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África y el Medio Oriente: retos políticos internacionales en el siglo xxi

RESUMEN

A pesar de disponer de varias ventajas, el continente africano sufre de disfunciones políticas, económicas y de seguridad y se enfrenta a retos geopolíticos interiores y exteriores. Las codicias y los intereses estratégicos y económicos de países extranjeros en esa región complican, con su intervencionismo, la situación en esos países. El mundo árabe no forma un conjunto armónico. Los factores de diversidad son numerosos y se deben a la historia multisecular de la región, a los sistemas políticos y económicos y a las limitaciones geopolíticas. La situación política actual del mundo árabe en general es bastante inestable debido a la onda expansiva que ha cruzado varias fronteras de sus países. Por su parte, el islamismo o el islam político constituye otro desafío a la estabilidad política del mundo árabe.

Palabras claves : continente africano, mundo árabe, retos geopolíticos, islam político, inestabilidad, América Latina.

ABSTRACT

Despite having several advantages, the African continent suffers from political, economic and security dysfunctions and faces both internal and external geopolitical challenges. The greed and strategic and economic interests of foreign countries in that region complicate the situation in those countries with their interventionism. The Arab world does not form a harmonious whole. The factors of diversity are numerous and are due to both the region’s centuries-old history, political and economic systems and geopolitical constraints. The current political situation in the Arab world in general is quite unstable because of the shock wave that has crossed several borders of their countries. For its part, Islam or political Islam is another challenge to the political stability of the Arab world.

Keywords: African continent, Arab World, Geopolitical challenges, Political Islam, Instability, Latin America.

INTRODUCCIÓN

El objetivo de este artículo consiste en hacer una lectura de los desafíos políticos a los que se enfrentan África y el Medio Oriente en el siglo xxi. Precisamos desde ahora que con Medio Oriente pretendemos enfocarnos mucho más en los países árabes que en los otros Estados vecinos. Se trata de una perspectiva afro-árabe de las relaciones internacionales y de los retos geoestratégicos que enfrentan los países del Sur en general. Concluiremos con las perspectivas de la cooperación Sur-Sur entre América Latina y el Mundo árabe.

Para empezar, cabe recordar algunos datos políticos y económicos clave relativos a África, en primer lugar, y al mundo árabe, en segundo lugar. África es un continente rico que dispone de muchos activos. Su superficie, donde viven hoy más de 1 200 millones de habitantes, supera más de 30 millones de km2. Es un continente que reúne miles de etnias y se caracteriza por su diversidad étnica, lingüística, religiosa, sus identidades culturales y nacionales múltiples. África dispone de riquezas naturales considerables: fauna, materias primas como el petróleo, gas y minerales... Recordemos que África posee la tercera reserva mundial de petróleo después del Medio Oriente y América Latina (Le Pautremat, 2015). Por su parte, el mundo árabe en su globalidad es una región muy rica. Son más de 400 millones de habitantes en un territorio que abarca 13 millones de km2 y que se extiende de la península arábiga a África del Norte (Magreb) y una parte del Medio Oriente. Es una zona muy diversa que se suele evocar en singular, mucho más por comodidad que por funcionalidad, ya que no da cuenta de su diversidad y de su complejidad. Es una región rica en hidrocarburos, poco desarrollada y cuyo interés geoestratégico hacen de los países árabes de Oriente Medio uno de los ejes centrales de las relaciones internacionales.

DESARROLLO

África frente a sus desafíos actuales

Factores políticos y de seguridad

Ahora, a pesar de disponer de varias ventajas, el continente africano sufre de disfunciones políticas, económicas y de seguridad y se enfrenta a retos geopolíticos interiores y exteriores. Hay que recordar que África sigue impregnada por el largo proceso de penetración y de colonización europea hasta mediados del siglo xx.

