de este último, especialmente en lo que respecta a su vínculo con América Latina y el Caribe. Se pone de manifiesto cómo esta relación ha sido moldeada, en gran medida, por la influencia de Estados Unidos, generando una constante lucha entre los intereses nacionales de Canadá y la dependencia de su vecino del sur.

Palabras claves: Canadá, política exterior, América Latina y el Caribe, Estados Unidos, interés nacional

 

 

ABSTRACT The paper addresses the struggle between Canadian interests in the Latin American and Caribbean (LAC) region and its linkage with the Canada-U.S. relationship during the first term of Prime Minister Justin Trudeau's mandate (2015-2019). The analysis of the selected period allows us to analyze the differences in terms of Canadian policy positions towards LAC vis-à-vis during the Obama and Trump administrations. It deals with the importance of the U.S.-Canada relationship in Canada's projection towards the world, particularly in the relationship with Latin America and the Caribbean. The central theme is, in particular, how the Canadian relationship with the region has been forged, greatly influenced by the US, in a constant struggle between Canada's national interests and its dependence on the US.

Keywords: Canada, foreign policy, Latin America and the Caribbean, United States, national interest

 

 

INTRODUCCIÓN

A partir de la creación del Dominio de Canadá, en 1867, el país se constituyó en un territorio federal de cuatro provincias y comenzó un proceso de autonomía que fue avanzando con la anuencia, y en buena medida modelado, por el Reino Unido. Este proceso se evidenció en el Estatuto de Westminster de 1931 y culminó con el Acta de Constitución de Canadá de 1982, que puso fin a la dependencia jurídica canadiense del parlamento británico (Brown, 2002). Así, el país adquirió su independencia, como un Estado federal, y un sistema político parlamentario en el que el monarca inglés continúa siendo el Jefe de Estado.

Los fuertes vínculos de Canadá con el Reino Unido prevalecieron en la política exterior de este país hasta aproximadamente la Segunda Guerra Mundial (IIGM). Sin embargo, al final de esta, Estados Unidos (EE.UU.) pasó a ser el principal aliado estratégico y la prioridad de la política exterior canadiense. En este sentido, se estrecharon cada vez más las relaciones económicas, políticas y diplomáticas entre ambos países. Los lazos con este país se expandieron a aspectos de defensa y seguridad luego de que Canadá fuera miembro fundador, en 1948, de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y, en 1958, firmara el Mando Norteamericano de Defensa Aeroespacial (NORAD). Por ende, durante un largo periodo, los nexos de Canadá con el continente americano se centraron en EE.UU.

Por otra parte, históricamente, la política exterior canadiense hacia América Latina y el Caribe (ALC) estuvo dirigida, en última instancia, a la satisfacción de objetivos económicos. Esta motivación también acercó las élites en el poder de Ottawa y Washington, cuya proximidad influyó apreciablemente en la manera en que Canadá se proyectó hacia ALC.

Para analizar la influencia que ha tenido Washington en la política exterior de Ottawa es necesario indagar sobre la estrecha relación que existe entre ambos países. Esta tiene manifestaciones en los ámbitos económico, político y militar, que cuentan con vínculos históricos y que continuaron su desarrollo y manifestaciones en el periodo 2015-2019. En esta etapa Canadá mantuvo su relación con América Latina y el Caribe en el contexto de dos administraciones con gestiones muy diversas en materia de política exterior: Obama y Trump.

El trabajo tiene por objetivo conocer los factores económicos, políticos y militares que demuestran la dependencia de Canadá a Estados Unidos y cómo esta relación influye en su relación con América Latina y el Caribe en el periodo comprendido entre 2015 y 2019.

DESARROLLO

Factores económicos.

La economía canadiense se encuentra estrechamente vinculada a la estadounidense. Con un PIB que es solo un décimo del de su vecino del Sur1 (Amadeo, 2019), y una población de 36, 7 millones en 2019 (Heritage, 2020), menor que la del estado de California, Canadá está atrapada por su vinculación con EE.UU. (Ver fig. No.1).

En los gráficos no solo se observa el predominio absoluto de EE.UU. en importaciones y exportaciones; sino también la poca relevancia de ALC para el comercio canadiense. Su economía cuenta con una gran apertura comercial2 que alcanzó el punto máximo de 66% del PIB en 2018 (Santander Trade Markets, 2020). Esta se expresa fundamentalmente en el comercio con EE.UU., que en 2017 recibió el 76% de las exportaciones y suministró el 52% de las importaciones canadienses (España, Oficina Económica y Comercial de España en Ottawa, 2018). Es notable que, en 2018, Canadá era la cuarta economía del mundo con mayor concentración de sus exportaciones por mercado (Azevedo, 2018).

Por su parte, la IED en Canadá3 entre 2015 y 2017 disminuyó, incluida la procedente de EE.UU. que lo hizo en un 13%. No obstante, esta mantuvo su importancia y en 2017 representó el 74% del total. La inversión canadiense en el exterior creció un 5% en 2017 con respecto al año anterior y EE.UU. concentró el 82% del total, creciendo un 14% con respecto a 2016. (España, Oficina Económica y Comercial de España en Ottawa, 2018). De esta forma, Canadá constituyó la segunda fuente de IED para Estados Unidos4 (Pérez, 2019).

