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Europa “Extrema” en tiempos de COVID-19

Autores
MSc. Ángel Rodríguez Soler
Máster en Historia Contemporánea y Relaciones Internacionales. Licenciado en Historia. Investigador y Profesor del Centro de Investigaciones de Política Internacional (CIPI), e-mail: angelrsoler@gmail.com. ORCID iD: 0000-0002-8704-4625

Recibido: 29 de abril de 2020
Aprobado: 25 de mayo de 2020

 

RESUMEN

La historia es el mapa del mundo, sin el conocimiento de ella no hay forma de afrontar el futuro. La humanidad tiene un reto que es renovarse, ser un testimonio de vida. La historia ha estado plagada de combates, todas las grandes transformaciones que ha sufrido el planeta han derivado de las guerras y el enemigo más duradero del hombre ha sido, junto a las guerras, las enfermedades. De manera que enfrentar a la COVID-19 no puede entenderse si no es a través de la solidaridad y cooperación renovada entre los pueblos, que es lo contrario a la guerra y la fragmentación. Esta crisis es un referente importante que puede abrir el camino hacia una redefinición del orden mundial que establezca criterios de justicia, igualdad y transformación social y ecológica para el mundo; lo que está en peligro de desaparecer es la especie humana y no los sistemas políticos. Sin embargo, unido a los debates sobre posible culpable y la politización de la pandemia, se observa un avance de la extrema derecha en varios países europeos, sin importar la búsqueda de soluciones ante la coronacrisis.

Palabras claves: Unión Europea, extrema derecha, coronavirus.

ABSTRACT

History is the map of the world, without knowledge of it there is no way to face the future. Humanity has a challenge that is to renew itself, to be a testimony of life. History has been riddled with fighting, all the great transformations that the planet has undergone have derived from wars, and man’s longest lasting enemy has been alongside wars, disease. Thus, facing the COVID-19 cannot be understood if it is not through renewed solidarity and cooperation between peoples, which is the opposite of war and fragmentation. This crisis is an important reference point that can open the way towards a redefinition of the world order that establishes criteria of justice, equality and social and ecological transformation for the world; What is in danger of disappearing is the human species and not the political systems. However, together with the debates about the possible culprit and the politicization of the pandemic, there is an advance of the extreme right in several European countries, regardless of the search for solutions to the coronacrisis.

Keywords : European Union, extreme right, coronavirus.

 

INTRODUCCIÓN

En los últimos veinte años el escenario internacional ha estado caracterizado por lo que algunos especialistas consideran “un mundo en transición”,1 donde continúan configurándose los poderes mundiales como expresión de las transformaciones y contradicciones del capitalismo global, y de los cambios en la correlación internacional de fuerzas entre los diferentes actores del sistema, estatales y no estatales. En este contexto hemos asistido al avance de los partidos políticos que representan la extrema derecha.

Dos acontecimientos trascendentales marcan este escenario: los atentados terroristas a las Torres Gemelas, el 11 de septiembre del 2001, y la crisis sistémica del capitalismo, entre 2008 y 2012, aproximadamente. El primero abrió paso a la cruzada occidental contra el terrorismo e identificó al Medio Oriente como el punto de conflicto, y el segundo hecho generó un sistema de crisis que empalmó con lo primero a partir de las Primaveras árabes y, en general, el clima de inestabilidad que ha vivido la región medioriental, y con ello la llegada de miles de emigrantes a la Unión Europea. Esta situación, desde el punto de vista interno, agudizó el clima de descontento social, que ya caracterizaba al bloque comunitario, fuertemente afectado por la reciente crisis económica y financiera.

Además, recientemente tuvo lugar el Brexit (salida del Reino Unido de la Unión Europea) que despertó el sentimiento nacionalista, así como acontecimientos extrarregionales que sin duda han tenido fuerte impacto internacional. Ejemplo de ello, las elecciones de 2016 en Estados Unidos, hecho que algunos especialistas han identificado despectivamente como el fenómeno Trump, que revive la idea “supremacista” y, de esta forma, la noción de “segregar” o “diferenciar” a distintos grupos sociales, volvió a tener un aire de legitimidad en el discurso político y el ascenso de un partido de nueva extrema derecha a los parlamentos y gobiernos de países europeos.