Los países africanos fueron repartidos entre las grandes potencias europeas, lo que dio origen y provocó de manera más o menos artificial la creación de nuevas fronteras, basadas en factores de explotación del suelo, sin respeto de realidades étnicas o culturales. Por lo tanto, se puede decir que las fronteras africanas son herencia de la colonización de los países occidentales. Toda la política de los sistemas coloniales fluctúa entre la explotación y la puesta en marcha, entre una política de asimilación y otra política de asociación. Esta política ha legado una forma de partenariado específico entre ambas partes, una relación neocolonial, a veces, mercantilista, otras. Las consecuencias de esa política a largo plazo han contribuido a un crecimiento económico nada inclusivo, puesto que, hasta finales de esta segunda década del siglo xxi, no ha habido redistribución de riquezas entre las diferentes clases sociales de las sociedades africanas.

La dominación colonial de Europa ha creado economías de renta. Los países africanos también han conocido muchas guerras desde la independencia, cuyas causas radican en la fragilidad de los edificios estatales, las disputas étnicas o religiosas, las codicias de beneficios de los recursos naturales. Sin embargo, hay que subrayar que las disfunciones político-económicas son consecuencias no solo de la colonización. Las propias políticas económicas de la gran mayoría de los países independientes son en gran parte responsables de los problemas políticos, económicos y sociales de África.

A nivel político los países africanos en general siguen sufriendo, mucho menos que antes, de la usurpación del poder por dictadores militares o civiles, presidentes vitalicios o por minorías étnicas. Las “tradiciones” políticas se traducen por una apropiación de las riquezas nacionales, y son finalmente grupos minoritarios que suelen aprovechar los intereses financieros y comerciales, con la complicidad de redes financieras y bancarias internacionales. Los resultados socio-económicos de estos sistemas políticos suelen ser desastrosos ya que conducen generalmente a un aumento de la precariedad y de la pobreza de la población, dan nacimiento a la inseguridad social y fragilizan la estabilidad en las sociedades respectivas.

La usurpación del poder político y económico por una minoría y la marginación de la gran mayoría de las poblaciones africanas de la participación en las políticas públicas dieron lugar a lo que se ha dado por llamar “la primavera árabe”. Recordemos, a este propósito, que unas de las consecuencias negativas más temibles de las primaveras árabes en el Norte de África son los flujos de armas y de combatientes por vía de las fronteras que amenazan la seguridad y la estabilidad regional en África y que se aprovechan de la ausencia de una fuerza supranacional, de un sistema de seguridad continental capacitado para controlar los peligros de inseguridad. En este sentido, la región del Cuerno de África, a pesar de ser una zona bastante desértica, tiene, en cambio, una gran importancia geoestratégica y geopolítica, y, por lo tanto, sigue siendo, hasta hace pocos años, el teatro de conflictos y de guerras regionales entre sus países. Es una región que constituye una amenaza para la seguridad de todos los países vecinos, dada la ausencia de un Estado fuerte en Somalia y la fragmentación de este Estado en varias provincias separadas unas de otras y en guerra unas contra otras hasta hoy en día.

Los problemas de seguridad que conocen ciertos países africanos y que dificultan la paz y la estabilidad necesarias para cualquier crecimiento y desarrollo no son las únicas trabas. También hay que subrayar la ausencia del concepto del Estado nacional y de la solidaridad que alimentan los conflictos entre facciones y clanes que quieren llegar al poder político y aprovecharlo para depredar las riquezas, este es el caso de la República Centroafricana, por ejemplo. Esos grandes problemas de seguridad fueron algunos de los motivos que han contribuido a la creación de países del Sahel y del Sahara como un bloque regional africano.

Por otro lado, las codicias y los intereses estratégicos y económicos de países extranjeros en esa región, tanto occidentales como de Oriente, complican, con su intervencionismo, la situación en estos países. Excepto las iniciativas solidarias de muy pocos países africanos, como es el caso de Marruecos, entre otros, que envían unidades militares en el marco de las Naciones Unidas y que participan en la estabilización de las regiones en crisis y la salvaguardia de bienes.