La IED en Canadá en 2019 pasó de 12 mil millones CAD en el primer trimestre, a 21 700 millones CAD en el segundo. Este aumento se debió en buena medida a diversas adquisiciones realizadas, principalmente en los sectores energéticos y mineros. Entre ellas, destacó la de la compañía Goldcorp Inc. por parte de la multinacional estadounidense Newmont Mining Corp a cambio de una transacción en acciones valorada en unos 10 mil millones de dólares (ICEX, 2019). En 2019, la IED canadiense en el exterior sumó casi 26 mil millones CAD, más de la mitad dirigidos al sector financiero y de los seguros de EE.UU. Además, las reservas internacionales oficiales de Canadá a fines de 2017 eran de casi 87 mil millones USD y el 59 % se encontraban en dólares americanos (España, Oficina Económica y Comercial de España en Ottawa, 2018).

 

Fig. No. 1: Países desde los que importa y hacia los que exporta Canadá.

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El 32% del acervo de IED en Canadá se destina a la extracción de recursos naturales. Las manufacturas han recibido solamente el 18% del total (una cifra relativamente baja en una comparación global) y dentro de las mismas ha primado la industria petroquímica mucho más que la automotriz, que es la que más se comercia dentro de América del Norte. Dentro de esta relación es necesario destacar que las empresas de EE.UU. tenían en 2017 tres veces más activos en Canadá que en México, y que los flujos de IED hacia Canadá duplicaban los dirigidos a México (Pérez, 2019).

En consecuencia, el intercambio comercial y las características de la IED entre ambos países reflejan un alto grado de interrelación económica. Por tanto, el devenir económico de Canadá tiene un alto nivel de dependencia con EE.UU., y el TLCAN también lo evidenció. Las economías de los tres países están fuertemente unidas entre sí, aunque esta unión no es equilibrada5, con EE.UU. en su centro. Por otra parte, aunque el comercio entre Canadá y EE.UU. no ha crecido desde la crisis de 2008, concentra el sector de manufacturas (principalmente automotriz), que representa el 19 % del comercio total entre los países, maquinaria (14 %) y electrónica (11 %) (Pérez, 2019).

En 2018 el TLCAN pasó a convertirse en el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC6) que regula actualmente el comercio entre estos países. Este nuevo acuerdo fue resultado de un proceso de renegociación signado por presiones económicas y políticas estadounidenses. En abril de 2017, Washington impuso aranceles de un 20 % a las exportaciones canadienses de acero y aluminio, lo que implicaba pérdidas de 10 mil millones USD a la economía canadiense (Amadeo, 2019). Además, el presidente estadounidense Donald Trump (2017-2021) se refirió al PM Justin Trudeau como “muy débil y deshonesto” y ordenó a sus funcionarios no firmar el comunicado final de la cumbre del G7 organizada por Ottawa en 2018. Durante la negociación, Trump también amenazó con la salida del TLCAN (Malkin, 2019).

En este sentido, Canadá se vinculó con relativa desventaja a la renegociación también porque EE.UU. y México ya habían alcanzado un acuerdo bilateral. Como consecuencia, Ottawa tuvo que realizar concesiones en sectores estratégicos de su economía, ya que no tener ningún tratado habría sido demasiado costoso. La renegociación se realizó entre 2017 y 20187 y el acuerdo fue firmado el 30 de noviembre de 2018, durante un evento paralelo a la Cumbre del G-20 en Argentina, para su entrada en vigor el 1ro de julio de 2020. Comparado al TLCAN, el acuerdo da a EE.UU. un mayor acceso al mercado lácteo de Canadá, incentiva la producción doméstica de automóviles, aumenta las regulaciones medioambientales y laborales, e introduce y actualiza las protecciones a la propiedad intelectual.

En tal sentido, bajo el TLCAN, Canadá limitó el monto de productos lácteos8 que podían ingresar a su país desde EE.UU., pero el T-MEC brinda acceso a un 3,5% del mercado doméstico a los agricultores estadounidenses (BDO Canadá, 2018). De igual modo, el nuevo acuerdo ofrece a las compañías de la industria farmacéutica que producen medicamentos biológicos, diez años de protección de la competencia genérica, lo que podría aumentar el precio de estos medicamentos (La Nación, 2018). Además, incluye la extensión de los derechos de autor de 50 a 70 años luego del fallecimiento del mismo, alineando a Canadá con las leyes norteamericanas y europeas (Hirsh, 2018). Esto podría impactar negativamente en la cultura, evitando o demorando las obras al dominio público, lo que pudiera incrementar el costo de la educación.

La guerra comercial EE.UU.-China también se reflejó en el tratado a través de una disposición sobre acuerdos de comercio con economías de “no mercado”9. Esta obliga a cada miembro a notificar a sus socios de cualquier preacuerdo con una economía que estos entiendan no sea considerada de mercado. Si lo que se pretende firmar fuera rechazado por uno de los miembros, el firmante se retiraría del T-MEC.