Ante el avance del coronavirus se ha evidenciado la incapacidad por parte de la Unión Europea de coordinar medidas cuya responsabilidad recae, ante todo, en los Estados miembros (política sanitaria o control de fronteras). Asimismo se reprodujeron tendencias actuales tales como “mi país primero”, traducidas en la limitación de exportaciones de material sanitario entre Estados miembros o el cierre de fronteras nacionales, a lo que se sumó una falta de coordinación en el plano europeo de las medidas tomadas por los Estados (Morillas, 2020).

En medio de la crisis del coronavirus se celebra el 70 aniversario de la Unión Europea. Con estas palabras el entonces ministro francés de Asuntos Exteriores, Robert Schumann, pronunciaba la declaración en la que proponía la creación de una Comunidad Europea del Carbón y del Acero, marcando así el inicio de la Unión Europea: “Europa no se hará de una vez ni en una obra de conjunto: se hará gracias a realizaciones concretas, que creen en primer lugar una solidaridad de hecho” (Unión Europea, 2020).

En este sentido observamos que se asiste al desarrollo de una familia de partidos políticos de ese corte, que se caracterizan por combinar tres elementos ideológicos: autoritarismo, nativismo y populismo.

Fig. 1

Entre los planteamientos de nueva derecha encontramos conceptos como el de la Europa de las naciones, el derecho a la diferencia, la importancia del Estado como rector de la economía, la cristiandad de los pueblos europeos y la imposibilidad de que las sociedades multiculturales convivan en el escenario de la Unión Europea; estas ideas aparecen de una u otra forma plasmadas en el ideario político de la extrema derecha.

Estos partidos, que han sido incluidos como “nueva extrema derecha” o “derecha radical populista”, se pueden considerar una familia de partidos que, pese a los puntos de contacto y similitudes, se diferencian de la extrema derecha tradicional o neofascista.

Desde la perspectiva politológica, los partidos de extrema derecha deben ser vistos como partidos que compiten en la arena política para captar el máximo de electorado posible. En ello influyen factores de la demanda, los relacionados con el desarrollo socioeconómico, como el impacto de la inmigración, y los factores de oferta, que se relacionan con lo que finalmente el votante recibe, en el sentido que para que un partido de extrema derecha tenga éxito no es suficiente que tenga una situación favorable, sino que depende también de la estructura del país, de su historia, de los otros partidos políticos.

Por tanto, la experiencia europea ha demostrado que la irrupción de nuevos partidos de extrema derecha tiene un fuerte impacto social y político. En primer lugar, porque estos partidos son capaces de atraer a una amplia y heterogénea base electoral. Así de ser actores marginados, a través del voto, muchos de estos partidos se han situado en el centro del escenario político. Además del apoyo electoral recibido, estos partidos han tenido un gran impacto y una influencia en el debate y la agenda política de sus respectivos países y del conjunto de Europa, a pesar de su imagen de “radicalidad”.

De manera que puede considerarse que el auge de la extrema derecha ocurre como consecuencia de una demanda nacionalista de ciertos sectores de la sociedad que los partidos tradicionales parecen no poder satisfacer, y no solo como una muestra de descontento que es lo que, en gran medida, argumenta la tesis del “voto de protesta”.

Sin dudas, la actual crisis desatada por la pandemia de la COVID-19 y teniendo en cuenta las vulnerabilidades presentadas por la Unión Europea para manejar la situación ha sido un terreno propicio para el auge de estas fuerzas políticas.

DESARROLLO

La crisis del coronavirus ha servido a la extrema derecha europea para relanzar su discurso contra el espacio de libre circulación Schengen2 utilizando la propagación de la pandemia para culpabilizar a los emigrantes y profundizar el estigma contra la otredad. Asimismo la emergencia sanitaria ha desencadenado lo que algunos especialistas consideran “histeria social”, generando una oportunidad para estas fuerzas políticas de erosionar el discurso de los gobiernos tradicionales, promover la desconfianza en las instituciones y relanzar su agenda política de fronteras.

Cuarentena, una población ansiosa, con miedos y una economía que entra en recesión: el escenario que se presenta a priori, para cualquier político de extrema derecha constituye un caldo de cultivo propicio para que la ciudadanía se sienta atraída por los mensajes más autoritarios, xenófobos, racistas y sexistas, a favor de la defensa de los Estados Nacionales contra los mecanismos de integración regional, en este caso la Unión Europea.