Los países del Sur tienen que contar con sí mismos y no con las potencias extranjeras. Porque contar con el papel que podrían desempeñar las fuerzas y las organizaciones financieras mundiales en la promoción de los esfuerzos africanos para una mayor integración y complementariedad continental es una utopía. Por la sencilla razón de que estas organizaciones no obrarían nunca en el interés del continente africano. Al contrario, contribuirán a reforzar más la dependencia política y económica. Y cuantos más conflictos haya, más actores e intervencionismo habrá y menos soluciones habrá.

Los desafíos de seguridad transfronterizos siempre han sido una preocupación para los estados del continente, pero sin que haya una coordinación estratégica, solidaria y eficaz, en el marco de la cooperación Sur-Sur, que pueda traer respuestas colectivas y adecuadas a las cuestiones de la paz y de la estabilidad. Así, el flagelo del terrorismo se ha vuelto, desde hace pocos años, un nuevo reto contra el cual hay que luchar, dada su naturaleza y desarrollo actuales que aprovechan la extensión de las fronteras y la incapacidad de los Estados para vigilarlas, la proliferación de armas, la multiplicación de núcleos de rebelión y las tendencias de separatismo. Se trata de redes terroristas arraigadas en sus enfoques dogmáticos, que se alimentan de almas perdidas (desempleadas, generalmente analfabetas o con poca educación, fanatizadas por la propaganda). Desde Boko Haram, entre Nigeria, Camerún e incluso Níger, pasando por movimientos yihadistas de Chebab, hasta grupos afiliados al Estado Islámico o Al Qaeda o Daesh. Son estas “verdaderas franquicias de yihadismo internacional”, en la vasta zona del Sahel y del Sahara que contribuyen a la inseguridad, lejos de cualquier lógica constructiva y reformista en beneficio de los africanos (Le Pautremat, 2015).

Por otro lado, la invasión del norte de Mali por grupos yihadistas afiliados a Al Qaeda en 2012 ha demostrado tajantemente que la lucha contra las amenazas del terrorismo no se puede llevar por un solo Estado, sino que requiere una colaboración intensa y conjunta entre los países. Desde la crisis de Mali se han levantado varias voces, entre las que se encuentra Marruecos, reivindicando la necesidad de establecer las bases de una sólida cooperación contra las amenazas terroristas, a través de una aproximación global e integrada que tome en consideración todas las amenazas políticas, económicas y sociales que enfrenta la región del Sahel y del Sáhara. Ahora, está claro que la falta de coordinación regional y continental es aprovechada por grupos extremistas que encuentran un medio favorable para desarrollar sus actividades desestabilizadoras. Algunos países de la región siguen sin deshacerse del complejo de Guerra Fría y continúan hostigando a los países vecinos en detrimento de la estabilidad y de la paz. En este marco de la cooperación en materia de seguridad, Marruecos representa un modelo de asociación con los países amigos de la región y pone su experiencia a disposición de los países africanos, especialmente en materia de seguridad, gracias a varios foros organizados para combatir el terrorismo en todas sus manifestaciones.

Las consecuencias económicas de las operaciones terroristas son muy palpables sobre los países afectados. Son operaciones que impactan directamente en la movilidad de las personas y de los bienes, en el clima de las inversiones y en el turismo, ya que la mayoría de las operaciones terroristas suelen dirigirse hacia los turistas extranjeros y las zonas turísticas. La situación inestable en Libia, por ejemplo, además de las crisis presentes en toda la región del Sahel y del Sáhara está impactando negativamente sobre la estabilidad regional, traspasa las fronteras nacionales y llega incluso a los países europeos.

La historia actual de varios conflictos recientes relativos a África y al mundo árabe han demostrado sus límites, nos han enseñado también que las estrategias de las soluciones dictadas por la fuerza militar y la represión ya no son suficientes y convenientes para el tratamiento de las organizaciones extremistas y terroristas. El desarrollo y la transformación repentina de las redes terroristas requieren actualmente la integración del Soft Power o “poder blando” que consiste en proyectos de desarrollo, soluciones políticas e ideológicas, fortalecimiento de la economía local y mejora de las condiciones de vida de los ciudadanos.