Sin embargo, el T-MEC mantuvo los capítulos 1910 y 2011 sobre solución de controversias, aspectos que el equipo negociador canadiense consideraba clave y que fue visto como una victoria para el mismo. Así, Canadá logró mantenerse como parte del acuerdo, a pesar de haber tenido que realizar concesiones para no perder las ventajas que el acuerdo implica en cuanto a las relaciones económicas con EE.UU.

Si se analizan las relaciones económicas entre ambos países, se puede observar además que existen numerosas empresas transnacionales estadounidenses vinculadas a Canadá. Las decisiones de esas compañías afectan la economía y la sociedad canadienses. Tal es el caso de la General Motors (GM) cuyos trabajadores se lanzaron a una huelga general en octubre de 2019, luego de que la empresa anunció el cierre de cinco plantas en EE.UU. y Canadá como parte de una reestructuración que incluye el despido de 14 000 empleados. Como resultado de la misma, 3 200 trabajadores en Canadá recibieron licencia obligatoria (BBC, 2019).

Otro aspecto importante en la relación económica bilateral ha sido que Ottawa es el principal proveedor de energía a los EE.UU., lo que incluye petróleo, gasolina y energía eléctrica. Hacia allí dirige el 99% de su producción de crudo (El Mundo, 2018). En este sentido, las exportaciones de crudo detentan gran importancia para la economía canadiense. Para reducir la dependencia de su vecino del Sur, el gobierno se ha enfrascado en la construcción de un oleoducto a través de las Montañas Rocosas y de reservas indias12 (El Mundo, 2018). Con él, se podrá extraer el petróleo de Alberta y trasladarlo a Vancouver para ser enviado a China.

Por tanto, las relaciones económicas entre Canadá y los EE.UU. han sido, y siguen siendo muy provechosas, pero han creado una situación de dependencia, en la que el país más norteño tiene la gran desventaja. Ottawa está muy limitado para establecer una política exterior autónoma, pues continúa atada económicamente a Washington, y por tanto se alinea a esta como socio menor.

Factores políticos.

Al asumir el poder J. Trudeau, se establecieron las prioridades de su mandato en el Discurso desde el Trono, ofrecido por el Gobernador General13 al iniciar la nueva legislatura. En este, se declaró la necesidad de reforzar su relación con los aliados, “especialmente con nuestro amigo y socio cercano, EE.UU.” (Martínez, 2019). Por consiguiente, Trudeau estableció una relación cercana con el presidente estadounidense Barack Obama (2008-2016). Compartían un compromiso con el internacionalismo liberal y el cambio climático. Esta empatía fue visible durante la visita de Trudeau a la Casa Blanca en marzo de 2016, así como en la visita de Obama a Ottawa en la “Cumbre de los Tres Amigos”14 (Garunay, 2016).

El PM mantuvo la coherencia con sus compromisos electorales, que se reflejaron en la participación positiva en la Conferencia de París sobre el cambio climático. Asimismo, el Ministro de Relaciones Exteriores, Stephane Dion (2015-17), levantó la prohibición del apoyo a proyectos de salud reproductiva. Canadá mostró intenciones de volver a ser un actor importante del sistema multilateral internacional. Se había propuesto participar activamente en la reforma de la ONU y postularse nuevamente al Consejo de Seguridad15.

Durante 2016 Justin Trudeau realizó visitas oficiales a Cuba, Argentina y Perú, donde quedó patente la buena relación que buscaba establecer con los dirigentes de esos países. Además, se canceló el uso de la visa para mexicanos, lo que mejoró considerablemente el estado de las relaciones entre ambos países (Ayala, 2016). En ese escenario, se percibía la disposición del gobierno canadiense para relanzar y tender nuevos puentes para la cooperación con América Latina y el Caribe.

Estas políticas tenían coherencia con las adoptadas por Obama, y con los tratos hacia Cuba. Bajo su mandato se reestablecieron las relaciones diplomáticas entre ambos países y fue el primer presidente estadounidense en realizar una visita oficial a la Isla, en marzo de 2016, luego de 88 años.

Sin embargo, esta realidad cambió con la elección de Trump en 2016. Su campaña proteccionista y populista, recogida en su “América primero”, forzó a Trudeau a reajustar su gobierno y priorizar las relaciones con EE.UU. Esto explica por qué en enero de 2017, la hasta entonces ministra de Comercio Internacional, Chrystia Freeland, se convirtiera en ministra de Asuntos Exteriores (2017-2019), conservando la responsabilidad sobre el comercio norteamericano. Freeland, el ministro de Defensa, Harjit Sajjan (2015-2021), y el de Finanzas, Bill Morneau, viajaron a Washington para conocer sus homólogos de la nueva administración. Trudeau siguió esta iniciativa con una visita de trabajo a EE.UU., en febrero de 2017.

Desde entonces ha habido un tránsito constante hacia el país del Sur por parte de los ministros de Trudeau, dirigentes provinciales y legisladores de todos los niveles. El mensaje que se transmitió fue el de Ottawa como aliado fiable y socio comercial leal. Se resaltó la importancia del comercio y la inversión canadienses en la creación de empleos en EE.UU. y la significación de la energía que proporcionan para la alimentación de la economía estadounidense y que permitiría el renacimiento energético norteamericano prometido por Trump.