Ante tal situación, la respuesta inmediata de la extrema derecha en Italia, Francia o Alemania ha sido reclamar la introducción de controles más estrictos en las fronteras. Matteo Salvini, líder de la Liga Norte, en un mensaje solicitó la dimisión del gobierno de centroizquierda del primer ministro Giuseppe Conte y el cierre de fronteras. Además, señaló que la irrupción del virus es culpa de “la migración proveniente de África”; sin embargo, en ese momento solo se había detectado tres casos: Egipto, Argelia y Nigeria (Rodríguez Soler, 2020).

Con el tiempo la eurofobia podría ser un punto de partida a su favor, en parte se debe a que un porciento significativo de los italianos dejan de confiar en la Unión Europea. Se trata de un escenario político donde la Liga Norte ha perdido 7 puntos desde noviembre del 2019, y Salvini ha bajado sus índices de aprobación al 33 %, de su más cercano contrincante Nicola Zingaretti, jefe socialdemócrata y gobernador de la región del Lacio, dada su manera de gestionar la crisis sanitaria, lograr situarse en un 32 % de intención de votos, y el primer ministro, Giuseppe Conte, el político más popular de Italia, con el 57 %.

Por su parte, su hombre fuerte en el norte y presidente de Lombardía, Attilio Fontana, se puso en “autocuarentena”, a pesar de no estar contagiado. En este contexto, el político italiano, al estilo de un nacionalista, apeló a sus seguidores a comprar productos marca país. Asimismo, es importante destacar que la ayuda de la brigada Henry Reeve3 de médicos cubanos, así como el envío de ayuda médica por parte de Rusia, fue agradecida por Fontana.

Sin embargo, la prensa italiana, en específico La Stampa, argumentó que el 80 % de los equipos donados por Rusia estaban defectuosos, politizando la ayuda. Pero el verdadero ausente y sin contar con una respuesta clara ante tal situación fue la Unión Europea, países como Alemania y Francia negaron el envío de mascarillas, equipamiento médico y tests a Italia, que han llegado desde China.

Países como Alemania, Holanda, entre otros, cuestionan las razones por las cuales los países mediterráneos han demostrado estar tan poco preparados frente a la pandemia de la COVID-19. Son precisamente las políticas de austeridad impuestas por el Banco Central Europeo, aceptadas en su momento por los gobiernos conservadores del sur, consistentes en privatizaciones y recortes a los presupuestos sociales, que dejaron casi en crisis a los sistemas sanitarios, por ejemplo, en Italia se eliminaron desde el 2009 hasta el 2017 más de 46 000 empleos en el sector de la salud, de modo que ahora el país europeo, junto al Reino Unido, más castigado por la pandemia, dispone actualmente de 5,8 sanitarios por cada 1 000 habitantes frente a los 12,9 de Alemania (Rábago, 2020).

En este sentido, es importante apuntar que esta crisis ha manifestado y potenciado el fenómeno de la fragmentación al interior de la Unión Europea en diversos aspectos. Uno de ellos es precisamente la posición respecto a China. En el contexto europeo las redes sociales fueron espacios de apoyo social, denuncia y lucha a nivel de las subjetividades. España e Italia, los países más azotados por el virus, fueron escenario de este activismo desde las redes, denunciando desde el confinamiento, haciéndose eco de la quema de banderas de la Unión Europea como protesta frente a la incapacidad de los gobiernos nacionales y de las instituciones comunitarias para hacer frente a la situación, a la vez que aceptaban y agradecían la ayuda del gigante asiático, así como de Rusia y Cuba, sin importar su signo político (Fabelo, 2020).

En Francia, Marine Le Pen, líder de la Agrupación Nacional ha utilizado el pánico generado por el coronavirus para cargar contra sus dos principales enemigos: los inmigrantes y la Unión Europea, por su parte, exigió medidas de protección más severas en las fronteras para proteger a los ciudadanos, con una estrategia de quebrantar la unidad nacional, con constantes críticas de cómo el gobierno ha afrontado la emergencia sanitaria.

Fig. 2

La pandemia ha generado un incremento del euroescepticismo en varios países, por su parte, la Agrupación Nacional promueve su programa y discurso anti Unión Europea en torno a la suspensión del Tratado de Schengen, el restablecimiento de las fronteras nacionales, la transferencia de las competencias de la Unión Europea a los Estados miembros y la celebración de un referéndum para decidir la permanencia de Francia en la Unión.