Por otra parte, uno de los retos esenciales radica en la integración regional en África. La sociedad civil y los empresarios africanos, por su parte, pueden dar un nuevo impulso al estado actual de las agrupaciones regionales, reforzar los intercambios interrafricanos y poder incorporarse al final a los mercados mundiales. África dispone un considerable potencial agrícola capaz de afrontar los desafíos socioeconómicos del futuro: crecimiento demográfico y cambio climático.

Medio Oriente, núcleo geoestratégico del mundo

El Medio Oriente es un área geopolítica central en las relaciones internacionales. Se trata de una zona que conlleva retos muy importantes para el mundo, que hace que todos los países que quieran pesar sobre el devenir del mundo sean presentes en esa región, de una forma o de otra y desplieguen estrategias de influencia (Géopolitique du Moyen-Orient).

El mundo árabe es una parte muy importante del Medio Oriente y se prolonga hasta todo el Norte de África. Ambos forman la gran región MENA, acrónimo para Middle East and North África literalmente “Medio Oriente y África del Norte”. Gracias a su rol como suministrador mundial en energía, está bajo la supervisión de las potencias (60 % de reservas de petróleo, 45 % de reservas de gas, 36 % de la producción mundial de petróleo). El petróleo es un factor geopolítico importante en el mundo árabe. Al lado de él, los países del Golfo constituyen oportunidades importantes como mercados lucrativos para las grandes potencias occidentales (venta de armas y productos industrializados). También es una zona simbólica para las tres religiones monoteístas porque allí están presentes lugares santos mundiales. Por todo ello parece evidente que la estabilidad mundial depende en parte de la “estabilidad” global de esta área.

africa

Fuente: Fundación Solidaria (2019). Las relaciones internacionales y la geopolítica de Oriente Medio. http://www.fundacioflama.cat/aconteixement/las-relaciones-internacionales-y-la-geopolitica-de-oriente-medio/

A nivel político, el mundo árabe no forma un conjunto armónico. A pesar de disponer de La Liga de los Estados Árabes, que fue creada antes que las Naciones Unidas, los factores de diversidad son numerosos y se deben tanto a la historia multisecular de la región, a los sistemas políticos y económicos y a las limitaciones geopolíticas. Los intercambios y los paternalismos entre los diferentes Estados son poco numerosos y suelen ser proyectos poco desarrollados que no benefician a la gran mayoría, mientras que las competencias y las rivalidades son, a veces, objeto de instrumentalización por parte de las grandes potencias. Por lo tanto, uno de los desafíos de los países árabes es la compatibilidad entre sus respectivos intereses nacionales muy competitivos que contrastan a veces con los intereses regionales. Por su parte, el conflicto duradero israelí-palestino ha generado guerras y continuará como un núcleo de tensión mundial mientras no cese la política de colonización sistemática y de anexión por el Estado de Israel, y mientras no se cree un Estado palestino viable.

La situación política actual del mundo árabe en general es bastante inestable debido a la onda expansiva que ha cruzado varias fronteras de sus países. A pesar de no haber podido concretizar las aspiraciones democráticas expresadas durante las manifestaciones masivas a partir de 2011, la población árabe ha tomado conciencia de su capacidad de cuestionar el orden establecido.