Por su parte, el presidente norteamericano rompió con la tradición estadounidense de que Canadá había sido el primer país visitado por el presidente entrante. Contra todos los pronósticos, Trump realizó su primera visita oficial a Arabia Saudita en mayo de 2017, dándole prioridad en política exterior a Oriente Medio por sobre América. Trump no visitó Canadá hasta junio de 2018, para asistir a la 44ta Cumbre del G7, siendo esta la única que realizara al país en su presidencia.

Durante la visita del PM a EE.UU. en 2017, Trump acogió una reunión de mujeres emprendedoras de ambos países, sin ser prioridad del magnate estadounidense (EE.UU., 2017). La decisión fue motivada por la política exterior feminista de Trudeau, que continuó a pesar del mandato de la administración Trump de retirar los fondos a las agencias de la ONU que apoyan el aborto. Así, en el Día Internacional de la Mujer, Trudeau anunció una inversión de 650 millones de dólares para financiar proyectos de la ONU para educación sexual, salud reproductiva, planificación familiar y anticonceptivos (Harris, 2017). Además, en junio de ese año, publicó la Política de Asistencia Internacional Feminista, donde los derechos de las mujeres pasaban al núcleo de la política exterior canadiense (Canadá, 2020).

Precisamente en junio de 2017, la ministra Freeland pronunció un discurso sobre política exterior16 que estableció las prioridades de Canadá en esta materia y en el que la relación con su principal socio comercial fue eje central. Se refirió a EE.UU. como una “nación indispensable”, por su contribución a la paz y la prosperidad y por ello agradeció a los “amigos americanos” en nombre de su país (Canada, Global Affairs, 2017).

El 2018 fue un año complejo para Canadá en política exterior, fundamentalmente con su vecino del Sur. El T-MEC fue firmado luego de presiones y concesiones. Canadá detuvo a la ejecutiva de Huawei, Meng Wanzhou, en Vancouver, a pedido de su aliado, que buscaba su extradición por supuesto fraude bancario y por violar sanciones estadounidenses impuestas contra Irán (Valencia, 2018). China, en consecuencia, tomó represalias contra Canadá17, mientras EE.UU. no se pronunció en apoyo a su vecino.

Con el nuevo gobierno estadounidense, y el radical cambio de política exterior que sobrevino, Ottawa se alineó aún más a su vecino, que ofreció “asistencia” en asuntos internacionales. Tal fue el caso de la visita realizada por el Secretario de Estado de EE.UU., Mike Pompeo (2018- ), a Ottawa antes de la cumbre del G7 de 2019 en Francia. La visita pretendía evitar otro altercado entre los dirigentes de ambos países como sucedió en la cumbre realizada en Canadá en 2018 (Xinhua, 2019). Asimismo, el presidente estadounidense acusó al primer ministro canadiense Justin Trudeau de tener "dos caras", tras ser descubierto por las cámaras de televisión aparentemente riéndose del presidente estadounidense junto a otros líderes durante una recepción al margen de la cumbre de la OTAN. Estos altercados fueron muestra de la relación poco amistosa entre los mandatarios, que también complejizaba la relación entre ambos países (RFI, 2019).

Por otra parte, para algunos analistas, la postura canadiense hacia recientes situaciones socio-políticas en Latinoamérica deja mucho que desear. En opinión de Sebastián Vielmas18, detrás de la hostilidad marcada que asumió Canadá contra los gobiernos de Venezuela o Bolivia estuvo la presión de Washington, quien influía en muchos asuntos en la política exterior canadiense y ALC no es la excepción. Animadversión contra todo lo que huela a izquierda en su traspatio es lo que siempre manifestó EE.UU.; Canadá no ha hecho más que responder al sentir de su principal benefactor económico (Prensa Latina, 2019).

Sin embargo, es necesario resaltar la coincidencia de intereses entre las clases dominantes de ambos países. Las empresas canadienses, principalmente de la industria extractiva, influyeron en el gobierno para que se opusiera a los intentos de nacionalización o de aumentos de pago de tributos por dichas empresas a los gobiernos latinoamericanos.

Las medidas tomadas por Ottawa ante el denominado “Síndrome de La Habana” constituyó un notorio caso de sujeción canadiense a Washington19.

El gobierno canadiense declaró a La Habana como “posición no acompañada” en abril de 2018, por lo que todos los diplomáticos que tenían familias debieron regresar a Canadá, provocándose así una considerable reducción del personal. Este, se redujo aún más en enero de 2019 y en mayo, tomó medidas más drásticas y, como Washington, suspendió los trámites para solicitar visas en La Habana, al trasladarlos a México. No obstante, ante las presiones recibidas por la población de ambos países, algunos de estos trámites fueron restablecidos en agosto de 2019, año en que un nuevo embajador canadiense llegó a Cuba.