En uno de sus mensajes de Marine Le Pen apuntó que: “en algunos lugares no han respetado el confinamiento”, haciendo referencia a la periferia de las grandes ciudades, donde viven sobre todo migrantes, y en otro señaló la postura del gobierno que “se repartieran mascarillas en los centros de refugiados y no en las residencias de ancianos” (Rodríguez, 2020).

Aunque su propaganda no ha valido para afectar al presidente Emmanuel Macron, a pesar de la crisis sanitaria, los ciudadanos confían en la gestión del gobierno con valores del 39 %, lo que se debe, en parte, por las medidas tomadas que fueron el cierre de fronteras, el uso de la mascarilla de carácter obligatoria y la cuarentena obligatoria de todos los infectados en lugares alejados de sus residencias. La que más rechazo tuvo fue el uso de datos de los móviles para controlar los desplazamientos de los ciudadanos; en este sentido, el Ejecutivo ha decidido proponer a la Asamblea una App que no será objeto de un debate propio sobre la utilización del Stop Covid, que no geolocalizará a los usuarios sino que a través del Bluetooth avisará a quienes han estado cerca de un portador; mientras la popularidad de Le Pen ha caído tres puntos, hasta el 23 % (Bloch, 2020).

En Austria, el gobierno de Sebastian Kurz fortaleció los controles fronterizos con Italia. Con la llegada del virus al país, el partido de la Libertad de Austria (FPÖ) exigió poner en cuarentena a todos los inmigrantes indocumentados y solicitantes de asilo.

Por su parte, en Grecia, el gobierno de Nueva Democracia, liderado por Kyriakos Mitsotakis, que actualmente cuenta con 158 escaños en el Consejo de los Helenos, realiza campaña de corte nacionalista y ha utilizado los casos de coronavirus detectados para militarizar aún más las fronteras y para relanzar su plan de construir campos de detención para los emigrantes, captando así a los partidarios del partido Amanecer Dorado.

En Hungría, el primer ministro Viktor Orbán,4 ve el estado de emergencia como una oportunidad para reforzar su poder, en lugar de una medida temporal y proporcionada. El Parlamento húngaro aprobó el 30 de marzo una ley que permite a Orbán legislar por decreto durante un periodo indefinido de tiempo, suspender el Parlamento mientras dure el estado de emergencia sin límite temporal, posponer elecciones durante este periodo y endurecer las sentencias contra quien desinforme (léase contradiga) la versión oficial sobre la gestión de la crisis. Es decir, gobernar por decreto para afianzar su poder y erosionar la democracia, mientras saca crédito de la crisis; algo que Orbán ya hizo en 2015 con la crisis de refugiados y que lo llevó a declarar un estado de emergencia todavía vigente y que prorroga ahora indefinidamente (Morillas, 2020). La “ley del coronavirus” de Hungría viola los principios democráticos, no solo se observa el auge de los posfascismos o neofascismo sino también un auge del autoritarismo, se abre un nuevo foco de disensión dentro de la Unión Europea en medio de la cuarentena.

A pesar de que la Unión Europea ha abierto varios expedientes al ejecutivo de Orbán por criticar las instituciones comunitarias y la postura que mantiene con respecto a los refugiados, las primeras ayudas de la Unión Europea por el coronavirus llegaron a Polonia con 7 435 millones de euros, Hungría con un monto de 5 600 millones de euros, más que España que asciende a 4 100 millones, e Italia con 2 300 millones, países más afectados, a raíz de la aprobación de la Iniciativa de Inversiones de Respuesta al Coronavirus, que se realizó por los criterios de distribución por población, capacidad económica y no del impacto de la crisis sanitaria.

En Polonia las elecciones presidenciales, previstas para este año, se prevé que se realicen a través del voto tradicional o del correo postal, propuesta realizada por el Partido Ley y Justicia (PiS), bajo el argumento de proteger a la ciudadanía ante la amenaza de la COVID-19. Diversos sectores políticos cuestionan la legitimidad y trasparencia de la propuesta, elección que debía realizarse el 10 de mayo quedó aplazada, pero esta suspensión no se produce por la situación provocada por el COVID-19, sino ante la falta de condiciones sobre el sistema de voto y la igualdad en la campaña entre los diferentes candidatos.