En este marco, no hay que subestimar, en efecto, las movilizaciones sociales. Porque nos hemos dado cuenta que, a pesar de las consecuencias, hay una sociedad civil que está ahora bien despierta, una sociedad civil que, en un momento dado, como en el caso de Libia, de Egipto, de Túnez, de Argelia, no ha tenido la posibilidad de hacerse escuchar, salvo a través de la ocupación del espacio público y es ese espacio público que se ha transformado en un medio político, un medio de contestación popular para transmitir la voz de la sociedad: es la calle que se ha transformado en un medio de control de la mala gobernanza. Por lo tanto, es muy legítimo escuchar estas movilizaciones sociales sin que degeneraran, claro, en guerras civiles como lo que hemos vivido en Libia o en derivas que podrían conducirnos a una inestabilidad general de la región. Por ello, uno de los desafíos políticos del mundo árabe en general es la cuestión de los avances políticos y la legitimidad de los sistemas políticos que parecen bloqueados en varios países de la región, desde Argelia, Libia, Egipto, Yemen hasta Siria. Por eso también la cuestión de la fundación de partidos políticos, de sindicatos y de asociaciones de la sociedad civil es pertinente para los años que vienen. En este sentido, los nuevos medios de comunicación y las redes sociales se han convertido en una plataforma para la protesta y la denuncia y contribuyen a eliminar las barreras de las sociedades dinámicas y movilizadas. En varios países árabes las redes sociales han conseguido cambiar gobiernos y regímenes autoritarios de la región.

La región árabe vive una situación sociopolítica contrastada y llena de incertidumbres. La agitación política que se desprende de los acontecimientos de la “primavera árabe” reduce el flujo de las inversiones directas extranjeras que son vitales para varios países. Los pocos países que gozan de una cierta estabilidad política son los que tienen sistemas monárquicos: Marruecos, Jordania y ciertos países del Golfo. Los otros países auguran un largo proceso revolucionario, mientras no mejore la situación económica y mientras estén privados de sus derechos políticos y de su dignidad. A la imagen de lo que está ocurriendo en varias zonas, donde el Estado es fallido, una parte del mundo árabe se ha vuelto un campo de batalla, una guerra delegada entre las grandes potencias, como es el caso de Siria, un país desbordado por los retos internacionales.

Por su parte, el islamismo o el islam político constituye otro desafío a la estabilidad política del mundo árabe en general. El re-nacimiento del islam político data del periodo de la colonización europea del mundo árabe, a partir del siglo xix cuando los “reformistas musulmanes” o salafistas con vistas a un modelo estatal alternativo a los sistemas ya establecidos, pregonaban la vuelta a los textos sagrados para hacer frente a la superioridad de Occidente mediante la renovación de la cultura islámica. Podemos afirmar que el islam político o el islamismo es un debate muy delicado que polariza nuestras sociedades aquí y allá. Es un debate que no permite tener un diálogo real y sincero para comprender que la única manera de vivir juntos es a través de la comprensión y la admisión de las otras ideologías. A veces este debate se usa para estigmatizar a los partidos políticos que recurren a lo religioso. Pensamos ahora que una represión fuerte a través de un poder fuerte no va a dar resultados positivos en Egipto, por ejemplo. El factor religioso es y seguirá muy probablemente básico en las sociedades árabes y en los sistemas políticos de sus países, aunque la realidad pluriconfesional se destaca en ciertos países como Egipto, Líbano, Irak y Siria. Ahora, a raíz de la participación de los partidos islamistas en la vida política y en la gestión de las políticas públicas, como prueban los ejemplos en Marruecos, Túnez, Libia y Egipto, ya no constituyen una estructura de atracción mayoritaria para los electores.

Los países árabes en general se caracterizan por sistemas políticos poco eficientes. Marruecos es uno de los países estables gracias a la monarquía que estructura la identidad nacional marroquí. Su estabilidad dependerá del avance de sus instituciones políticas, de la modernización de su modelo de economía y de una redistribución más equitativa.