Un hecho significativo asociado a este proceso es que un grupo de diplomáticos canadienses y sus familiares que habían estado en La Habana, en total 14 personas cuya identidad no ha sido revelada, demandaron en febrero de 2018 al gobierno de su país pidiendo una indemnización por 28 millones CAD, aduciendo que su evacuación a Canadá se había retrasado innecesariamente y les habían privado de cuidados médicos apropiados. El gobierno negó tener responsabilidad en daños causados a los demandantes, quienes consideró que habían exagerado sus síntomas y la demanda misma.

Un equipo interdisciplinario de científicos cubanos liderados por el director del Centro de Neurociencias (CNEURO), Dr. Mitchell Valdés Sosa, así como la Cancillería cubana, han negado la posibilidad de los ataques (Cuba. MINREX, 2019). Igualmente, estudios posteriores por parte de 7 agencias de inteligencia estadounidenses, concluyeron que no había basamento en las acusaciones realizadas contra Cuba (Mayre, 2023). Se desarrollaron investigaciones independientes y se colaboró con las realizadas por el FBI y la Real Policía Montada de Canadá durante visitas a Cuba. Para ello, Ottawa estableció una colaboración con La Habana, a diferencia del gobierno estadounidense.

Los resultados de un estudio encargado por Ottawa a científicos de la Universidad Dalhousie, dados a conocer en julio de 2019, confirmaban que los diplomáticos canadienses analizados sufrían algún tipo de afectación neurológica que atribuyeron a la exposición de dosis excesivas de insecticidas utilizados para combatir las arbovirosis. Supuestamente, el gobierno canadiense llevó a cabo fumigaciones 4 o 5 veces superiores a las normadas (Brain Repair Centre, 2019).

El análisis de este caso mostró una política exterior canadiense hacia Cuba en este período casi subordinada a la estadounidense, aunque vacilante, con oscilaciones probablemente debidas a presiones contrapuestas: las externas estadounidenses y las domésticas emanadas de la comunidad empresarial con importantes intereses en Cuba y la sociedad civil canadiense en general.

Durante el periodo de análisis, Canadá asumió posturas hostiles hacia países de la región que mantenían políticas progresistas y de beneficio social. La política exterior de Canadá hacia ALC, ha estado guiada por sus compromisos políticos con EE.UU. y un punto de inflexión decisivo fue la creación a mediados del 2017 del Grupo de Lima (Prensa Latina, 2019). Los objetivos manifiestos del Grupo de Lima fueron sustituir en Venezuela al gobierno legítimo por otro, empleando mecanismos reñidos con la democracia, como son la autoproclamación, el golpe militar o la intervención extranjera.

Además, Ottawa ha impuesto sanciones unilaterales tanto económicas como políticas a Caracas. El 22 de septiembre de 2017, el Gobierno canadiense anunció la imposición de medidas contra el presidente Nicolás Maduro (2013- ) y 39 altos cargos por “fracturar el orden constitucional e irrespetar los derechos democráticos”. Entre estas, la congelación de activos y la prohibición a ciudadanos canadienses de mantener relaciones económicas con los sancionados (El País, 2017).

El 25 de diciembre del mismo año, Freeland anunció la decisión de no volver a recibir al Embajador de Venezuela en Ottawa y expulsar al Encargado de Negocios, en “respuesta” a la expulsión del Encargado de Negocios canadiense en Caracas, al ser declarado persona non grata por Venezuela al inmiscuirse en los asuntos internos del país (TeleSur, 2017).

De igual forma, el Gobierno de Canadá anunció en mayo de 2018 que limitaría sus relaciones diplomáticas con Venezuela y que reduciría sus compromisos con este país. Informó que la Embajada en Venezuela sería liderada por un Encargado de Negocios, además de que mantendría vigente la prohibición de apoyar las candidaturas de Venezuela en organizaciones internacionales y multilaterales, e impondría una prohibición oficial a la cooperación bilateral militar, entre otras medidas (Canadá, Embajada en Venezuela, 2018).

Tras las elecciones presidenciales en Venezuela en mayo de 2018, Canadá calificó los comicios de “ilegítimos y antidemocráticos” e impuso nuevas sanciones contra personas cercanas a Maduro (Canadá, 2018).

Canadá fue parte del grupo de Estados que pidieron abrir un procedimiento ante la Corte Penal Internacional (CPI) contra de Venezuela, en septiembre de 2018, “para enjuiciar la crisis y el gobierno que la generó” (Albertoni, 2019).

El Grupo de Lima además de cuestionar la legitimidad de los resultados electorales de 2018, intentó organizar un golpe para sustituir al presidente Nicolás Maduro por Juan Guaidó, diputado de la Asamblea Nacional previamente desconocido, pero el elegido de EE.UU. para ser mandatario venezolano. Sin embargo, el fracaso del golpe y del Grupo evidenció que sus objetivos no eran un eco real del sentir mayoritario de los venezolanos.

Canadá es uno de los más de 50 países que, encabezados por Estados Unidos, reconocen como “presidente encargado” de Venezuela a Juan Guaidó, líder opositor que se autoproclamó mandatario en enero de 2019. Varios sindicatos canadienses condenaron expresamente el apoyo dado por el gobierno de Canadá a EE.UU. para respaldar el intento de golpe de Estado en Venezuela (August, 2019).