El coronavirus también entró en campaña electoral, donde la oposición le exige al gobierno del Partido Ley y Justicia que revele la verdad sobre los casos de coronavirus que existen en el país. Las críticas se centraron en la ausencia de un debate democrático y de campaña electoral, los candidatos de oposición no han podido relacionarse con su electorado mientras el presidente Andrzej Duda ha estado presente en la vía pública durante la crisis. Mientras aprovecha el contexto para fortalecer la ley del aborto, comparar la homosexualidad a la pedofilia e impedir que en los centros escolares se impartan temas relacionados con la educación sexual y criticar a la Unión Europea por su deficiente manejo de la pandemia.

Un caso que merece especial atención es el de Alemania. Desde la llamada “crisis de los refugiados” de 2015, Alternativa para Alemania (AfD), partido que logró en las elecciones federales de septiembre de 2017 ingresar al Bundestag, primera vez que ocurre, desde la Segunda Guerra Mundial, que un partido de extrema derecha entra de nuevo al juego político. Convirtiéndose en la principal fuerza de oposición al Gobierno de Gran Coalición de Angela Merkel, su impacto en la política alemana es preocupante, se han convertido en la segunda fuerza política en los Estados de Sajonia, Brandeburgo y en Turingia. Ante todo, es el resultado de las fallas en la representatividad de los partidos tradicionales.

Con la llegada del coronavirus desaparece del debate público. Se estima que, en comparación con los datos de hace un año, el impacto de los mensajes de la Alternativa para Alemania en redes sociales, canal de comunicación de los ultraderechistas, se redujo a la mitad desde mediados de marzo a principios de abril.

También se refleja en los sondeos, una encuesta realizada por el periódico conservador Bild, el cual daba el 8 de marzo, antes de que comenzaran las medidas de aislamiento, el 14 % de apoyo para la Alternativa para Alemania y un 24 % para la Unión Demócrata Cristiana de Merkel. Un mes más tarde, otra encuesta para el mismo diario coloca a la Alternativa para Alemania con un 10,5 % de apoyo y a la Unión Demócrata Cristiana con un 37,5 % (Pérez de la Cruz, 2020).

Este panorama se debe a que Alternativa para Alemania ha perdido espacio en el ámbito digital, que anteriormente replicaba sus mensajes hasta convertirlos en temas que los políticos no podían eludir. En este espacio los mensajes estaban centrados más en difundir teorías de la conspiración que en proponer los fundamentos de la Alternativa para Alemania, que no acaban de encontrar una agenda común, por ejemplo, primero criticaron a Merkel por no reaccionar a tiempo, para luego asegurar que las medidas de aislamiento social eran demasiado estrictas y renuevan la propuesta de celebrar un referendo sobre la permanencia de Alemania en la Unión Europea.

Dierk Borstel, analista sobre la extrema derecha y politólogo de la Universidad de Ciencias Aplicadas de Dortmund, señaló en una entrevista concedida al portal el Público (Pérez de la Cruz, 2020), que en tiempo de crisis la ciudadanía confía más en el gobierno, del que esperan liderazgo mientras que los partidos de la oposición no tienen espacio para hacer sus demandas, incluso llegando a la censura.

En estos momentos la Alternativa para Alemania se encuentra en una crisis interna. Una parte del partido se siente insegura debido a la decisión de la Oficina para la Protección de la Constitución de fijarse en las posturas asumidas por el grupo más radical conocido como Der Flügel (el Ala) de Alternativa para Alemania, encabezado por Björn Höcke, líder del grupo parlamentario del partido en Turingia, uno de los Estados donde los ultraderechistas tienen mayor apoyo.

Además de su posible división, la Alternativa para Alemania no tiene ningún programa eficaz para esta crisis. Hasta ahora ninguno de sus “enemigos” construidos en sus relatos, como el gobierno, los refugiados o la propuesta de Unión Europea de los coronabonos, pueden ser considerados responsables del virus. Esta manera de construir enemigos ha sido la base de la política de la Alternativa para Alemania.

Y, por último, se encuentra el papel de Alemania dentro de una cada vez más tensa y fragmentada Unión Europea, donde los principales logros están en crisis: la zona euro, el espacio Schengen y el Brexit, que puso fin a la ampliación continuada del proyecto de construcción europea. El coronavirus ha llevado a re-establecer fronteras internas, limitar la movilidad de personas, peligrar el mercado único y demostrar la insuficiente capacidad de movilización de recursos comunes para hacer frente a las crisis sanitaria y económica (Barbé y Morillas, 2019).