Argelia es un país cuya institución militar juega un papel central, igual que en Egipto. Después de la dimisión forzada de su presidente en 2019, vive un periodo revolucionario de incertidumbre con perspectivas inquietantes respecto a su futuro. El reto al cual se enfrenta será evitar enfrentamientos entre la rigidez de su institución militar y el pueblo. Es un país rico en hidrocarburos, pero frágil económicamente por causa de la amenaza del agotamiento de sus recursos naturales y de los precios aleatorios de las materias primas. Túnez es una democracia joven y frágil que se enfrenta a las reivindicaciones socioeconómicas de su población. Actualmente su entorno geopolítico inestable entre Argelia y Libia no le es propicio. En Egipto las medidas represivas no pueden ser soluciones eficaces a largo plazo. La población egipcia es muy numerosa y muy sedienta de una vida mejor. Los retos políticos de las monarquías del Golfo radican, primero, en contener el liderazgo regional emergente de Irán y su intento de influir en los países árabes de Medio Oriente y la península arábiga. En este sentido, Arabia Saudí representa un aliado práctico de Estados Unidos. También está el islam político que amenaza su liderazgo religioso, así como el impacto de las revoluciones árabes que nacieron a partir de 2011 en el Magreb y una parte del Medio Oriente.

En su globalidad, el mundo árabe se enfrenta a retos y desafíos políticos que podemos resumir los puntos siguientes:

• La necesidad de reformar y desarrollar los sistemas políticos de manera que se permita la participación efectiva de los pueblos en el gobierno.

• Hacer frente al riesgo de fragmentación y división de algunos países de acuerdo con los intereses de las potencias mundiales.

• Resolver los conflictos interestatales (Marruecos-Argelia, Yemen-Arabia Saudí, Qatar-petromonarquías vecinas) mediante el diálogo y la negociación, porque pueden volverse como pretextos para intervenir en la región y, por lo tanto, desestabilizar la región.

• Los países con recursos energéticos están llamados a diversificar sus economías, tanto más cuanto que la sustitución del petróleo por las energías renovables son perspectivas de futuro.

• Sustentar los procesos de integración regional para favorecer los intercambios y la cooperación.

• No desestimar los movimientos y las formaciones islamistas que amenazan con erosionar los consensos políticos y los logros sociales.

CONCLUSIONES

América Latina y el mundo árabe comparten lazos, valores y varios puntos en común. El caso de Marruecos en el interior del mundo árabe se destaca por su singularidad. El patrimonio común, la memoria árabo-andaluza, judía, la dimensión africana de la sociedad marroquí y de las sociedades latinoamericanas, el idioma del español hablado por la población en el norte y en el sur (el Sáhara) de Marruecos, una cultura que forma parte de su identidad son, por lo tanto, referentes históricos y culturales que pueden facilitar e incentivar el diálogo y la cooperación entre las dos partes. Sus pueblos enfrentan desafíos múltiples y crecientes y pueden influir más en la mundialización, en el orden mundial, si consiguen desarrollar su cooperación en tanto como espacio afro-latinoamericano.

Desde Marruecos, la política estratégica hacia América Latina va más allá del marco político coyuntural. Marruecos ha conocido una transformación profunda desde hace 10 años. Sus relaciones internacionales se han diversificado a nivel de las orientaciones estratégicas de su política extranjera. Se trata de una creciente conciencia de la magnitud y del potencial de la cooperación Sur-Sur que se ha traducido por una multiplicación de encuentros y acuerdos con los países latinoamericanos, de una asociación estratégica que tiende a fortalecerse para más adelante.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Le Pautremat, P. (2015). L’Afrique: entre défis et succès potentiels, loin des fatalités. La revue géopolitique, 3 (10).

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Autores
Dr. C. Abdelmouneim Bounou
Doctor de Estado en Letras (Letras Ibéricas e Iberoamericanas). Profesor de Enseñanza Superior C en Marruecos. Catedrático de Letras Ibéricas e Iberoamericanas. Doctor de Estado (1993) y Doctor de Tercer Ciclo (1987) de Toulouse, France, Cuatrilingüe. Fundador del Centro de Investigaciones Ibéricas e Iberoamericanas (CIII). Director de la Revista Magriberia. Jefe del Departamento de Español. Coordinador del Máster “América Latina: globalización, interculturalidad y desafíos en el siglo XXI”, e-mail: abdelmouneim.bounou@gmail.com