En junio de 2019 Ottawa cerró temporalmente su Embajada en Caracas. Esta decisión política refleja la hostilidad de ese gobierno hacia Venezuela. Las acciones antidiplomáticas de Ottawa se expresaron a través de medidas como la no renovación de credenciales o emisión de visas diplomáticas para funcionarios venezolanos, así como en su apoyo al bloqueo financiero de EE.UU. contra Caracas. Una causa de la hostilidad de Canadá hacia Venezuela ha sido las afectaciones sufridas por mineras canadienses en territorio venezolano.

Nicaragua ha sido otro país contra el cual Canadá ha tenido una posición beligerante. Desde agosto de 2018, lidera un Grupo de Trabajo de la OEA para Nicaragua integrado por 12 países miembros de la organización. En junio de 2019, Canadá sancionó a nueve altos funcionarios del Gobierno de Daniel Ortega por supuestas violaciones a los DD.HH. EE.UU. impuso sanciones similares a los 9 funcionarios el mismo día que su vecino del norte. Los cancilleres de ambas naciones, habían anunciado previamente la coordinación para realizar acciones comunes (Bow, 2019).

Las acciones de Ottawa contra Venezuela y Nicaragua han tenido puntos de coincidencia. Igualmente, el gobierno canadiense asumió una postura contraria a los DD.HH. que alega defender al reconocer tempranamente al gobierno boliviano de Jeanine Áñez. El Ministerio de Asuntos Exteriores de Canadá anunció que apoyaría y trabajaría de conjunto con la autoproclamada presidenta de Bolivia (Prensa Latina, 2019), una mujer con una historia de hostilidad hacia los pueblos indígenas bolivianos, y un gobierno de facto que ha provocado ya decenas de muertos y miles de heridos. Además, los represores (integrantes del ejército y las fuerzas de seguridad) están amparados en un decreto que promete la impunidad para los que disparen contra los manifestantes pacíficos.

Durante el periodo estudiado América Latina y el Caribe se presenta como un panorama político y social cambiante y complejo. Sobresalen las movilizaciones en Chile, reprimidas por el gobierno y las fuerzas de seguridad y el golpe de Estado en Bolivia, que devolvió al escenario una realidad que ya parecía desterrada del continente, con fuerzas policiales y militares dando un ultimátum al gobierno constitucional, para abandonar el poder. Sin embargo, Canadá (que no ha firmado ni ratificado la Convención Interamericana de DD.HH.) ha hecho caso omiso a estas realidades. El silencio ante las violaciones de DD.HH. cometidos, habla sobre la avidez con que Canadá impone su voluntad rompiendo con principios democráticos. No condenar estas acciones ha sido también una forma de apoyarlas.

Las posturas que ha asumido Canadá demuestran que carece de política propia hacia América Latina y el Caribe. En ese aspecto no ha mostrado cambios en su política exterior y le deja el terreno abierto a Washington en su actual cruzada de apoyo a golpes institucionales en las Américas.

Factores militares

En materia de defensa, la actitud de Canadá también varió con la toma de posesión de Donald Trump. Inicialmente, durante el mandato de Barack Obama, y justo al día siguiente de asumir su cargo como PM, Trudeau le comunicó su intención de retirar las fuerzas canadienses del combate contra el Estado Islámico y dejarlas solo para proveer entrenamiento20 (ABC, 2015). El jefe del gobierno hizo efectiva su promesa, y una gran parte de las tropas fueron retiradas. No obstante, la misión canadiense en la zona no se canceló, y el número de asesores militares en el país (dedicados principalmente, a la formación de las tropas kurdas al Norte de Irak, en la frontera con Turquía) se triplicó. Tampoco fue reducida la ayuda financiera. Canadá destinó más de 610 millones de dólares en ayuda humanitaria a la región (DW, 2016). Vemos entonces cómo, a pesar de aumentar el número de asesores y ayuda humanitaria, Canadá retiró parte de las tropas con presencia en Oriente Medio.

Sin embargo, en agosto de 2017, ya con Donald Trump como presidente de EE.UU., Canadá informó la extensión del despliegue militar hasta finales de marzo de 2019. Asimismo, informó la presencia de aproximadamente 850 soldados en Irak, incluyendo 200 miembros de las Fuerzas de Operaciones Especiales (Brizuela, 2017). Las tropas canadienses sumaron, además, un avión Hércules C-130J a la misión (NM, 2017). Vemos por tanto como, en el año del inicio del gobierno de Trump, Ottawa reforzó su presencia militar en Medio Oriente, lo que se oponía a su inicial posición sobre el tema.

Desde su toma de posesión, el gobierno de Trudeau intentó fortalecer el ejército canadiense para hacerlo más independiente de apoyos externos. Las líneas de política exterior canadiense, recogidas en el Discurso desde el Trono, identificaron como prioridad la revisión de las capacidades existentes de defensa y la construcción de un ejército más ágil y mejor equipado.

En junio de 2017, la ministra Freeland aseguró que confiar únicamente en el paraguas de EE.UU. haría de Canadá un “estado cliente”. Afirmó que, en materia militar, debido a la geografía canadiense, siempre han contado con el interés de autoprotección de EE.UU. que les ha proporcionado una sombrilla en la cual han encontrado refugio indirectamente (Martínez, 2019).