Precisamente fue la crisis del euro y el debate sobre los rescates a Grecia el momento de creación de Alternativa para Alemania en 2013. La entonces recién fundada fuerza se quedó fuera del Bundestag por solo unas décimas al no lograr el 5 % para obtener representación. El desencanto y la indignación de los que se veían más afectados pueden traducirse en una pérdida progresiva de confianza de la Gran Coalición a favor de un partido como Alternativa para Alemania, que intenta seguir presentándose como alternativa al sistema.

Aunque el problema es que muchos países miembros siguen atados con las cadenas de la deuda, por políticas antisociales de la Unión Europea neoliberal y las políticas de austeridad son el verdadero motor político del auge de la extrema derecha, donde Macron y Le Pen son dos caras de la misma moneda que se necesitan, justamente no podríamos entender el auge de la extrema derecha y el crecimiento de la xenofobia sin las políticas neoliberales que generan desigualdad social.

Además, la llamada austeridad no solo provoca recortes al presupuesto público, lo que piensa parte de la ciudadanía es que se ha construido un proyecto como máquina de destruir derechos sociales para las clases populares, sobre todo que la Unión Europea construye un sentimiento de escasez, que no hay para todos, ante ese sentimiento se construye un imaginario que Jürgen Habermas llamaba el “chovinismo del bienestar” (Dudda, 2018), excluyendo a sectores sociales del reparto, incluyendo a los inmigrantes.

En gran medida, la crisis del proyecto neoliberal de la Unión Europea está acompañada por la crisis de la socialdemocracia. Por otro lado, cuando la extrema derecha gobierna en coalición de socialistas y los populares comparten sus medidas de la xenofobia de matriz económica, que está profundamente vinculada con la austeridad. También existe una xenofobia de matriz política que tiene que ver con la construcción de las políticas de la Europa fortaleza, vinculada a Schengen, con la estigmatización de la población migrante, muy vinculada con los muros visibles, sino también con los muros invisibles en los que se han construido las leyes migratorias relacionadas con seguridad, migración y terrorismo y que han convertido el Mediterráneo en una fosa común, han perseguido organizaciones no gubernamentales de búsqueda y rescate de migrantes, criminalizado alcaldes como el de Riace, en la región sur italiana de Calabria, Domenico Lucano,5 quien estuvo en prisión por el delito de apoyar la inmigración ilegal.

Expertos en los temas sobre el avance de la extrema derecha en Europa (Applebaum, 2020) consideran que la crisis del coronavirus representa el fin de la revolución Thatcher-Reagan, por tanto se prevé el incremento de la protesta social contra las políticas neoliberales, pérdida de confianza en el mercado, incertidumbre en el progresismo social propuesto desde la tercera vía y un regreso a la vieja extrema derecha: nostálgica, nacionalista, autoritaria, el caso más evidente es el partido VOX en España.

CONCLUSIONES

Se evidencia la crisis de legitimidad y gobernanza que presenta la Unión Europea frente al ascenso de la extrema derecha. Los partidos de extrena derecha ejercen una oposición contestataria a las políticas de la Unión Europea. Sin embargo, tampoco este grupo ha podido proponer una alternativa a la de una Unión Europea neoliberal.

La crisis de legitimidad se manifiesta en la forma de hacer frente a la crisis sanitaria de manera efectiva y conjunta, mientras potencias como China han demostrado tener capacidad de cooperación renovada con los países europeos.

Como puede apreciarse, los matices en el contexto de la emergencia sanitaria son variados y diversos evidenciando la fragmentación política no solo al interior de los países sino también a lo interno de los partidos políticos nacionales, incluso de una misma fuerza. Ante las diversas crisis que ha enfrentado en los últimos tiempos la construcción del proyecto integracionista de la Unión Europea, se ha demostrado la caducidad histórica del proyecto inicial y la lenta desestructuración y vaciamiento de contenidos de todas las diversas formas y expresiones de las instituciones de la Unión Europea, las cuales están en jaque mate frente a la crisis sanitaria provocada por el COVID-19.

Sin duda, la extrema derecha europea y el sensacionalismo mediático se retroalimentan para colar en el mainstream ideas sobre el coronavirus que dibujan un estado de amenaza constante, la explotación del miedo a lo diferente y la obsesión por los culpables externos. No obstante, la crisis a la que asistimos golpea a todos por igual, nadie puede saber con exactitud qué consecuencias sociales, culturales y económicas traerá, pero es probable que aumente la desintegración de la sociedad y la desigualdad. No debe olvidarse que en el pasado, estas crisis, por lo general, impulsaron fuerzas autoritarias, a menudo de extrema derecha.

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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Barbé, B. and Morillas, P. (2019). The EU global strategy: the dynamics of a more politicized and politically integrated foreign policy. Cambridge Review of International Affairs, 32(6), 753-770, DOI: 10.1080/09557571.2019.1588227

Bloch, M. (2020). La popularité moyenne de Macron est au plus haut depuis juin 2018. Disponible en: https://www.lejdd.fr/Politique/sondages-la-popularite-moyenne-de-macron-est-au-plus-haut-depuis-juin-2018-3958785

Dudda, R. (2018). Chovinismo de bienestar. El debate entre nacionalismo y globalismo es una falsa dicotomía. Disponible en: https://elpais.com/elpais/2018/09/21/opinion/1537554515_930077.html

Fabelo Concepción, S. (2020). Efecto Wuhan y geopolítica de la infodemia en el contexto de la COVID-19. Disponible en: https://politica-china.org/areas/sociedad/efecto-wuhan-y-geopolitica-de-la-infodemia-en-el-contexto-de-la-COVID-19

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Pérez de la Cruz, J. (2020). Alemania La extrema derecha alemana, en cuarentena. Disponible en: https://www.publico.es/internacional/alemania-extrema-derecha-alemana-cuarentena.html

Rábago, J. (2020). La falta de solidaridad no augura nada bueno para la UE. Disponible en: https://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2020/05/11/falta-solidaridad-augura-bueno-ue/1164886.html

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1 La polémica sobre la transición al capitalismo compilada por Rodney Hilton y en la que participaron algunas importantes figuras, como Maurice Dobb, Paul Sweezy y Eric Hobsbawm (Hilton, 1982).

2 Acuerdo firmado en Schengen (Luxemburgo) en 1985 entre Francia, República Federal Alemana, Bélgica, los Países Bajos y Luxemburgo, en este convenio suprime los controles fronterizos entre los países signatarios, permite la libre circulación por vía terrestre, aérea y marítima, complementado con el Convenio de Aplicación del Acuerdo de Schengen en 1990, que entra en vigor en 1995. De manera paulatina los demás miembros de la Unión se han incorporado, con el Tratado de Ámsterdam, firmado en 1997 y puesto en práctica en 1999, el Acuerdo de Schengen pasó a formar parte del marco jurídico-institucional de la Unión Europea.

3 En 2005 Cuba le ofreció a Estados Unidos médicos y enfermeras para ayudar en medio del huracán Katrina que azotó a Nueva Orleans, la administración norteamericana rechazó la propuesta. Se crea el Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastres y Graves Epidemias, recibieron el nombre de Henry Reeve, en su corta historia ha estado presente en efectos de 16 inundaciones, ocho huracanes, ocho terremotos y cuatro epidemias. La experiencia acumulada por el Contingente Henry Reeve fue reconocida en 2017 por la Organización Mundial de la Salud con el Premio de Salud Púbica en Memoria del Dr. Lee Jong-wook.

4 Fidesz (Unión Cívica Húngara): partido político de ideología conservadora, nacionalista, y populista de derecha, cada vez más como de extrema derecha, ha ganado tres elecciones desde el 2010, en medio de la crisis sanitaria del coronavirus, señala la politóloga Edit Zgut, que los ciudadanos toleran decisiones autoritarias por temor, los derechos democráticos no deben ser restringidos en tiempos de crisis.

5 Domenico Lucano propuso un modelo de integración de los inmigrantes y de recuperación económica para los territorios. Riace, una ciudad con pocos habitantes destinada a desaparecer en el tiempo, pasó a tener alrededor de 2 500 de los que un tercio son inmigrantes de 26 nacionales distintas, a partir del programa de acogida, las casas abandonadas fueron restauradas con fondos europeos para darle una vivienda digna a los inmigrantes, contaba con una guardería y un colegio donde se impartían varios idiomas, un modelo de integración que en el 2016 hizo que la revista Forbes incluyera a Lucano entre los 40 líderes mundiales más influyentes.