La ministra identificó los múltiples frentes de la relación bilateral: “desde la seguridad fronteriza, a la defensa de Norteamérica a través del NORAD, la lucha contra Daesh, los esfuerzos en la OTAN, el fomento y la mejora de la relación comercial” (Robertson, 2017). A diferencia de anteriores gobiernos liberales, Freeland fue muy clara sobre la prioridad en la defensa. Afirmó que la OTAN y su artículo 521 están en el corazón de la política de seguridad nacional de Canadá. “El uso de la fuerza, con principios, junto con nuestros aliados y gobernados por el Derecho Internacional, es parte de nuestra historia y debe ser parte de nuestro futuro”. En este sentido, Canadá se encontraba al frente de una misión de la OTAN en Irak, hasta noviembre de 2020. En junio de 2019, el ministro de Defensa Harjit Sajjan informó que la general brigadier Jennie Carignan tomaría el mando de unas 580 tropas de la organización, de las cuales 250 eran canadienses (AFP, 2019).

Al día siguiente del discurso ofrecido por Freeland, Sajjan anunció la nueva política a seguir por su ministerio, que incluía: aumentar el gasto en defensa del 1 al 1,4 % del PIB para 2024; adquirir aviones de combate avanzados, construir navíos de combate superiores a los existentes; aumentar las fuerzas regulares entre 3 500 y 71 500 soldados, y las reservas entre 1 500 y 30 000, además de reducir el tiempo de reclutamiento y aumentar la presencia de mujeres en las fuerzas armadas hasta alcanzar el 25 % en 2026 (Canada. Minister of National Defense, 2017).

Canadá también apoyó diversas acciones militares impulsadas por EE.UU. En todo el mundo hay tropas canadienses desplegadas en defensa de la “seguridad colectiva” y en apoyo a “operaciones de paz”. La mayoría de los despliegues se realizan en el marco de la OTAN o de la ONU. Canadá comanda una brigada de la Alianza en Letonia; sus aviones, barcos y submarinos patrullan el Océano Atlántico y el Mar Mediterráneo. Además, las fuerzas canadienses respaldan la aplicación de las sanciones de Naciones Unidas contra Corea del Norte y continúan participando en el equipo de operaciones de paz de la ONU en la zona desmilitarizada de Corea.

El gasto en defensa de Canadá se hallaba por debajo del compromiso del 2% del PIB marcado por la OTAN. En la Política de Defensa de Canadá no se hizo referencia a si el país se uniría a la defensa de misiles antibalísticos, como recomendó por unanimidad el Comité de Defensa Nacional del Senado en 2014 (Canada. Standing Senate Committee on National Security and Defence, 2014). Tampoco se precisó en qué momento el gobierno debería cumplir con su compromiso de agosto de 2016 de enviar 600 soldados a operaciones de paz (Zilio, 2016).

En marzo de 2018, Ottawa anunció su decisión de desplegar en Mali, durante un año, una fuerza de apoyo aéreo, con dos helicópteros Chinook para las evacuaciones médicas y transporte, así como cuatro helicópteros armados Griffon y 250 militares. En junio, arribaron al país africano un grupo de Cascos Azules canadienses como parte de la misión de estabilización de la ONU, Minusma, que el ministerio de Defensa informó se extendería a junio de 2019 (Cattani, 2018).

Asimismo, Canadá tiene presencia militar en ALC. Un ejemplo relevante de cómo esta está supeditada a los intereses estadounidenses es la Operación CARIBE, que es la contribución de Canadá a la operación de lucha contra el contrabando dirigida por Estados Unidos en el Mar Caribe y el Océano Pacífico oriental.

Canadá ha desplegado buques marítimos, aeronaves y personal en la región como parte de la Operación CARIBE desde 2006 (Canadá, 2023). Las actividades de las Fuerzas Armadas canadienses a través de la Operación CARIBE son una importante demostración del “compromiso” del Gobierno de Canadá con una mayor seguridad en su país y América del Norte.

CONCLUSIONES

Como se ha podido apreciar, la cercanía de intereses entre las clases dominantes canadienses y estadounidenses ha provocado una imbricación económica, política y militar entre los dos Estados, en una relación asimétrica, donde Canadá, ve condicionado sus intereses de política exterior a los intereses económicos nacionales, estrechamente vinculados a los estadounidenses. Sin embargo, Canadá, como socio menor, ha logrado insertarse en la región de ALC bajo el esquema de dependencia creado por Estados Unidos.

Durante este periodo, se evidenció que el devenir económico de Canadá está en gran medida atado a EE.UU. por el intercambio comercial sostenido, las características de la IED de ambos países, las relaciones comerciales en el marco del T-MEC, la interrelación entre empresas canadienses y estadounidenses y la importancia para Canadá de la venta de energía a EE.UU.

Asimismo, la influencia de Estados Unidos sobre la política exterior canadiense ha sido uno de los factores condicionantes de la política exterior de Canadá hacia América Latina y el Caribe durante el periodo 2015-2019.

La estrecha vinculación militar entre Canadá y EE.UU. también fue evidenciada en el estudio realizado, así como las fluctuaciones en las políticas militares ante los cambios de administración en EE.UU., lo que evidencia la dependencia de la política exterior canadiense de los EE.UU. En materia militar, Canadá siempre ha contado con el interés de autoprotección estadounidense, que le proporciona refugio de manera indirecta.

La prioridad que ofrece Canadá a las relaciones políticas con Estados Unidos se evidencian desde el discurso y en los intercambios de visitas a alto nivel sostenidos. Igualmente, el estudio del período se evidenció un cambio de política de Canadá hacia la región durante los gobiernos de Barack Obama y Donald Trump, respectivamente. Durante el primero fue posible un acercamiento al área, mientras que con el segundo fue necesario reajustar sus políticas y priorizar las relaciones con EE.UU., lo que se tradujo en un mayor distanciamiento y una política más agresiva hacia algunos países de ALC.

El periodo estudiado permitió comprobar cómo las proyecciones canadienses hacia ALC son miradas con la perspectiva de no realizar ninguna operación que afecte sus relaciones con Estados Unidos y cómo se transforma ante los cambios de política de Estados Unidos hacia la región.

notas

1 En 2018 el PIB de Canadá fue de $1.8 millón de millones y el de EE.UU. $20.5 millón de millones.

2 La apertura comercial refleja el grado en el que el comercio de una nación influye en su economía y su PIB.

3 Comparación con respecto al año anterior: 2015 (-23%); 2016 (-18%) y 2017 (-35%)

4 Solo por detrás del Reino Unido y por delante de economías mayores como Japón, Alemania o Francia.

5 Canadá y México dependen mucho más del comercio intrarregional que los Estados Unidos.

6 También conocido como TLCAN 2.0 o NAFTA 2.0

7 Renegociar el acuerdo tomó 14 meses, más tiempo de lo previsto, gracias en parte a las reiteradas amenazas del presidente de Estados Unidos de abandonar las conversaciones o simplemente de romper el TLCAN.

8 Se trata de un sector muy regulado y protegido, con aranceles de entre 275% y 300%

9 Existe una ausencia de una definición adoptada comúnmente entre los tres países, sobre lo que constituye una economía de no mercado. Esta disposición, también pudiera afectar las relaciones con Cuba.

10 Referente a la solución de disputas en materia de deberes antidumping y subsidio.

11 Relativo a la solución de disputas entre gobiernos.

12 La construcción del oleoducto ha provocado reclamos por parte de los pueblos originarios de Canadá y de grupos ambientalistas opuestos a su construcción.

13 Actúa como jefe de Estado y es el representante del rey británico (actualmente Isabel II), que es también la reina y jefa de Estado del Canadá. Un ciudadano que tiene un historial distinguido de servicio público a la nación es nominado al puesto por el PM de Canadá y el nombramiento formal es hecho por el monarca

14 Celebrada por los miembros del TLCAN en 2016 en Canadá. Al concluir, Obama habló ante el Parlamento.

15 Bajo Harper, Canadá perdió su tradicional turno para ser miembro de esa importante instancia. Aunque al cierre del 2019 Justin Trudeau también se veía alejado de ese objetivo.

16 En este discurso pronunciado en 2017, la Ministra ni siquiera mencionó a América Latina y el Caribe, dándole toda la prioridad a las relaciones con EE.UU.

17 Arrestó a tres canadienses inmediatamente después de la detención de Meng y bloqueó las importaciones de algunos productos canadienses, como la canola, la carne de cerdo y de res.

18 Coordinador de programa de los Grupos de Trabajo Regionales para el Consejo Canadiense de la Cooperación Internacional (CCCI)

19 En 2017, EE.UU. alegó que varios de sus diplomáticos se encontraban enfermos y habían sido víctimas de un “ataque” producido por medios desconocidos. En consecuencia, dos diplomáticos cubanos fueron expulsados de EE.UU., quien redujo el personal de su embajada en La Habana al mínimo, eliminando los trámites para solicitar visados y obligando a los cubanos a viajar a otros países para ello. Un estudio de la Universidad de Pennsylvania, publicado en la revista Journal of the American Medical Association en marzo de 2018, reafirmó la hipótesis de que los diplomáticos habían sufrido daños cerebrales causados por algún tipo de arma de microondas (JAMA, 2018). Las conclusiones del estudio fueron rechazadas por científicos de la comunidad internacional.

20 Trudeau heredó un compromiso que había hecho Harper de mantener tropas canadienses en Iraq hasta abril de 2015. En febrero de 2016 el país retiró los seis cazabombarderos CF-18 que tenía en territorio iraquí, dos aviones de vigilancia Aurora, una aeronave de reabastecimiento en vuelo y otros dos de transporte y 600 soldados que respaldaban las acciones en Irak contra Estado Islámico (EI). Las tropas se habían mantenido activas incluso en enero de 2016 al repeler dos ataques del EI.

21 El artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte, firmado el 4 de abril de 1949, establece que un ataque contra un Estado miembro de la OTAN es considerado un ataque contra todos.

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CONFLICTO DE INTERESES

Las autoras declaran que no existen conflictos de intereses relacionado con el artículo.